Sin sopetones de última hora, pero con algunas tretas dignas de analizar, el cierre de alianzas de cara al 4 de julio ratificó a grandes rasgos los armados sonantes hasta entonces: Dos oficialismos, dos frentes de Todos, dos izquierdas y un frente macrista con radicales divididos. La fragmentación y la falta de liderazgo, los denominadores comunes. (Nicolas Bignante)

Por simplificación podría decirse que los siete frentes presentados en la justicia electoral el pasado jueves se corresponden, en rigor, con cuatro espacios políticos, de los cuales sólo uno (el saenzismo) encuentra en la fragmentación algún atisbo de fortalecimiento.

Tanto el radicalismo, como la izquierda y el Frente de Todos exponen en sus particiones la falta de liderazgos claros y las crisis partidarias internas; pero en los dos primeros casos, la cosa era más o menos esperable. Ya sea por tradición o por coyuntura, radicales y trotskistas anticipaban una contienda en fracciones. El Frente de Todos, por su parte, sorprendió por el fracaso que dejaron entrever tanto conductores, como armadores. Con un Leavy ungido popularmente como el padre de todas las derrotas, el kirchnerismo arrastra desde 2019 un vacío de comandos que, a pesar de los impulsos nacionales, no ha logrado resolver hasta hoy.

El Tribunal Electoral deberá develar ahora si la denominación que identifica al oficialismo nacional queda en manos de los cuatro partidos que aventajaron al oso (Kolina, Frente Grande, PTP y UP); o si, por el contrario, se lo apropiará el Partido de la Victoria junto a Felicidad, Izquierda Popular y el CET. Una tercera posibilidad sería dinamitar el nombre del frente y que ninguna alianza pueda hacer uso de él, lo que a estas alturas nadie sabe explicar a quién beneficiaría. En el «osismo» insisten en que el frente «no está roto», aunque la proclama como mínimo parece una cargada.

Gustavo + Bettina

Los primeros ardides en la compulsa gustavista prometen no hacerse esperar. En la coalición de centroderecha se consolida el pacto betti-saenzista, con la intendenta capitalina acaparando el centro de la escena. Algo de esto pudo verse en las fotografías del pasado jueves, como así también en las declaraciones recientes de la hija de Juan Romero: «Coincidimos (con Sáenz) en la mirada de la Salta que queremos».

Los análisis preliminares sugerían que el romerismo tendría como principal delegado en el frente a su hermano Juan Esteban y que el bettinismo seguiría la contienda detrás de escena, pero las encuestas marcaron otro rumbo. Un par de visitas aisladas a comedores, dos o tres pintadas fuera de término y, sobre todo, un apellido influyente no hacen al candidato, entendieron en el frente. Sea como sea, el proceso de instalación del hermano de Bettina implicará, tarde o temprano un enfrentamiento con su propia historia, aquella que lo ubica como compañero de imputaciones de su padre en causas como «La Ciénaga» o la del Hangar de Aviación Civil. Su lugar en la boleta, no obstante todo, está reservado para la categoría diputado.  

Con una misma claridad de objetivos, asoma Aroldo Jesús Tonini como aspirante a edil, quien parece haberle ganado la pulseada al polifacético Nicolás Kripper. El recién recuperado del Covid ya pasó por el edificio de Avenida del Líbano y renunció para dejar en su lugar a Federico Casas, un exiliado de la gestión Sáenz que abandonó el gabinete por hechos graves de corrupción. En una de sus más recientes derrapadas mediáticas, Aroldo «paloma» Tonini echó mano a un singular argumento para justificar las pintadas fuera de término de su compañero de frente Juan Esteban Romero. Consultado sobre si avalaba las mismas, el ex-secretario de Ambiente se excusó: «no las hemos pintado nosotros en ningún momento, ni forma parte de nuestra campaña pintar las paredes».  Al parecer, para el aspirante a edil, la candidatura del hermano de Bettina es el producto del clamor popular, o peor, una estrategia del enemigo para perjudicarlo. En sus propias palabras: «Hace muchos años que estoy en campaña política. Hay otros adversarios que hacen estos carteles. Algunos adversarios traviesos».

En la puja deliberante también hará fuerza el PRS, que después de sus rudimentarios intentos por explicar su continuidad en el frente, se conformará con renovar la banca de Susana Pontussi. En la categoría Senador resuenan los nombres de Guillermo Durand Cornejo y más atrás en el orden de mérito los representantes del jarsunismo. Aunque el consejero mediático haya negado mil veces ante las cámaras sus intenciones de renovar como senador, su partido (Conservador Popular) nunca se caracterizó por imponer sus anhelos.

PJ + Centroizquierda

Del otro lado del gustavismo, el ala «progre-peronista» parece tomar ventaja en su afán de consolidarse como la lista oficial. Los acuerdos parecen más próximos y no asoman grandes desavenencias. Además, el propósito saenzista de erosionar la base votante del Frente de Todos parece un objetivo realizable. De hecho, durante la presentación del frente en el Aero Club de Salta, los presentes no dejaron pasar el bizarro detalle de la gigantografía de Cristina junto al «oso» Leavy que asomaba a espadas de los representantes partidarios.

En cuanto a nombres, el secretario General de la Gobernación Matías Posadas se impone como candidato a la cámara alta ante el desinfle del ministro Juan José Esteban. Al parecer, más allá de las buenas mediciones, el análisis de daños arrojó un resultado obvio: un ministro de Salud como candidato en medio de una pandemia cuyas consecuencias al 4 de julio aún no se pueden prever, no amerita mucha discusión.

Hacia adentro del frente también cobra vigor la posibilidad de unificar las fuerzas en listas mixturadas, lo que implicaría llevar un candidato a senador, dos a diputado y cuatro a concejal. En dicho esquema, fuerzas como Memoria y Movilización y Libres del Sur se posicionan en categorías claves: David Leiva o Malvina Gareca conformarían una lista en busca de la diputación, al igual que Javier David lo haría por el Frente Salteño. De no mediar la aparición repentina del actual procurador Abel Cornejo, la casilla reservada al convencional constituyente portaría el nombre de Carlos Morello.

En el PJ de Pablo Outes apuestan fuerte a la candidatura a concejal de Miguel Isa, quien viene prometiendo una suerte de reanimación partidaria «de abajo hacia arriba» luego de los fracasos electorales recientes. Aunque la dispersión de candidatos en comparación con elecciones pasadas es significativamente menor, la perfomance justicialista tendrá aprobación si el turco se impone como el edil más votado y, eventualmente, gana la presidencia del cuerpo.

Que se rompa y no se doble

La derecha opositora que aglutina a Juntos por el Cambio, la UCR y al olmedismo tampoco tiene grandes incógnitas, aunque no llegan cómodos a la conformación de listas. Para empezar el nannismo y su ruptura en distritos claves no cayó nada bien entre aliados y correligionarios. El presidente del comité Capital Rubén «chato» Correa, además de ratificar su participación en la histórica lista 3, no dejó de disparar munición gruesa contra el armado al que arribó el resto de su partido. «A la derecha el abismo», sentenció vía Facebook. ¿Habrá esperado algo distinto el chato?

Una sorpresa podría darse en la categoría senador, donde pica en punta el actual diputado nacional del ala bullrichista Martín Grande. Esto sería así pese a sus claras intenciones de renovar en el congreso de la Nación. Hasta hace horas incluso se especuló con la posibilidad de una doble candidatura, lo que sería tremendamente difícil de explicar para el radialista, sobre todo teniendo en cuenta su efusiva crítica al papel jugado por Leavy hace dos años. Finalmente, como ocurre cada dos años por costumbre o tendencia, el nombre de algún nochero sobrevuela el armado de listas. «Kike» Teruel, como se anticipó hace meses, se apuntaría dentro del espacio, aunque aún resta definir si jugará en julio o en septiembre.  

Un poco más a la izquierda…

En la izquierda trotskista salteña, el destino viene marcado por la crisis que a nivel nacional atraviesa el Partido Obrero desde 2019. La fuerza que supo imponerse al PJ de Sáenz en 2013 y que ocupó espacios legislativos de importancia enfrenta una degradación institucional que al día de hoy no permite siquiera determinar a qué fracción le corresponde el uso del nombre. Mientras el FIT-U contará entre sus filas con los históricos Del Pla, López y Foffanni, junto al PTS de Daniela Planes y el MST de Andrea Villegas; la corriente altamirista del partido, encabezada por Violeta Gil y Gabriela Jorge suscribió el acuerdo nacional sellado con el nuevo MAS, que debutará electoralmente en la provincia. De un lado a otro vuelan acusaciones de reformismo, electoralismo, arribismo, camarillismo… Mientras el desafío de la izquierda en su conjunto es crecer al menos en relación a los resultados de 2019, el sector de Solano y Pitrola tiene en juego una banca en Salta que parece cada vez más difícil de revalidar.

Aunque la escasez de liderazgos y las fracturas hayan sido el denominador común en todas las alianzas, los desequilibrios en el seno de la oposición no conducirán a mucho más que a allanar el camino a los dos frentes oficialistas; que a su vez pelearán por demostrar, dentro de los límites de lo tolerable, cuál de los dos es el que encarna el saenzismo más puro.  

 

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