Leonardo Murolo, Doctor en Comunicación de la Universidad Nacional de Quilmes dictó un posgrado. “Fake news” o “posverdad”, las redes sociales, la tv on demand y los videojuegos no quedaron ajenos a la discusión de los nuevos consumos masivos en la población. (Por Nicolás Pantaleón Abalos)

 

El lunes y martes pasado se dictó en la Universidad Nacional de Salta el curso de posgrado “Tecnologías, política y cultura pop. Usos y narrativas de la Comunicación” a cargo del Dr. en Comunicación Leonardo Murolo. Fue becario investigador del CONICET y actualmente es docente y director de la carrera de Comunicación Social de la Universidad de Quilmes. Murolo fue invitado a dar una conferencia en el marco del XXI Congreso de la Red de carreras de Comunicación Social y Periodismo de Argentina que se realizó 16 de octubre pasado en la Facultad de Humanidades.

Aunque el título del posgrado suene muy complejo, durante los días que duró el seminario se discutió el rol de las tecnologías en el quehacer cotidiano y se replantearon conceptos que en pleno siglo XXI quedaron obsoletos, pero que dieron paso a nuevos como “fake news” o “posverdad”. Las redes sociales, la tv on demand y los videojuegos no quedaron ajenos a la discusión de los nuevos consumos masivos en la población.

Murolo inscribe el seminario como parte de un proyecto de investigación que lleva adelante con su equipo y que comenzó en mayo de este año pero que ya viene desde el 2015 indagando sobre el “uso y narrativas de las tecnologías digitales”. Con la aparición de las redes sociales, la comunicación político digital el campo de estudio se hizo más grande. “Presentamos tres líneas de investigación: audiovisual digital, usos de las tecnologías por parte de los jóvenes y comunicación política en redes” contó el especialista a Cuarto Poder durante su paso por Salta; y agregó que el curso sirvió como un “pantallazo para ver desde dónde se cuenta la sociedad contemporánea”.

La espectacularización de la política

Además de docente e investigador, Murolo y su equipo escriben ensayos para medios de nacionales como Página 12 y Tiempo Argentino. Entre ellos menciona dos artículos recientes en los que se abordan los debates presidenciales y lo describe como una “práctica que se copia de una lógica estadounidense bajo la idea de un mayor apego a las dinámicas democráticas, pero que en lo fáctico deviene en un show mediático”. La puesta en escena de las propuestas de los candidatos queda reducido a un “programa de entretenimiento de preguntas y respuestas”, premeditado por los tiempos y temas pautados con antelación. “Se trata de una estructura que no fomenta la idea de debate sino de un show televisivo” aseguró.

Lo más alarmante para el comunicólogo es que la discusión de los candidatos en pantalla está establecido por la ley 27.337 de Debate Presidencial Obligatorio desde 2016; pero con una “dinámica trazada con anterioridad por el mundo del espectáculo”. “Lo podemos decodificar, lo entendemos y lo aplicamos ahora al universo de la ciudadanía, porque deberíamos tomar decisiones en base a ello” sostiene.

Otro punto que tiene en cuenta en su análisis es el sistema de turnos a través del coacheo, “el súper ensayo”, y que devine en una puesta escena propia de una ficción. “Vemos a candidatos que ya saben que van a decir cuando le pregunten lo que pregunten. Esa falta de espontaneidad tampoco lo convierte en debate sino en ficción” asegura Murolo y puntualiza que “es un monólogo, lo más parecido al stand up que al debate de ideas”.

 

 Nuevas prácticas en una cultura de la convergencia

Más allá de los usos tecnológicos actuales, el investigador propone hablar de una cultura de la convergencia como “la posibilidad de hacer varias cosas en un mismo aparato”. Tomar una foto, enviar un mail, escuchar música y una infinidad de funciones, que permitan “desarrollar cultura y crear comunidades de sentido”.

Sin alejarse de una perspectiva culturalista y no determinista, Murolo postula que “son los sujetos sociales, que proponen las dinámicas y las prácticas y usos de las tecnologías que luego se generalizan” y hasta en ocasiones suelen replicarse y en otros casos traspasan las barreras generacionales. “Los avances tecnológicos alrededor de internet, la telefonía móvil, los videojuegos y redes sociales van a nuclear tantas prácticas tan cotidianas como incorporadas; pero entendemos también que el humor se hizo meme, la selfie cuenta la instantaneidad o que el feed se volvió una herramienta poderosa para el periodismo”, aclara el investigador de la Universidad de Quilmes.

Estas nuevas prácticas trabajan en colaboración con la inmediatez y en una lógica de consumo fragmentado. Además menciona que los jóvenes son los encargados de modificar y transferir a la cultura adulta algunas prácticas, como “el youtuber, la selfie, el meme”.  Luego son retomados por la industria cultural y la política. Esta última en un sentido amplio que escapa a los políticos o los partidos sino que se transfiere a causas políticas, como el feminismo, el ambientalismo.

Por otro lado, explicó también que los conceptos de “nativos e inmigrantes digitales” quedaron obsoletos con 20 años de antigüedad. “No le hace justicia pensar a un sujeto de la comunicación actual que vive produciendo sentidos y lenguajes si se divide entre inmigrantes y nativos” sostuvo el docente.Entonces pensar al sujeto de la contemporaneidad como un hacedor de cultura o un negociador de sentidos o lenguajes, es una forma para poder entrar al escenario de las tecnologías y no pensar que ellas vienen a gobernarnos al estilo Black Mirror”. Una idea muy similar a lo que propone el semiólogo Umberto Eco desde “apocalípticos e integrados”.

La “verdad” en tiempos de “fake news”

Entre los temas que se dictaron en el posgrado se discutió sobre las famosas “fake news” o en español “noticias falsas”. Esta categoría se puede pensar desde una intención de desinformar. Murolo explica que “pensar en fake news, es una actividad intencional que tienen que ver con una operación de prensa o con la defensa de ciertos intereses contra otros. Por lo tanto preferimos llamarla desinformación”.

El terreno por el que se mueven son los medios tradicionales, pero tiene su asidero fuerte en las redes sociales. “Allí va a circular dado los niveles y las formas de consumo. Vivimos leyendo información en la misma jerarquía de un tweet, un meme o una selfie” explica el docente y agrega que “también leemos un enlace de una noticia y lo consumimos y salimos por la vida presencial repitiendo las cosas que leímos escuchamos y vimos en el periodismo”.

El problema con la desinformación es que se enmarca dentro del campo del periodismo a quien le atribuimos “la verdad”, aunque no coincidan con la realidad o sus fuentes no estén efectivamente chequeadas. La solución entonces deviene en una “doble labor periodista”. Es decir, ya no es el periodista o el medio, los encargados de la verificación de los datos, sino que el ciudadano además de ser contribuyente, elector, trabajador; “debe salir corriendo a verificar esa información”.

Es pues, en este punto un desafío importante del periodismo y de sus audiencias: repensar algunos conceptos a la luz de los medios digitales. Al mismo tiempo que reflexionar sobre la dimensión que afecta el pleno desarrollo de la democracia y la ciudadanía.

El campo de la comunicación en crecimiento

El doctor Leonardo Muralo actualmente es el director de la carrera de Comunicación Social en la Universidad de Quilmes. Al mismo tiempo forma parte de la Red de carreras de comunicación social y periodismo de Argentina (REDCOM).

Desde ese espacio institucional, Murolo avizora que “el campo de la comunicación siempre crece, es renovado, y político”. En este sentido, mencionó que desde la red están en contacto permanente para debatir “cuestiones que tienen que ver las orientaciones de las carreras” de acuerdo a cada territorio.

En total son 31 carreras de comunicación de Universidades públicas que integran REDCOM en el país, y sólo tres son de gestión privada. Este año se sumaron las carreras de Tucumán, Cuyo, Nordeste y Rafaela.

 

 

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