Por: Alejandro Saravia

Una de las conceptualizaciones del populismo afirma que éste se caracteriza por dar respuestas simples a problemas complejos. Si eso es así, en nuestro pobre país no se salva ningún dirigente político de ser populista. Como ejemplo recordemos a quien decía, suelto de cuerpo, que la inflación era un problema sencillito, que en 15 días lo solucionaba. Se pasó 4 años gobernando y la cosa en lugar de ser solucionada, empeoró. Claramente, sólo era una consigna. Pero la realidad crítica de nuestro país exige algo más que eso.

Esas simplificaciones denotan una dosis importante de improvisación y de falta de imaginación. En el mayo del 68 las paredes de París amanecieron pintadas también con consignas que aún hoy recordamos. Una de ellas decía, precisamente, “La imaginación al poder”, otra “Seamos realistas, pidamos lo imposible”. Recomendaciones al fin.

La oposición que hasta estos días aparecía como la de mayor probabilidad de resultar triunfante en las próximas elecciones, se metió solita en un berenjenal del cual el único que se aprovechará va a ser el oficialismo nacional gobernante o bien la otra oposición, la aleonada, la que como llamador utiliza el grito, los pelos al viento y también, como corresponde, de una buena cantidad de simplificaciones. Difícil destino el nuestro…

Pero, vamos, usemos un poco la imaginación a ver una de las salidas posibles al berenjenal y, de paso, veamos si lo imposible como es de hacer uno de dos, es aplicable.

Las postulaciones presidenciables de los dos candidatos del PRO en la coalición Juntos por el Cambio se caracterizan por ser contradictorias o, si se quiere, complementarias, según las veamos. En efecto, Bullrich ofrece voluntad, decisión, carácter. Rodríguez Larreta experiencia de gestión, amigabilidad para atraer y acordar con los opuestos digeribles. Si esas cualidades estuvieran en una misma persona sería una gran cosa, un hallazgo. Pero resulta que residen en dos personas distintas que, por el momento, no se pueden ver.

Dejemos volar la imaginación y veamos si es posible el milagro de hacer de dos uno, algo así como pedir lo imposible, parafraseando las pintadas del París del 68. Acudamos para ello a un ejemplo histórico: Israel, año 1985. Pocos días después de ser lanzado en nuestro país el Plan Austral, Israel, que tenía en esos momentos un 400% de inflación anual, lanzó su propio plan de estabilización. Gobernaba allí Shimon Peres, Laborista. Qué hizo Peres? Encerró a los ministros de su gabinete durante 20 horas ininterrumpidas y no los dejó salir hasta que dieron a la luz un plan. Luego ofreció a Shamir, líder del Partido Likud, conservador, integrar la fórmula presidencial: Peres, presidente, Shamir, vice, con la condición de que a los dos años renunciaba Peres y asumía la presidencia Shamir, de modo de garantizarle a ese plan de estabilización, continuidad. Así, Israel salió de la crisis y se convirtió en una potencia moderna.

Ambos postulantes de Juntos por el Cambio, Bullrich y Rodríguez Larreta, deberían tomar el ejemplo de Shimon Peres e integrar una misma fórmula. El orden de prioridad podría ser por sorteo, como los antiguos atenienses que a la mitad de las magistraturas las sometían a sorteo de modo de darle oportunidad a todos los ciudadanos griegos de ser funcionarios públicos alguna vez en su vida. O bien, si no les gusta la perinola, el primer turno de dos años, con el compromiso de renunciar después de ese tiempo, le correspondería por edad a Bullrich, que tiene 67, y después a Rodríguez Larreta que tiene 58. Con eso ambos se sacan las ganas de ser presidentes y de paso calman las aguas políticas de nuestro golpeado país, sufriente por carencia de reales liderazgos.

El piso de marcha que le da estabilidad a esa coalición, lo que la hace rescatable y valiosa, paradójicamente, no son sus primeras líneas, los que figuran como candidatos o como dirigentes, sino los que aparecen encabezando su listado de técnicos economistas que están trabajando en las propuestas a pesar de las peleas de conventillo de los candidatos que se muestran. Estoy hablando de Levis Yeyati, Marina Dal Poggeto, Hernán Lacunza, Luciano Laspina. Es decir, los pocos que aún resguardan nuestras esperanzas, ya perdidas respecto de los que encabezan las marquesinas.

Esa jugada sería doblemente valiosa: por dar cabida a las consignas de mayo del 68 y por dar un horizonte racional a esta hoguera de vanidades.