Aunque la Fiscalía archivó la causa por falta de pruebas, el exgobernador insiste en que sufrió un atentado y acusa al Ministerio Público de encubrir una “sociedad” entre Milei y Sáenz. En pleno cierre de campaña, Urtubey volvió al centro del ring con un discurso de víctima y épica democrática.
A tres días de las elecciones, Juan Manuel Urtubey decidió volver a escena con un libreto que ya había quedado sin público: el del atentado que nunca fue. En su cuenta de X, el exgobernador aseguró que la Fiscalía actuó “sin investigar, sin pruebas y sin ir al lugar” para encubrir una alianza entre Javier Milei y Gustavo Sáenz. Todo esto, pese a que el Ministerio Público ya demostró —con pericias, análisis y testimonios— que el hecho denunciado no existió.
“Es vergonzoso lo que están haciendo”, escribió Urtubey en tono de cruzado republicano, denunciando un complot entre el gobierno nacional y el provincial. Y como buen candidato en horas decisivas, cerró con épica: “Este domingo nos jugamos todo”.
La escena tiene un aire familiar: un dirigente que se declara perseguido por el poder justo cuando el calendario electoral aprieta. Lo curioso es que, mientras la Justicia archivó el caso por falta de evidencias, Urtubey decidió archivarse a sí mismo en la categoría de mártir político.
Entre la paranoia y la estrategia, su relato apunta más a “empiojar” el tramo final de la campaña que a esclarecer nada. El exgobernador parece haber encontrado una nueva función: la del profeta del complot, decidido a resucitar políticamente con cada tuit indignado. El problema —para él, no para la Justicia— es que las balas siguen sin aparecer.




