Al presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, la modestia parece haberle quedado chica. Después de imponerse en el balotaje del 25 de octubre frente a Flávio Bolsonaro, el mandatario brasileño consideró que su reelección no fue solamente una victoria para su país, sino un acontecimiento de alcance planetario. A este ritmo, quizás también reclame algún mérito por el próximo amanecer.

«Fue una victoria no para Brasil, fue una victoria para el mundo. Está inspirando al mundo entero», declaró Lula. Una definición que permite sospechar que el dirigente está considerando cambiarse el nombre: Luiz Inácio ya no, ahora podría ser simplemente Modesto.

El presidente brasileño vinculó su triunfo electoral con los recientes reveses políticos de sus adversarios internacionales, entre ellos el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y el presidente estadounidense, Donald Trump. «En la misma semana en que gané, Netanyahu perdió en Israel y me parece que mi amigo Trump está perdiendo en Estados Unidos», sostuvo.

La comparación es ambiciosa. Lula no sólo celebró su propia victoria, sino que se atribuyó una suerte de efecto dominó sobre la política internacional. Una interpretación generosa de los acontecimientos que deja a Brasil bastante más cerca de conducir el planeta que de administrar sus propios asuntos.

El mandatario también sostuvo que el resultado electoral representa una defensa de la soberanía brasileña frente a las presiones externas. «El pueblo brasileño despertó para decir que Brasil no acepta ser el patio trasero de nadie», afirmó.

Por ahora, Lula deberá conformarse con gobernar Brasil durante un nuevo mandato. Aunque, a juzgar por sus declaraciones, la tarea parece quedarle algo chica. Si su victoria fue un triunfo para el mundo, habrá que ver qué nombre se pone cuando consiga terminar su próximo mandato. Modesto, desde luego, no parece una opción demasiado probable.