En el Senado argentino parece que las cuestiones de privilegio ya vienen con manual de convivencia incluido. María Emilia Orozco decidió subir la vara y pidió echar a Mario “Pato” Russo, asesor de Victoria Villarruel, al que acusó de prepotencia y de haber amenazado a otro libertario con una frase digna de una pelea de cantina:
“Te voy a tirar por la ventana”. La senadora salteña, alineada con Karina Milei, se mostró escandalizada por los supuestos modales del asesor y reclamó tolerancia cero con el “patoterismo”. Una preocupación saludable, aunque resulta llamativo que la indignación aparezca justo cuando el conflicto entre Villarruel y la Casa Rosada está en uno de sus mejores momentos.
Orozco, que tampoco es precisamente una recién llegada a las internas del Senado —su desembarco estuvo acompañado por un entredicho con el entorno de Villarruel por un despacho—, decidió ahora ponerse el traje de inspectora de buenos modales de la Libertad Avanza. El pedido puede ser perfectamente atendible si se comprueba una amenaza, pero cuesta no advertir el aroma a interna política: mientras el Congreso debería discutir leyes, los libertarios se dedican a discutir quién patoteó a quién, quién filtró un WhatsApp y quién merece ser echado. Todo muy republicano, institucional y sereno: la motosierra llegó al Senado y, por ahora, parece especializada en cortar cabezas dentro del propio oficialismo.




