Artemisia Gentileschi nació en Roma, el 8 de julio de 1593. Conocé su valerosa historia.

Fue la hija mayor del pintor Orazio Gentileschi, uno de los grandes representantes de la escuela romana de Caravaggio.

Firmó a los diecisiete años su primera obra: Susana y los viejos, 1610. A los diecinueve años, dado que el acceso a la enseñanza de las academias profesionales de Bellas Artes era exclusivamente masculino, y por tanto le estaba prohibido, su padre le dio un preceptor privado, Agostino Tassi, quien posteriormente la violó.

 

«Cerró con llave la habitación y después me tiró sobre la cama, inmovilizándome con una mano sobre el pecho y poniéndome una rodilla entre los muslos para que no pudiera cerrarlos y me levantó las ropas, algo que le costó muchísimo trabajo. Me puso una mano con un pañuelo en la garganta y en la boca para que no gritara (…). Yo le arañé el rostro y le tiré del pelo».

Pero Artemisia no sólo fue violada, no sólo tuvo que aguantar ver como su agresor no cumplía ni un solo día de cárcel y su testimonio sobre la agresión era puesto abiertamente en duda. También padeció la indiferencia y el rechazo del mundo artístico de su época por el hecho de ser mujer, pasó por la humillación de que muchos de sus cuadros fueran atribuidos a su padre o a otros artistas varones y durante siglos aguantó el ser considerada como una mera curiosidad, como una rareza tan exótica como menor dentro de la historia del arte.La artista, que en el momento de la agresión tenía 18 años, tardó un año en reunir las fuerzas suficientes para denunciarlo y llevarlo a juicio. La instrucción, que duró siete meses y del proceso que siguió se conserva documentación exhaustiva, que impresiona por la crudeza del relato de Artemisia y por los métodos inquisitoriales del tribunal. Artemisia fue sometida a un humillante examen ginecológico y torturada usando un instrumento que apretaba progresivamente cuerdas en torno a los dedos — una tortura particularmente cruel para una pintora. De esta manera se pretendía verificar la veracidad de sus acusaciones, pues se creía que si una persona dice lo mismo bajo tortura que sin ella, la historia debe ser cierta. El 27 de Noviembre de 1612 Agostino Tassi fue declarado culpable. La pena que le cayó fue bastante blanda: el juez le dio a elegir entre cumplir cinco años de trabajos forzados o el exilio de Roma. Tassi, obviamente, eligió el exilio.

Después de la sentencia y de todo el escándalo suscitado con el proceso, Orazio Gentileschi organizó un matrimonio para Artemisia que le permitiese recuperar a ojos de la sociedad la dignidad perdida. Así, el 29 de noviembre, sólo dos días después de la condena contra Tassi, la joven se casó con el pintor florentino Pierantonio Stiattesi y juntos se trasladaron a Florencia.

Para entonces Artemisia ya había comenzado a plasmar en sus lienzos a mujeres fuertes y a sufridas, a heroínas, víctimas, suicidas, guerreras, a personajes femeninos procedentes tanto de la Biblia como de la mitología. Y adoptando una perspectiva nueva: la de una mujer.

Porque no le faltaba razón el filósofo francés Roland Barthes cuando sentenciaba que la fuerza de Artemisia Gentileschi radica en su capacidad de dar la vuelta a los papeles tradicionales, alentando «una nueva ideología que nosotros modernos leemos claramente: la reivindicación femenina».

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