Emilia Orozco y el manual libertario de la contradicción

 

La cruzada moral de Emilia Orozco contra “la casta” empezó a parecerse demasiado a esos influencers fitness que venden disciplina mientras desayunan facturas a escondidas. Según las explosivas acusaciones de Gustavo Orozco, la hoy referente libertaria habría querido seguir cobrando un sueldo estatal sin cumplir funciones, una práctica que el propio espacio de La Libertad Avanza convirtió durante años en símbolo de todo lo que prometían erradicar. El problema de construir un discurso basado en la pureza absoluta es que cualquier contradicción se transforma automáticamente en meme político.

La escena tiene algo de tragicomedia salteña: dirigentes que llegaron hablando de “ciudadanos de bien”, motosierra y meritocracia ahora deben explicar denuncias sobre cargos, asesores y supuestos ñoquis financiados por el Estado. Justamente aquello que juraban combatir desde los sets de televisión y las redes sociales. Porque si las acusaciones de Gustavo Orozco son ciertas, la nueva política libertaria no vino a terminar con los privilegios: vino a cambiarles el packaging, agregarles hashtags y transmitirlos en streaming.

Lo más llamativo es que el espacio libertario parece vivir atrapado en una contradicción permanente. Mientras acusan a medio país de vivir del Estado, las internas empiezan a mostrar funcionarios, asesores y dirigentes orbitando cargos públicos con la misma naturalidad que cualquier aparato partidario tradicional. La diferencia es estética: antes la rosca se hacía en un comité; ahora se hace entre posteos de X, selfies con Milei y discursos sobre la superioridad moral del mercado. La casta, al final, no fue eliminada: simplemente aprendió a gritar “¡Viva la libertad, carajo!”.