POR ELIO DANIEL RODRÍGUEZ



Determinados elementos en la construcción discursiva del actual presidente argentino, Javier Milei, contribuyen, de alguna manera, a plantear interrogantes acerca de lo que implica para él el ejercicio de su gobierno. Porque, en definitiva, no está demasiado claro si lo percibe como un servicio cívico o como una tarea de carácter redentorista, mediante la cual, posiblemente según su criterio y atendiendo estrictamente a sus propias manifestaciones, sería el encargado de liberarnos, de salvarnos… de redimirnos.

En el tramo final de su discurso de asunción a la presidencia, sobre las escalinatas del Congreso de la Nación y de espaldas al mismo, Milei recordó que, en una entrevista, le habían dicho que él y Victoria Villarruel eran dos de 257, y que, por lo tanto, no iban a poder hacer nada. Contó que su respuesta “fue una cita del libro de Macabeos 3:19 que dice que la victoria en la batalla no depende de la cantidad de soldados sino de las fuerzas que vienen del cielo”. Desde aquella vez, la alusión de Milei a la cita de Macabeos se volvió frecuente, reiterándola recientemente en su virulento discurso de apertura del periodo ordinario de sesiones 2024 en el Congreso de la Nación.

Puede señalarse de manera sintética que los macabeos fueron judíos que se rebelaron contra la dominación griega de los Seléucidas, derivando su denominación de uno de los principales artífices de la rebelión, de nombre Judas, pero apodado “Macabeo”, que significa martillo.

Es del todo cierto, en virtud de esto, que podría deducirse que Milei confía en que Dios le otorgará la capacidad para enfrentar un oponente que avizora más numeroso o con mayores recursos. Hasta allí, no hay demasiado para el análisis, porque es verdad que, aunque llegó a la presidencia con un alto porcentaje de los votos, a su fuerza no pertenece ningún gobernador y sus legisladores carecen de la fuerza numérica necesaria como para tomar el timón de las decisiones parlamentarias, como quedó de manifiesto recientemente en el Senado en el marco del rechazo al mega DNU. En su calidad de creyente, resulta lógico que Milei piense que Dios lo ayudará en el desafío que decidió afrontar y para el cual lo eligió la ciudadanía.

Pero, ¿sería demasiado especulativo suponer además que, desde el punto de vista del primer mandatario, el poder le viene conferido fundamentalmente por la divinidad y en menor medida por la decisión del pueblo que con su voto lo ubicó en el sillón de Rivadavia? Mas especulativo aún sería sospechar que en el pensamiento mileiniano el pueblo que lo votó es solo un instrumento que dispone Dios para la consecución de sus fines.

Cabe hacer notar aquí dos cosas que quizás puedan pasarse por alto. La primera es que el presidente ve a su labor –o la compara al menos– con una “batalla”. La segunda es que los macabeos llevaron adelante una lucha de “liberación”. Y esas dos palabras, batalla y liberación, tal vez sean claves para entender la forma en la que concibe su mandato el presidente argentino.

Milei citó en su discurso de asunción a la presidencia a Jesús Huerta de Soto, un economista que sostiene que “el Estado es la encarnación del demonio” (1). Concretamente, Milei se refirió al español en los siguientes términos: “Como dice el gran Jesús Huerta de Soto: ‘los planes contra la pobreza generan más pobreza; la única forma de salir de la pobreza es con más libertad’ “(2). Pues bien, Soto dijo en un reciente video sobre Milei, subido a YouTube días antes de asumir en su cargo el actual presidente argentino –al que califica como el primero de sus “discípulos que llega a la presidencia de un gobierno”– lo siguiente: “O toma inmediatamente, vía decreto, todas las medidas, de golpe, en plan terapia de shock, al día siguiente o a la semana siguiente, o, si no, está perdido. Le pasará como a Macri, será un fracaso; y además ese fracaso se achacará a las ideas de la libertad” (3). Como se sabe, Milei siguió su sugerencia, y hasta utiliza algunas de sus mismas expresiones al hablar constantemente de “las ideas de la libertad”.

Resulta interesante mencionar aquí que Milei dijo ante los periodistas de La Nación +, Trebuk, Majul y Rossi –devenidos en fervientes apologistas del mandatario–, que “el Estado es una organización criminal, es una organización violenta, donde los tipos se pusieron de acuerdo para robarle a la gente” (4). Hay un problema no menor: Milei es presidente, y el presidente es, por definición, el jefe del Estado. Es decir, es un jefe que no tiene una mirada positiva de lo que conduce. O más complicado aún: se propuso para ser elegido como jefe de algo que detesta.

Pero volvamos a Huerta de Soto, que no se queda solo en la definición del Estado como “encarnación del demonio” sino que además indica que “Dios es libertario” (5), argumento que repitió Milei con las mismas palabras, agregando que “el universo es anarcocapitalista” (6).

La pregunta a hacerse entonces es la siguiente: ¿cómo se intercambian opiniones con una persona que cree que sus ideas son las mismas que las de Dios, cuando a esa persona le toca en suerte ser presidente de una Nación? Porque no debe ser precisamente sencillo tratar de hacerle considerar otra alternativa a quien considera que su manera de ver las cosas no solo es la correcta, sino que es exactamente el reflejo del anhelo de la divinidad. Bajo estas condiciones, la discusión, la deliberación y el acuerdo se vuelven un cometido imposible desde el momento en que quien se oponga a las ideas del presidente se está oponiendo a las de Dios, y, lo que se deriva de lo anterior, no solo sería para el jefe de Estado un opositor político sino también un hereje. La política, de ese modo, se transforma en guerra santa.

Si bien es cierto que todo gobernante debe transmitir en el ejercicio de su función seguridad y confianza en sus propias ideas, la convicción de estar en posesión de la verdad absoluta, la insistencia en considerar inferior a todo el que manifieste miradas opuestas y el hecho de pretenderse inspirado por un poder sobrenatural define a una persona como alguien que se ve a sí mismo como un iluminado. ¿Cómo se discute con un iluminado? Al menos en Argentina, nunca nos habíamos encontrado con una situación semejante.

En los últimos tiempos hizo su aparición en la escena pública otra analogía, además de la que relaciona la historia de Milei con las luchas macabeas: la de Milei –o el mileísmo, ya veremos por qué– con la figura de Moisés.

Cuando intempestivamente la denominada Ley Ómnibus fue enviada a comisiones después de haber sido votada en general y apenas había comenzado el tratamiento en particular, la sorpresa y la incertidumbre cundieron. ¿Se había tratado de un error? ¿Se quiso en realidad pedir un cuarto intermedio y se terminó proponiendo otra cosa? ¿Era una decisión de los legisladores de La Libertad Avanza proceder así o habían recibido una indicación en tal sentido del presidente? A las pocas horas respondió el propio Milei, quien señalo desde Israel que, como la “casta política” empezó a “descuartizar” la Ley Bases, él había dado la orden de levantar el proyecto. Y así aparecerá poco después y en todo su esplendor la figura de Moisés en el discurso del presidente argentino. Es interesante comprender cómo y por qué.

Moisés fue uno de los líderes religiosos más trascendentales de la historia de la humanidad. De importancia central en el judaísmo, liberó a su pueblo y le dio, por encargo divino según narra la Biblia, una ley escrita. De acuerdo a la tradición, los primeros cinco libros de la Biblia fueron escritos por Moisés, y la palabra hebrea que los designa, “Tora” –“Pentateuco” para el cristianismo– significa “ley” (7). Moisés había recibido de Dios las leyes que regirían la vida de su pueblo y, entre ellas, el Decálogo o Diez Mandamientos. Por ello estuvo largo tiempo en la montaña y, cuando descendió, se encontró con algo que ya sabía porque el mismo Dios le había revelado que el pueblo se había corrompido. A pedido de la gente, Aarón había moldeado un becerro de oro y esto enfureció a Moisés, que destrozó contra el suelo las Tablas de la Ley “escritas por Dios”, que portaba en sus manos, destruyendo luego al ídolo. Le recriminó a Aarón por haber procedido como lo hizo y llamó a su lado a los que estaban con el Señor. Fueron junto a él los hijos de Levi y a estos les ordenó ir a matar a los otros, muriendo así, aquel día, muchos hombres del pueblo. Después, Dios le pidió que tallase otras dos piedras como las que había roto; y así lo hizo. Sobre ellas fueron escritas nuevamente las palabras que se encontraban en las primeras y que había quebrado Moisés. Pero, ¿qué tiene que ver esto con Milei?

Poco antes de pronunciar, el pasado 1 de marzo, su discurso en la apertura de sesiones ordinarias en el Congreso de la Nación, Javier Milei hizo una referencia en hebreo, en la red social X (ex Twitter), a un pasaje bíblico cuya traducción es la que sigue: “Y Dios dijo a Moisés: alísate dos tablas de piedra como las primeras, y escribiré sobre esas tablas las palabras que estaban en las tablas primeras que quebraste”; es la traducción del Éxodo 34:1.

Entrevistado por Radio 2, el economista Carlos Maslatón sugirió que, de este modo, Milei podría estar trazando una analogía entre las Tablas de la Ley y la Ley Ómnibus. “Se enojó con el Congreso y la retiró, como si Moisés rompiera las Tablas de la Ley” (8). Sería al menos pretencioso que Milei estableciera, como parece haberlo hecho, una analogía entre los Diez Mandamientos y la Ley Ómnibus, pero así parece operar el pensamiento del presidente argentino, buscando en situaciones de la realidad política local una correspondencia con acontecimientos de naturaleza sagrada que trascendieron la geografía y el tiempo en donde tuvieron lugar. Muchos podrían experimentar cierto pudor de exponer pensamientos de este tipo si se diera el caso de que se presenten, pero eso no le pasa a Milei. No obstante, ¿es en verdad Milei el que se compara con Moisés o está hablando de otra persona? Alguna vez puso en ese lugar a su hermana, Karina. En una de las tantas conversaciones que tuvo en la TV con Viviana Canosa, antes de distanciarse de la periodista, le dijo entre lágrimas que “Kari” era Moisés y él solo el que divulgaba (9).

Pero si es verdad que Milei podría tener, respecto de su función como presidente de la Nación, una imagen relacionada con una misión de cierto carácter divino, no es menos cierto que sus seguidores refuerzan esa idea repitiendo una y otra vez su “creencia” de que las cosas van a mejorar. Es decir, sin demasiados elementos de la realidad que nos lleven a pensar tal cosa, la única alternativa posible sería “creer”, no ya desde la conceptualización de la creencia como conjetura sino como convicción, de manera idéntica a como sucede con las ideas religiosas. Porque el practicante de una religión determinada adjudica a la palabra creer la significación de la certeza. Y del mismo modo que en este caso “creen” los gobernados también “cree” el gobernante, que no solo confía en sus puntos de vista y en sus diagnósticos y hoja de ruta, sino que tiene pleno convencimiento en ellos, a los que conduce, como herramientas válidas para la resolución de problemas, desde el plano de la probabilidad al del dogma. Parecería ser que para Milei no habría “ideas” económicas, sino dogmas económicos.

Por otra parte, habría que preguntarse, probablemente, cómo y cuánto influye en el pensamiento de los simpatizantes libertarios y neo libertarios esa idea según la cual el sacrificio, bajo la forma en este caso de un auto sacrificio que en rigor no significa necesariamente la entrega de la propia vida y que se acerca más al concepto de abnegación, produce la liberación. Y habría que analizar, además, si la idea que atraviesa hoy a gran parte de la sociedad argentina no se relaciona, al menos parcialmente, con la historia misma del cristianismo, que pone en el sacrificio de Jesús la salvación de la humanidad. ¿Hasta qué punto la pasión de Cristo en la cruz, que redimió a los seres humanos de sus pecados, no se traduce ahora, en el inconsciente colectivo de un sector de la sociedad argentina, en el sacrificio del pueblo para el logro de su presunta redención como Nación?

En el prólogo de “El loco–La vida desconocida de Javier Milei y su irrupción en la política argentina” (10) Juan Luis González narra que “en una de sus conversaciones con ‘el número uno’, este le reveló el motivo por el que tenían tanto contacto. Dios, como había hecho antes con Moisés, le dijo que tenía para él una ‘misión’. Tenía que meterse en política. Y le dijo algo más: que no tenía que parar hasta llegar a ser presidente”.

Notas:

1 – Jesús Huerta de Soto: El estado es la encarnación del demonio. YouTube. 29 de octubre de 2014. https://www.youtube.com/watch?v=3KxjukRQpRU

2 – Asunción presidencial: el texto completo del discurso de Javier Milei. Página 12. 10 de diciembre de 2023. https://www.pagina12.com.ar/693656-asuncion-presidencial-el-discurso-completo-de-javier-milei

3 – Jesús Huerta de Soto responde en clase sobre Javier Milei. YouTube. 22 de noviembre de 2023. https://www.youtube.com/watch?v=vxLyppvOjYI

4 – Javier Milei: «El estado es una organización criminal»; 2da parte. YouTube. La Nación +. 14 de febrero de 2024. https://www.youtube.com/watch?v=o1XfwgVT84I

5 – ¿Dios es libertario? Jesús Huerta de Soto. YouTube. Libertad TV. 19 de diciembre de 2017.

6 – Javier Milei y la religión: «Dios es libertario», De Regreso por El Mundo (parte 2) – YouTube. Milei presidente. 9 de enero de 2018. https://www.youtube.com/watch?v=a5EiUr1Neko&t=203s

7 – Isaac Asimov. Guia de la Biblia. Antiguo Testamento. Editorial Plaza y Janés. 1999. Barcelona.

8 – El mensaje encriptado de Javier Milei en hebreo: las tablas de Moisés y la «nueva» ley ómnibus. Perfil. 1 de marzo de 2024. https://www.perfil.com/noticias/politica/el-mensaje-encriptado-de-milei-en-hebreo-las-tablas-de-moises-y-la-ley-omnibus.phtml

9 – Archivo: Para Javier Milei su hermana Karina es Moisés. Agencia El Vigía. 7 de noviembre de 2023. https://www.facebook.com/watch/?v=294247843574439

10 – González, Juan Luis. El loco. 1ra ed. Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Planeta. 2023.