Libertarios y camporistas ensayan coreografías impensadas, el PJ vuelve a invocar viejos fantasmas y la dirigencia local convierte cada foto en un acto político. En Salta, la coherencia cotiza a la baja y la rosca se reinventa como espectáculo permanente.
Kim Im Porta
Hay algo en la política gaucha que ya no se puede explicar con categorías clásicas. Ni grieta, ni ideología: acá lo que hay es una especie de multiverso donde los antagonismos se suspenden por conveniencia. En ese laboratorio permanente, “Avancemos” vuelve a insinuarse como formato operativo. No como novedad, sino como secuela. Una secuela sin pudor.
El episodio de la semana tuvo un disparador concreto y, sobre todo, textual. En el marco de la causa Cuadernos, Cristina Fernández de Kirchner volvió sobre el capítulo salteño con una acusación de alto voltaje. La referencia, sin eufemismos, apuntó a Gustavo Sáenz, metiéndolo de lleno en una narrativa judicial que el oficialismo provincial venía esquivando.
La frase no cayó en el vacío. Minutos después, desde La Cámpora, Mayra Mendoza amplificó el mensaje: “No tienen una sola prueba contra CFK pero sí hay fotos de Gustavo Sáenz con Carlos Stornelli y Marcelo D’Alessio”.
Hasta ahí, el libreto era previsible. Lo inesperado —o lo cada vez menos inesperado— llegó desde el universo libertario. La senadora nacional Emilia “Manaos” Orozco se subió al pony, con un mensaje que no desentonó en lo más mínimo con el tono camporista: “@GustavoSaenzOK usaste y seguís usando todos los artilugios y los medios de Salta para ensuciarme y bastardear a LLA, y resulta q el único sucio en todo esto siempre fuiste vos. Una más… Espero que la justicia avance…”.
La sincronía fue total. Misma dirección, mismo objetivo, mismo timing. Figuras con peso propio dentro de sus espacios, que deciden —sin coordinación explícita, pero con resultados idénticos— confluir en un mismo frente discursivo contra el oficialismo provincial.
En ese marco, el recuerdo de 2023 deja de ser un pie de página. El frente “Avancemos”, que reunió a libertarios, olmedistas y sectores del kirchnerismo local bajo una misma boleta, ya había anticipado esta dinámica. Lo que entonces parecía una anomalía electoral hoy empieza a consolidarse como práctica política.
La escena fue tan burda que hasta Flavia Royón se sintió con derecho a salir a jugar: “El equipo de Orozco y Olmedo vuelve a alinearse con el kirchnerismo para atacar al gobernador @GustavoSaenzOK. No es nuevo: ya lo hicieron en la campaña de 2023. Ahora resulta que Cristina Fernández de Kirchner dice la verdad…”, tuiteó.
La ironía es inevitable. Y ahí es donde “Avancemos” deja de ser un experimento raro para convertirse en algo mucho más inquietante: un formato disponible, listo para ser reactivado cada vez que la coyuntura lo requiera. Un tren fantasma que, lejos de dar miedo, ya parece parte del paisaje.
El PJ y su eterno déjà vu
En medio de las turbulencias que azotan al PJ local desde su intervención, Santiago “Indio” Godoy reapareció en escena como quien nunca se fue. Con la misma predisposición de siempre para defender la gestión “U”, se lanzó a justificar los cuestionamientos sobre el Fondo de Reparación Histórica con una frase que ya es casi un clásico involuntario: “Si hay obras que no se hicieron es muy fácil de comprobar”.
Y es cierto. Tan cierto como que este medio logró documentar más de una veintena de obras sin finalizar tras una extensa recorrida por el interior provincial. Pero ahí es donde la narrativa se vuelve elástica: lo que antes era motivo de orgullo hoy se explica como una consecuencia inevitable de decisiones ajenas.
El intento de despegar al Poder Legislativo de esas responsabilidades también resulta llamativo. Sobre todo porque el propio Godoy, en sus años de protagonismo parlamentario, sostenía un discurso bastante más activo respecto al control y destino de los recursos. Un archivo de 2011, donde cuestionaba endeudamientos previos, aparece hoy como un espejo incómodo: “El Fondo de Reparación no será para pagar deudas como hizo Romero”, proclamaba.
Lo que algún viajero en el tiempo debió haber advertido a quien lo entrevistaba es que, si bien los millones del fondo no se utilizaron para pagar deuda, si fueron el motivo por el cual se generó otra: El Plan Bicentenario, otro lastre del gobierno “U” para tapar el bache que dejó el ruinoso FRH.
El “lado B” de la transparencia
En la política local las imágenes pesan y mucho. A veces más que cualquier declaración formal. Por eso, el encuentro entre Gonzalo Guzmán Coraita y Mónica Juárez no tardó en convertirse en material de especulación.
La escena era simple: café, medialunas y charla de sábado. Pero en la lógica de la rosca, ese tipo de encuentros nunca son inocentes. Menos aún cuando se trata de dirigentes que orbitan espacios distintos y cuando el calendario electoral empieza a asomar en el horizonte de 2027.
Las explicaciones no tardaron en llegar. Juárez habló de una reunión vinculada a la Convención Constituyente y a cuestiones judiciales pendientes. Una charla “civilizada”, según sus propias palabras, destinada a cerrar conflictos personales. Incluso se encargó de marcar distancia con las ideas libertarias.
Sin embargo, en política las aclaraciones rara vez logran desactivar del todo las interpretaciones. Porque el problema no es lo que se dice después, sino lo que la imagen ya instaló. Y esa imagen, para muchos, tenía gusto a ensayo general de algo más.
La sospecha, alimentada por antecedentes de cruces y denuncias entre ambos, no hizo más que reforzar la idea de que en la política salteña las fronteras son cada vez más difusas. “Yo no comulgo con las ideas de Javier Milei”, se excusó Juárez. Sin embargo, no fueron pocos los que, al ver la postal, se preguntaron si el menú “incluía panqueques”.
Gino, del bombo al algoritmo
Si hay una historia que sintetiza el espíritu de la semana, es la de Gino Di Matteo. El convencional municipal libertario quedó en el centro de la escena tras la circulación de una foto que lo muestra en sus años de militancia en la Juventud Peronista, junto a Pablo Kosiner.
La imagen, que pertenece a otra etapa de su recorrido político, funciona como un contraste brutal con su posicionamiento actual. De la liturgia peronista a la épica libertaria en tiempo récord. Una metamorfosis que, en cualquier otro contexto, podría leerse como evolución. Pero en la política local, suele interpretarse más bien como oportunismo.
El cambio de identidad no es solo simbólico. Implica también un giro discursivo que lo ubica hoy como defensor de las ideas de Javier Milei, en un registro que combina épica juvenil con una agresividad selectiva hacia el periodismo. Su cruce con el notero Samuel Baldiviezo, sumado a su tendencia a tildar de “ensobrados” a cuanto comunicador se le ponga en frente, lo posiciona como uno de los exponentes más ruidosos de la nueva camada libertaria.
Sin embargo, ese discurso choca con zonas grises difíciles de explicar. Entre ellas, el financiamiento de su portal “Mirada Crítica”, sostenido con recursos provenientes de las dietas legislativas del propio espacio. Una contradicción que erosiona el relato de pureza con el que se presenta lo “nuevo”.
La aparición de la foto junto a Kosiner no solo reaviva el debate sobre su trayectoria personal, sino que también pone en cuestión una narrativa más amplia: la de una renovación política que, en muchos casos, parece construida sobre reciclajes veloces más que sobre convicciones firmes.




