Se potenció la imagen del plantado de pruebas. Policías testigos ponen en duda procedimientos de otros efectivos que Martin Pérez dio por válidos. Los familiares solos pero en píe, mientras se confirma que el hallazgo de plomos tres días después de hallados los cuerpos resulta increíble. (Maximiliano Rodríguez)

La sexta jornada de juicio encontró a los tres miembros de la Sala II, Ángel Longarte, Bernando Ruiz y Héctor Pucheta; vestidos con trajes oscuros. Para este día seis están previstos ocho testigos, aunque se adelanta entre los funcionarios judiciales que sólo cinco se presentarán ante los jueces.

Igual que en la jornada anterior se hace sentir la poca presencia de periodistas, quienes durante el primer día colmaron la sala. Como ocurriera en varios tramos previos a esta sexta jornada, Hélene Kottak, mamá de Cassandre, se mantiene de pie y observa a cada uno de los tres acusados. Está a unos siete metros de ellos. La mujer parece querer descubrir en los gestos de los acusados el rasgo asesino y brutal de quien mató a su niña. Impoluta de pullover y bufanda negra, la madre representa ante todos los presentes el divino origen de la vida y el amor, luego convertidos en muerte y dolor por el accionar de los hombres. Delante de ella y siempre atento a cada palabra del debate oral está Jean Michel Bouvier, su ex amor y papá de Cassandre. Están juntos aquí, aunque divorciados en la vida. Siempre a mano derecha de su padre y en la primera fila de asientos, Aliénor, guardando silencio, a veces mirando al piso. La hermana menor de la víctima es la figura referencial más cercana que pueden tener todos en la sala de Cassandre, sobre quien ella misma dijo “era la persona más importante en mi vida”. La joven de treinta años parece mucho menor. Apenas una adolescente. La tristeza infinita hizo estragos en ellos.

Algo similar sucede con los padres de la chica de origen marroquí, aunque ellos se sentaron juntos durante estas seis jornadas de juicio oral. Zohra Moumni, mamá de Houria, es la única persona en la sala que tiene la cabeza cubierta. Por su creencia religiosa, la mujer desde que ingresó a la sala el día uno, mantuvo todo su cabello cubierto a la vista de extraños. Como sucede en la totalidad de los juzgados de nuestro país, el enorme crucifico católico detrás de los magistrados recuerda como son aquí las cosas. Quedará grabado para quienes son testigos de este proceso, que su llanto amargo y silencioso fue motivo de asistencia en la segunda jornada de debate. También ella con sus pañuelos y sus lentes representa la vida. El comienzo de todo. La contraposición a los hechos que los trajeron hasta Salta. Ante la mirada de los jueces, las familias de las victimas están a mano izquierda. Parte la emoción ver detrás de ellos a algunos de los padres del dolor salteño. Esos familiares que marchan los viernes contra la impunidad en Salta, todos los días acompañan a estas víctimas con vida que, al igual que ellos, buscan Justicia. Mañana será día feriado en todo el país. Así arranca el sexto día de juicio oral.

CIF

La bióloga María Rosana Ayón fue la primera miembro del Cuerpo de Investigaciones Fiscales (CIF), y la primera científica en brindar su testimonio en el juicio oral. Embarazada la testigo explicó que su trabajo fue estudiar la fauna cadavérica hallada en ambas víctimas, para determinar la data de muerte. El análisis lo hizo sobre muestras aportadas al momento de la autopsia y por fotografías tomada sobre los cuerpos en el lugar de los hechos. La mujer explicó que el desarrollo de los insectos depende de la temperatura ambiente. La funcionaria, el 6 de agosto de 2011, fue al lugar de los hechos junto al juez de instrucción Martín Pérez. En esa oportunidad registró las condiciones ambientales y la toma de temperatura. El día 11 de agosto elevó su informe al juez hoy camarista.

En ese informe la bióloga determinó que la muerte de las chicas se produjo entre 13 a 14 días previos al 29 de julio de 2011. Según explicó la especialista la fauna cadavérica es regional y siempre es externa al cuerpo, a diferencia de la descomposición, que “se produce por las bacterias de los intestinos”. Además explicó que la “entomología estudia los insectos”, y que “la entomología forense identifica los insectos en un cadáver y el desarrollo de esos insectos”.  En base a estos conocimientos Ayón indicó al tribunal que “la fauna cadavérica hallada en los cuerpos de las chicas es coincidente con el lugar y la estación”. La bióloga tuvo en cuenta las condiciones climáticas y todas las condiciones de la escena del crimen. Más tarde en su declaración la testigo dilucidó un punto que los abogados consultaban insistentemente: por qué en tantos días los cuerpos no fueron atacados por animales salvajes. “Por tanta vegetación las aves carroñeras no pudieron ver los cadáveres y por ello no atacaron. Además donde hay vegetación las aves carroñeras no descienden por instinto de supervivencia. Los mamíferos son atraídos por el olor del cadáver. En este caso por las bajas temperaturas se retrasa esa emanación de olor”, explicó.

Testigos express

Tres testigos más pasaron en el sexto día de juicio ante el tribunal. Tres testigos de color, que aportaron sólo un marco de cómo eran esos días de 2011 para la policía. La Oficial ayudante Yael Bonanota impuso un record en este caso, declarando únicamente dos minutos. Lo único que hizo fue confirmar que ella transmitió -el 29 de julio- el mensaje dando la noticia del hallazgo de los cuerpos. No tuvo ninguna otra participación en el hecho.

Además de esta veloz declaración se pueden tomar en la misma medida los aportes de Gabriel Maldonado, Tomás Chaile y Simón Pistán. Maldonado era jefe de la subcomisaria de San Lorenzo y aportó algunos policías, la patrulla y el domicilio como base operativa. Al igual que las otras dos declaraciones, su aporte fue importante para el trámite de la causa por los datos técnicos y por lo tanto práctica para todas las partes en debate, incluyendo a los magistrados. El comisario Simón Pistán era en julio de 2011 Subjefe de Policía. Declaró unos 20 minutos sin aporte alguno de importancia, salvo imponer lugar, horas, personas. Tomás Chaile, era entonces Jefe de Unidad Regional Nº1. Pasó igual que los otros, unos minutos, respondió las preguntas de rigor y aportó datos similares. Los testigos que vendrían serían mucho más interesantes para los presentes en general.

Plomos aparecidos II

Julio Padilla volvió a hablar en esta sexta jornada del increíble secuestro de los dos proyectiles en la escena del crimen, sobre la cual se basó buena parte de la imputación de Daniel Vilte y que fueron el mayor aporte del quinto día de juicio oral. El oficial principal Julio Padilla en 2011 prestaba servicios en la División de Criminalística de la Capital. El policía trabajó sobre los cuerpos de Cassandre y Houria. Llegó al lugar del hallazgo a las 22.40 de ese 29 de julio de 2011. En el mirador -dijo el testigo-  “había bomberos, efectivos de la subcomisaria de San Lorenzo, el médico legal y miembros de la Brigada”.

Ante el tribunal el testigo relató que “el lugar estaba perimetrado cuando llegamos. Estaba con cinta perimetral. Se inicia con las tomas fotográficas. Mientras bajamos encontramos una fibra de tela. Cerca de la medianoche el comisario Néstor Piccolo grita y dice que a metros del lugar se encuentra el cuerpo de otra persona. Se protegieron las manos con papel en ambos cuerpos. Se trasladaron los cuerpos a la zona del mirador donde se hicieron los exámenes médicos. Al día siguiente hicimos la inspección ocular, dividimos el sector en cuadrantes para hacer toda la búsqueda”.

Consultado por Marcelo Arancibia, defensor de Daniel Vilte, el oficial recordó que se encontraban en el lugar el Subjefe de Policía de entonces, Simón Pistan, el mayor Ignacio Saravia, Aldo Rogelio Saravia, entre otros. Al recordar aquella noche el testigo relató que “no se sentía olor, hacía frio. Al día siguiente caía aguanieve, sin embargo vi un pequeño estado de putrefacción en los cuerpos”. El hallazgo de las víctimas por parte de criminalística fue relatada por Padilla, indicando que el primer cuerpo (Cassandre Bouvier) tenía “una mano hacia arriba y la otra hacia el cuerpo”, mientras que estaba “la segunda víctima en posición fetal con una pierna completamente extendida y la otra flexionada hacia el cuerpo. Tenía una mano cruzada hacia el rostro”.

El cuerpo de Cassandre estaba “a la altura del corpiño cortado. En la parte media del pantalón estaba cortado también, no tenía ropa interior. En los brazos tenía algunas manchas. Quizás de hematomas. Pantalón de jean color negro con botas de cuero de descarne y tachas. Una musculosa negra subida hasta la altura de los pechos. La otra víctima (Houria) tenía cortado el pantalón desde la parte media. Esta víctima en particular presentaba lesiones en las rodillas y la tibia. En uno de los brazos tenía una mancha oscura”. Los efectivos de criminalística no detectaron huellas en el entorno de las víctimas, usaron guantes, pero no protección en los pies. “Buscamos en todo el sector ese día y el día posterior indicios que nos puedan orientar sobre los motivos del deceso de las víctimas, pero no encontramos nada. Dividimos toda el área en cinco cuadrantes. A horas 16.30 del otro día conseguimos un detector de metales y no había ningún personal idóneo, pero igual lo utilizamos”, explicó el perito.

Fue allí cuando la querella finalmente preguntó y le consultó a Padilla por el sospechoso encuentro de los dos proyectiles que secuestró el oficial Walter Mamaní, dos días después de retirados los cuerpos del lugar, y un día después del trabajo de la División Criminalista. El testigo indicó que es algo que “se les podría haber pasado por alto”, aunque su duda denotó que no cree tanto en la fortuna como el oficial de los dos plomos.  “Se nos podría haber pasado”, dijo el miembro de criminalística. Los miembros de criminalista rastrillaron el lugar entre las 10 y las 19 horas del día 1 de agosto de 2011. Las consultas que hizo Bernardo Ruiz (vocal del tribunal) al testigo denotan que tampoco a los jueces les resulta tan creíble la historia de los plomos “aparecidos” y el revolver “plantado”.

Similar tono usó Héctor Pucheta (vocal del tribunal) al preguntar. Lo mismo sucedió con el presidente del tribunal, Angel Longarte. Es evidente que también duda de la versión de los plomos aparecidos. Hasta aquí el manejo de los magistrados fue ejemplar. Ante las consultas y quizás por haberse visto humillado en su trabajo policial, Padilla debió admitir que no es común que se les pasen por alto dos proyectiles en una escena del crimen, para después ser secuestrados por otro policía que pasaba por allí. “No ocurre normalmente”, sentenció. Su rostro mostraba la expresión de quien hizo bien su trabajo y debe cubrir corporativamente las falencias de otro. Una de las declaraciones más importantes del juicio. Sorprendentemente el testigo fue propuesto por la defensa de Daniel Vilte y no por la querella que representa a las familias.

Fotos de prueba

El cabo de policía Iván Calvo prestó declaración ante el tribunal por haber sido quien fotografió los dos plomos que encontró en la escena del crimen el oficial Walter Mamaní, casi 72 horas después de descubiertos los cuerpos de Cassandre y Houria, y cuando la División Criminalística y Bomberos había trabajado en el lugar durante dos días. El testigo aportó poco y nada al hecho en sí mismo que se investiga. Sin embargo el cabo ratificó que a él lo llamaron para fotografiar los dos proyectiles milagrosamente secuestrados por Mamaní, aunque no fue testigo del momento del hallazgo.

Plomos aparecidos III

El Comisario Mayor Adelmo Medina era en 2011 el Jefe de Criminalística. Sus hombres fueron los que rastrillaron el mirador primero en la noche del 29 y todo el 30 de julio de 2011. El sospechoso secuestro de los dos proyectiles que inculparon a Vilte para llegar a juicio fueron el eje del interrogatorio al testigo. La participación de los vocales en la ronda de preguntas mostró a todos en la sala la jerarquía del tribunal. Corrección y profundidad a la hora de consultar. Búsqueda de la verdad. Así fue como el Jefe de Criminalística de entonces dijo que se trabajó “incluso removiendo el terreno”. Dijo que “el trabajo fue meticuloso. Se recomienda al personal que la búsqueda debe ser muy estricta, buscando en todos los rincones. Criminalística hizo la inspección esa misma noche del hallazgo y el día posterior también. Las inspecciones que hizo criminalística las hizo correctamente, me consta”. Sin dudas, Medina mostró orgullo por Criminalistica. Aseguró que al ser secuestrados dos días después los proyectiles no emitió “ningún juicio de opinión, porque no se me solicitó. Posiblemente hayan quedado ocultos”, cerró.

Al hacérsele notar a Medina que uno de los proyectiles “estaba a simple vista”, según relató el propio policía que encontró sorpresivamente estos proyectiles el testigo acusó el golpe. “Nosotros realizamos un rastrillaje muy meticuloso, pero no descarto que a posteriori pudieran ser hallados por otro personal”, intentó sostener. Sin embargo, al ver las fotografías que muestran el supuesto lugar donde el oficial -de la Brigada de Investigaciones- Walter Mamaní “encontró”  los proyectiles que nadie había visto antes la cosa cambió. Medina fue contundente respecto a las evidencias: “debieron ser halladas”. El ex Jefe de Criminalística explicó que en ese lugar se levantaron las hojas, porque es muy próximo a donde estaban los cuerpos. No podían no encontrar los plomos. Su testimonio y el de Julio Padilla dejaron en evidencia que el secuestro de esos dos proyectiles fue cuanto menos increíble. Quien sí dio por valido este aporte de pruebas sospechosas fue el juez de instrucción Martín Pérez.  De esta forma cerró la jornada seis del juicio oral.

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