Napoleón Gambetta, conocido en los ambientes políticos salteños con el apodo de “Camaleón”, volvió a sorprender con una de esas transformaciones que ya son parte del paisaje político provincial. El otrora radical ahora se anima a diagnosticar los males del PJ y sentencia que en Salta “no hay partidos políticos, están los nombres”. Una observación profunda, casi revolucionaria, especialmente viniendo de alguien que conoce de primera mano el arte de cambiar de color según el escenario. Si mañana el viento sopla hacia otro lado, habrá que estar atentos: quizá Gambetta nos explique también la crisis del radicalismo desde el peronismo, la del peronismo desde otro partido y, llegado el caso, la de todos desde el lugar que corresponda.
“Inventamos candidatos que no sirven para nada”, disparó el exinterventor judicial del PJ. ¿Qué no tiene espejo en su casa? Uno podría preguntarse si el diagnóstico incluye también a aquellos dirigentes que durante años circularon por distintos espacios políticos buscando una boleta donde acomodarse. En Salta, donde algunos dirigentes parecen tener una extraordinaria capacidad para reinventarse sin necesidad de cambiar de DNI, hablar de coherencia partidaria puede convertirse rápidamente en un ejercicio de alto riesgo.
Ahora Gambetta celebra que el PJ haya recuperado autoridades. Resulta inevitable preguntarse si el Camaleón de la política salteña también está dispuesto a reconstruir algo más difícil: la memoria. Porque los partidos necesitan dirigentes, formación y programas, sí; pero también necesitan dirigentes que puedan explicar dónde estuvieron ayer, dónde están hoy y, sobre todo, dónde piensan estar mañana. En Salta, con tantos cambios de camiseta, quizás el verdadero problema no sea la falta de partidos, sino la abundancia de jugadores que parecen tener todas las camisetas del vestuario.




