A 118 años del nacimiento de Enrique Santos Discépolo, compositor, autor teatral y actor argentino

                                                                                         Por Javier Ricardo López

Enrique Santos Discépolo antes de ser poeta sublime del tango, se formó admirando el teatro de su hermano Armando, un dramaturgo excelente del género «grotesco criollo». Enrique fue el actor que encarnó la historia de la obra «Mustafá».

Armando Discépolo cambiará el aire y el estilo del sainete teatral, porque la inscripción del grotesco será continuidad y emergencia en una situación concreta como dice David Viñas. Pondrá el énfasis en los componentes sociales, en la inmigración, en el  intimismo, en la marginalidad, en la depresión.

Enrique tomará todos esos elementos para construir su poesía.

«Yira Yira», compuesta en 1930, es una canción de denuncia, pues en su lenguaje está el escepticismo, la desesperación y la desesperanza. 

«Cuando manyés que a tu lado se prueban la ropa que vas a dejar…Te acordarás de este otario que un día, cansado, se puso a ladrar»

La reflexión final es que todo es mentira y nada es amor. 

Enrique Santos Discépolo, además de haber sido un músico destacado, denunció la crisis de una sociedad. Los personajes de sus tangos son personas que confiaron pero que fueron traicionados, fueron apuñalados por la espalda.

Desde «Tres Esperanzas » a «Quién más quien menos» y de «Cambalache» a «Que sapa señor», sus tangos tienen una filosofía  pesimista y la angustia de un hombre defraudado. Discepolín podría haber escrito mucho tiempo antes a 1992, un libro llamado «El fin de la historia», como también podría haber reescrito y aumentado la obra de teatro «Babilonia», de 1925.

Las metáforas discepolianas forman parte de nuestro crisol cultural argentino y americano: «El que no llora, no mama», «Cualquiera es un señor, cualquiera es un ladrón»,  «La panza es reina y el dinero es Dios», «Todo es igual, nada es mejor».

En la poética no encontramos la remembranza por las cosas perdidas que si encontramos en Homero Manzi o Cátulo Castillo. Más bien existe una atormentada imagen de la vida como luchar, esforzarse, sacrificarse, para finalmente desengañarse.

Enrique Santos Discépolo fue quien le dijo al rey que estaba desnudo cuando otros le mentían expresándole que llevaba puesto el vestido más espléndido. Discépolo descubrió una realidad política, histórica y social desgarradora. En sus tangos hay un grito desesperado y una denuncia de esa realidad, pero no existe ninguna propuesta para superarla.

«Pero no ves gilito embanderado, que la razón la tiene el de más guita, que la honradez la venden al contado y a la moral la dan por moneditas… Que no hay ninguna verdad que se resista frente a dos pesos moneda nacional, vos resultás -haciendo el moralista- un disfrazao… sin carnaval…»

* JAVIER RICARDO LÓPEZ. Poeta, escritor y difusor radial, nacido en Salta, en 1976. Publicó la plaqueta de poesía “Orquesta Típica” en 2017.

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