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Pantaleón Rivarola: Las invasiones inglesas

 

Martín Miguel Güemes Arruabarrena

 

Este hecho fundacional de nuestra independencia–las invasiones inglesas–taller de forja de las vivencias patrias, nos lleva a evocar a sus protagonistas más heroicos. Sobre todo al pueblo que es quien hace la historia. Pues, fue allí, a orillas del Río de la Plata, que los hermanos fuimos unidos para derrotar al orgulloso Imperio Británico. Pantaleón Rivarola cantará, en verso gaucho, la gesta reaccionaria. La globalización imperialista fue rechazada en las calles porteñas. Malvinas, nuestro suelo irredento, fue la venganza usurpadora del Imperio (1833). Es nuestra épica pendiente, inconclusa… que no necesariamente deberá ser guerrera. Es nuestra cuestión previa, el nudo vital de nuestra emancipación integral.

Nacido–Pantaleón Rivarola–el 27.07.1754, bachiller de humanidades, recibido en la Universidad de San Felipe (Chile), doctor en Derecho Civil y Canónico, notario Mayor del Santo Oficio, fue titular de filosofía del Colegio de San Carlos (17.02.1779), e integrante de la Junta Conservadora de la Libertad de Imprenta (1812), falleció el 24.09.1841. Podemos ampliar la síntesis anterior, afirmando que después de su paso por el Bachillerato de Humanidades, en 1809 (al igual que Manuel Dorrego), viajo a Chile, en cuya Universidad de San Carlos obtuvo el doctorado en derecho civil y canónico. Por sus conocimientos e inteligencia fue designado catedrático de prima de Leyes en la misma universidad, al igual que Notario Mayor del Santo Oficio en el Reino de Chile. Al regreso a Buenos Aires (17.02.1779), fue designado titular de filosofía en el Colegio de San Carlos, entre sus discípulos se encontraba Juan José Castelli, quien sigue un camino distinto, de las lecciones del sacerdote. Las órdenes de Moreno (sugeridas por Lord Stangford), de fusilar a Liniers, en Cabeza de Tigre (Córdoba), es ejecutada por el llamado: orador de la revolución, adalid de las ideas jacobinas. En el mismo Colegio de San Carlos, el Padre Rivarola es nombrado Prefecto de Estudios, con posterioridad se hizo cargo de la capellanía del Tercer Batallón del Regimiento de Infantería el Fijo fuerza regular encargada de la defensa de la ciudad, y del Río de la Plata. Su conocimiento de las letras, de la filosofía, se completó con el conocimiento de las armas, en el Cuartel militar. Sin dudas, lo más trascendente de su vida pública, fue dejar un testimonio histórico. Es una muestra de que esos 2000 versos octosilábicos, fueron un acto de deliberada fundación de la poética nacional y popular. Basada en la reiterada prepotencia del Imperio Británico en nuestra tierra irredenta (Malvinas).

Como bien expresa Osvaldo Guglielmino, en su libro: “Pantaleón Rivarola y las atrocidades inglesas”, fue nuestro primer poeta patrio. Confesor y guía espiritual en cosas de la tierra y el cielo, del alférez Martín Güemes. En la conferencia pronunciada por Ricardo Rojas, el jueves 16 de Diciembre de 1915, en el acto de inauguración de la Galería Güemes, en la Capital Federal, expresó: “(…) pero se me ocurre advertir que por aquellos años de 1800, era profesor de filosofía en el Carolino, y a la vez capellán del regimiento donde revistaba Güemes, aquel famoso Pantaleón Rivarola, autor más tarde de un romance heroico sobre las invasiones inglesas… Es muy posible que el capellán Rivarola simpatizara con el joven cadete provinciano… “.

Repasemos juntos, amigo lector, la lista del Regimiento Fijo (15.05.1807), aquí va: “(…) Pie de lista de los individuos que de dicho regimiento se hallan en esta plaza, hoy día de la fecha, y sirve para la Revista del presente mes.

3ª de Granaderos–Cadete don Martín Güemes–Presente –

Plana Mayor del 3º Batallón–Capellán Pantaleón Rivarola–Presente –

(A.G.N IX. 28-3-7 Regimiento de Infantería de Bs. As. 1803-1810)”. Datos obrantes en la obra: “Güemes Documentado”, tomo 1º, del Dr. Luis Güemes Ramos Mejía.

El maestro Osvaldo Guglielmino, oriundo de Pehuajo (“estero profundo”), rastreador de huellas perdidas, y arriero de sueños olvidados en su pago natal, pudo encontrar, y escribir obras fundamentales para nuestro acervo cultural, y tradicional. Su padre fue panadero, y al igual que don Juan Riera (en Salta), cuando el pan salido del horno, anunciaba el despuntar del día trabajador, dejaba la puerta abierta a los humildes de su querencia bonaerense. Después, en su camioneta recorría las calles, los caminos, vendiendo su pan, cocinado en la fragua de amor de su corazón. Así, el pan, como en la última cena de Jesús, estaba sobre la mesa de los paisanos, junto al mate; y esperaba el asado para descorchar el vino de la cordialidad gaucha.

En esos pagos, vivía también Rafael Hernández, el hermano menor de Martín Fierro. Tal fue la identificación del pueblo, en relación a José Hernández, que cuando falleció, al estar en funciones legislativas, los diarios anunciaron: ¡ha muerto Martín Fierro! En su libro: “Pehuajó, nomenclatura de sus calles”, publicado por la Municipalidad epónima en 1896, Rafael Hernández expresa: “(…) Lo primero que conviene estudiar en nuestras escuelas es la geografía, el idioma, la historia y la naturaleza del suelo nacional, porque aquí hay que vivir, aquí hay que comerciar, aquí hay que templar nuestro espíritu para la lucha en la vida; aquí están nuestra afecciones y aquí está nuestra felicidad o desgracia, nuestra fortuna o miseria, pues por las mismas razones hay que conocer nuestros literatos y nuestra literatura, que es la palpitación más reflexible de la vida nacional. Con esto vendremos a sellar la reacción de la vieja escuela que nos educaba eruditos y envidiosos de todo lo extranjero, manteniéndonos ignorantes de nuestra propia historia, nuestra geografía, nuestra espléndida naturaleza y hasta de los ingenios que han ilustrado nuestras letras. En este libro, Rafael Hernández recuerda al poeta sacerdote, que canta las gloriosas escenas populares, en las invasiones inglesas. Pantaleón Rivarola dedica el poema a don Santiago de Liniers, héroe de la Defensa y Reconquista de Buenos Aires. No olvidemos, que la primera edición de la obra del P. Pantaleón Rivarola, fue editada en la Casa de Niños Expósitos en 1807, y que luego se realizó una edición limitada, en Montevideo, en 1851. En su “Antología de la poesía argentina” de la Cruz Puig, en 1910, advierte: “(…) fue mandada a recoger apenas emitida…”. ¿Fue la descripción de la barbarie de la mentalidad anglosajona, imperialista, de la heroicidad del pueblo ante el atropello, lo que motivo la medida coercitiva? Al igual que ayer, después del combate de Malvinas (1982) y/o después de la victoria en el mundial de futbol (2026), al equipo inglés, la desmalvinizanción es una orden imperial. Ni poesía, ni futbol, son permitidos, porque ambos embargan el alma nacional, de sano y patriótico sentimiento territorial. Leamos entonces su poema: “La Gloriosa Reconquista y La Gloriosa Defensa de Buenos Aires 1806–1807”, para aventar el fuego escondido en el rescoldo de nuestra tradición nacional.

Pantaleón Rivarola es, pues, el primero de nuestros autores que declara las razones que lo inducen a cantar de una manera determinada: “(…) Presento en verso suelto la historia de la gloriosa reconquista de la Capital de Buenos Aires, que fue sorprendida y tomada por los ingleses el 27 de Junio de 1806”. Luego afirma: “(…) porque la poesía, desde el principio del mundo, ha sido la que ha inmortalizado los gloriosos hechos de los héroes de la religión y de la gentilidad”. Atención pido a la escritura, cuando manifiesta: “(…) Escribo en verso corrido, porque se acomoda mejor al canto usado en nuestros comunes instrumentos, y por consiguiente, es el más a propósito para que toda clase de gentes lo decore y cante: los labradores en su trabajo, los artesanos en sus talleres, las señoras en sus estrados y la gente común por las calles y plazas”. De esta forma, canta opinando contra la barbarie exógena.

“¡Oh, vil pirata sangriento! / Que a pesar de tu altivez /has sido más de una vez /

De nuestra gloria instrumento / ¿acaso tendrás aliento para nuevas invasiones? /

Por ventura tus facciones / querrán renovar el miedo / que tuvieron el denuedo /

De los Indianos campeones.

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