La adolescente tenía 13 años cuando la vieron por última vez, el 25 de julio de 2004. Su mamá murió pidiendo justicia.

Por Luciana Soria Vildoza

La lista de menores que desaparecieron y son buscados en la Argentina superó el centenar según las últimas cifras que fueron difundidas por la ONG Missing Children y es sabido que el misterio que no se resuelve en las primeras semanas, con el tiempo pareciera solamente estar destinado a crecer. Tal es el caso de Fernanda Aguirre, una nena entrerriana que fue raptada el 25 de julio de 2004 a la que, hasta el día de hoy, no se ha podido encontrar, ni viva ni muerta. El caso de Fernanda fue el caso que cambió la historia de San Benito para siempre.

Aquel domingo, cuando se la llevaron, Fernanda tenía 13 años. Su pueblo, como buena parte del país, se había quedado en silencio para ver a la Selección Argentina jugar ante su clásico rival, Brasil, la final por la Copa América en Perú. Entre las 16 y las 17 ese día, ella, la menor de cuatro hermanas y la más mimada, salió sola a buscar un encargo que le había hecho una vecina. La distancia desde su casa hasta el puesto de flores que tenía su mamá frente al cementerio de la pequeña localidad no era mucha, pero en el camino desapareció.

“Fernanda fue una víctima al azar. Si la vecina de siempre en San Benito nunca le hubiese pedido que fuera a buscarle flores de la florería de su madre porque tenía que hacer un regalo, jamás hubiera sido secuestrada y desaparecida”, dijo a TN.com.ar el periodista de investigación Daniel Enz, considerado una suerte de biógrafo del caso a raíz de su involucramiento con el mismo y el libro que publicó con sus conclusiones. Esta afirmación, tal vez, sea la mayor certeza en los 17 años que la víctima lleva desaparecida. Simplemente pasó por el lugar equivocado a la hora equivocada.

Después, las principales hipótesis de la causa fueron dos. Una sostiene que la adolescente fue secuestrada para ser abusada sexualmente, la mataron y ocultaron su cuerpo para siempre. La otra vinculó su desaparición con una red de trata y no descarta la posibilidad de que aún esté viva.

La investigación pudo determinar que en horas de la siesta de ese 25 de julio, Miguel Ángel Lencina, junto a su sobrino de 14 años, secuestró a Fernanda y la obligó a cruzar hasta un predio abandonado, a media cuadra, donde la geografía está dominada por sembradíos de soja, grandes y añejos árboles y altos pastizales. Esa zona, tras la desaparición de la menor, se rastrilló por lo menos siete meses, sin ningún resultado.

Los Aguirre recibieron poco después una llamada en la que les pedían 2000 pesos de rescate para volver a ver a Fernanda con vida. La familia juntó ese dinero y lo llevó hasta el lugar pactado, pero la chica no apareció. Lencina cumplía condena por otro crimen y gozaba en ese momento de salidas laborales, volvió a ser detenido y pocos días después, el 6 de agosto de ese año, apareció ahorcado en la celda de la Comisaría Quinta de Paraná donde permanecía alojado.

La viuda del principal sospechoso, Mirtha Chávez, fue condenada en 2007 a 17 años de cárcel, acusada de haber sido quien se comunicó telefónicamente con la familia Aguirre para pedir el rescate. El 21 de abril de 2016 la mujer recuperó su libertad y fijó domicilio en la ciudad de Gualeguay, pero jamás dijo cuál fue el destino de Fernanda.

Lencina, el principal sospechoso

“Miguel Lencina hizo lo mismo que con sus dos víctimas anteriores, por lo que estaba cumpliendo pena de prisión. Lencina las atacaba sexualmente, las ahorcaba y luego se llevaba como objeto valioso sus zapatillas o el calzado que tenían. Así hizo con todas. Lo mismo ejecutó con Fernanda”, explicó el investigador Daniel Enz y precisó: “Por eso las zapatillas de Fernanda se las llevó a su mujer Mirtha Chávez y ella luego se las regaló a una amiga del pueblo de donde es oriunda, San Martín de las Escobas, en la provincia de Santa Fe. Nunca hubo red de trata. Lencina no tenía contacto con ninguna banda porque era un personaje perverso e imprevisible”.

También le consultamos al abogado Julio Federik, que representó a la familia de Fernanda y llevó adelante la querella del caso. Para el letrado, tampoco hubo premeditación ni relación con ninguna organización criminal. “No hay dudas de que fue un ataque sexual, Lencina vio a Fernanda en la calle y se le encendieron los dragones”, afirmó.

“No tengo dudas que a Fernanda la mató ese mismo día Lencina”, enfatizó Enz. En cambio, está convencido de que hoy ya nadie la busca. Por su parte, una familiar del círculo íntimo de la menor, que prefirió mantener bajo reserva su identidad, dijo en diálogo con este medio que todavía cree que “en algún momento se va a saber la verdad”. “Yo creo que Fernanda está viva”, sostuvo la mujer, y agregó: “Tengo la esperanza de volver a verla”.

El silencio de la viuda

El abogado Federik contó a TN.com.ar que llegó a “ofrecerle levantar la querella en su contra” a Mirtha Chávez cuando apareció muerto su esposo y principal sospechoso, Miguel Lencina, a cambio de por lo menos “un dato para encontrarla (a Fernanda)”. “Fue un mal indicio que no hablara”, admite el letrado. Pero Chávez no dijo ni una sola palabra entonces, ni tampoco cuando recuperó su libertad después de haber estado varios años presa.

“La mujer y la madre de Lencina sabían perfectamente lo que sucedió. La mujer sabe lo que pasó, pero siempre ocultó esa verdad. Se entiende que Lencina la mató en la zona de San Benito, luego buscaron el cuerpo y lo hicieron desaparecer en la misma casa de los Lencina. Por eso sorprendió tanto a los policías cuando llegaron a la casa y encontraron que habían roto todo el horno de barro que estaba en el fondo del patio”, señaló por su parte Enz. “Algunos especularon que usaron hornos de barro para hacerla desaparecer y por eso nunca apareció ningún resto de ella. Los Lencina trabajaban en la fabricación de ladrillos en la zona y sabían perfectamente de cómo hacer desaparecer un cuerpo”, apuntó.

Hace algunos años, la abogada que defendió en el juicio a la viuda de Lencina, Nora Lanfranqui, dijo al periodista Federico Seeber: “Chávez cometió el error humano de casarse con una persona como Lencina”. A su entender, en otras palabras, lo que hizo mal su clienta fue enamorarse de alguien que “ya estaba catalogado como un psicópata con antecedentes penales muy graves”.

Paradójicamente, Chávez quedó en libertad justo cuando se cumplía el décimo aniversario de la desaparición de Fernanda Aguirre. Mientras estuvo presa, estudió Psicología y Gastronomía. Además, fue beneficiada con la ley 24.660 que fue promulgada en 2010 y establece la reducción de la pena para los internos que cursen estudios.

La “ausencia” de Fernanda

Pasaron 17 años desde aquel 25 de julio de 2004 en el que desapareció la adolescente. “Se la sigue buscando”, aseguró hoy Federik, aunque aclaró: “Pero ya no hay línea de investigación”. Para el abogado, el problema fundamental estuvo en la primeras horas, en la primera semana después de la desaparición de Fernanda. “El padre no dio aviso a la policía cuando no volvió a su casa, fue a pagar el rescate y recién después, cuando Fernanda no apareció, hizo la denuncia”, señaló.

A la joven desaparecida se la buscó por todo el país y también en el exterior. Los indicios que sugerían que había sido víctima de un homicidio fueron apareciendo con el correr del tiempo, pero el abogado resaltó: “Los indicios no son suficientes para una madre que busca a su hija”.

María Inés Cabrol, la mamá de Fernanda, fue quien se puso la búsqueda al hombro y su lucha fue incansable y admirable hasta el último día. Pero un cáncer fulminante se la llevó en menos de un mes el 11 de mayo de 2010, sin que pudiera volver a ver a su hija. El resto de la familia mantuvo siempre un bajo perfil, sumidos en el dolor y la falta de recursos. En una de las pocas entrevistas que dieron a los medios, una de las hermanas de Fernanda habló con TN sobre la muerte de su madre. “Para nosotros su enfermedad fue a causa de la tristeza”, manifestó sobre ella, y destacó: ‘Se acostaba de noche llorando y se levantaba todos los días queriéndola buscar’”.

El dolor también se hizo patente en aquella nota en la voz de la madre de María Inés y abuela de Fernanda, pero ni aún así perdió la entereza. “Perdí a mi hija porque no apareció mi nieta”, aseguró la mujer desilusionada de la justicia.

Tras la muerte de Cabrol, su esposo, Julio Domingo Aguirre fue designado “curador” en la causa por la “ausencia” de su hija. Desde el Poder Judicial se aclaró entonces que la medida “no produce ningún efecto en cuanto a la investigación penal del caso, a la continuidad de la búsqueda de Fernanda y que es únicamente a la sola protección de sus derechos”.

La casa de la familia Aguirre, en San Benito. (Foto: TN).

La esperanza de volver a verla

La tía habla con voz bajita, pausada, y casi con timidez le dice a TN.com.ar que no perdió la esperanza de volver a ver a Fernanda. “Era una nena muy inocente”, recuerda, y agrega: “Siempre fue la más cuidada, tal vez porque era la menor de las cuatro hermanas”.

“Nunca salía de su casa”, aseguró. Después señaló que sobre todo solía pasar tiempo “con su mamá en la florería o en la peluquería”. Fernanda, como la mayoría de los chicos de su edad, no era muy aplicada con los estudios. “Su mamá siempre le estaba encima con los deberes”, afirmó la mujer.

Antes de despedirse, quiso dejar un mensaje como si la propia Fernanda pudiera escucharlo. “Lo único que pido es si ella tiene la posibilidad de ver las noticias, que sepa que la esperamos y que no bajamos los brazos”, aseguró su pariente, y reafirmó: “Que sepa que la vamos a seguir buscando y que siempre la tenemos presente”.

Pasaron ya más de seis mil días desde que la vieron por última vez, y como alguna vez dijo su mamá ante la cámara de Eltrece para los Aguirre “no pasa el tiempo” porque se detuvieron en ese día. La causa sigue abierta, pero pistas sobre cuál fue el destino de Fernanda actualmente no hay ninguna. Lencina se llevó la verdad a la tumba y que Chávez revelara lo que sabía, si es que sabía, fue hasta ahora la única esperanza. Fue hasta ahora un imposible.

Fuente: TN.com.ar