La dirigencia provincial volvió a ofrecer un espectáculo digno de aplausos por su flexibilidad, acrobacia e inigualable sentido de la oportunidad. Antonio «El Gringo» Marocco y Sergio «El Oso» Leavy encendieron los focos al reaparecer sonrientes y muy acoplados al armado del gobernador bonaerense, Axel Kicillof.

La postal no tendría nada de raro si no fuera por la llamativa amnesia que atraviesa a sus protagonistas. Ayer nomás, Marocco vestía con orgullo la camiseta de la «autonomía salteña» y juraba lealtad incondicional al proyecto de Gustavo Sáenz. Por su parte, Leavy movía fichas en la región impulsando la figura del santiagueño Gerardo Zamora. Sin embargo, en un abrir y cerrar de ojos, ambos decidieron archivar sus viejos amores para salir corriendo a posar junto al nuevo faro del kirchnerismo porteño-bonaerense.

 Lo que hay aquí es pura gimnasia de supervivencia rumbo a 2027.

A Marocco, curtido caminante de todos los pasillos y despachos imaginables, ya vio pasar gobiernos de todos los colores, presenció el ascenso y la caída de innumerables caudillos, y sabe exactamente en qué momento hay que soltar un caballo para saltar al siguiente. Elasticidad ideológica.

La verdadera duda no es por qué lo hacen —a esta altura nadie espera fidelidad eterna en los armados partidarios—, sino con qué cara van a explicar mañana su próximo destino. Aunque, pensándolo bien, no necesitarán explicar nada. Cuando las velas de Kicillof pierdan viento o aparezca un nuevo candidato con mejor presupuesto y fotogenia, el incombustible Marocco y su comitiva ya habrán empacado el saquito.