La nueva intervención del Partido Justicialista revivió a viejos dirigentes que vuelven a escena con discursos encendidos. Pero muchos de los que hoy hablan de resistir a la derecha liberal fueron, no hace tanto, socios silenciosos del macrismo en el Congreso y en la rosca nacional.
Kim Im Porta
El Partido Justicialista de Salta atraviesa otro capítulo de su larga agonía política. Convertido hace tiempo en un sello de goma, debilitado en las urnas y con una representación cada vez más difusa en la sociedad salteña, el PJ vuelve a ser intervenido. La novedad —si es que puede llamarse así— es que la nueva etapa parece venir acompañada por la resurrección de viejos dirigentes que llevaban años fuera de la escena.
El nombre que suena con más fuerza para conducir esta etapa es el de Pablo Kosiner, quien se encamina a asumir como interventor del partido. Lo acompañaría Nora Cannuni, en reemplazo de Sergio Berni y María Luz Alonso, los interventores salientes.
La misión formal de la intervención es conocida: ordenar padrones, normalizar la estructura partidaria y convocar a elecciones internas que permitan renovar autoridades. En los papeles suena razonable. En la práctica, sin embargo, el panorama es mucho más complejo. Porque el PJ salteño no solo perdió elecciones. También perdió centralidad política. Perdió identidad. Y, sobre todo, perdió credibilidad.
La pregunta que muchos se hacen en la política provincial es si una nueva intervención puede realmente revivir a un partido que hace años viene acumulando derrotas y fracturas internas.
El nuevo “peronismo puro”
En las últimas semanas, Kosiner comenzó a reaparecer en medios y entrevistas con un discurso que intenta recuperar la épica peronista. En ese marco lanzó una frase que rápidamente circuló en el ambiente político: “La línea directriz que divide hoy el pensamiento argentino es Javier Milei. Es muy claro: o se está a favor o se está en contra”.
El exdiputado también hizo autocrítica por los últimos resultados electorales en Salta y sostuvo que la fragmentación de la oposición terminó favoreciendo a La Libertad Avanza. Según su análisis, si el arco opositor hubiera logrado una estrategia unificada, el resultado podría haber sido competitivo.
Pero hay un detalle que no pasa desapercibido para muchos dirigentes peronistas: la memoria política suele ser corta, pero no tanto. Kosiner hoy se presenta como un peronista de paladar negro, defensor de la doctrina y crítico de la derecha liberal. Sin embargo, cuando ocupaba una banca en la Cámara de Diputados durante el gobierno de Mauricio Macri, su comportamiento legislativo contó otra historia.
Durante aquellos años, el Congreso trató varias reformas estructurales impulsadas por el Ejecutivo nacional. Entre ellas, la reforma tributaria que avanzó tras un acuerdo entre el gobierno nacional y 23 de los 24 gobernadores del país, incluido el entonces mandatario salteño Juan Manuel Urtubey.
El paquete incluía modificaciones en la distribución de impuestos y beneficios fiscales para distintos sectores productivos. En ese contexto, legisladores de distintos bloques alertaron sobre el posible impacto en las cuentas públicas y en el financiamiento de la ANSES.
A pesar de esas advertencias, las iniciativas avanzaron con el acompañamiento de varios legisladores que, en teoría, representaban al peronismo. Entre ellos, Kosiner. Ese dato es el que hoy vuelve al centro del debate cada vez que el exdiputado intenta trazar una línea divisoria entre el peronismo y el liberalismo económico.
El Indio, Wayar y el festival de pases de factura
La nueva intervención no solo reactivó la discusión sobre el rumbo del partido. También provocó la reaparición de varios dirigentes históricos que no tardaron en entrar a la pelea.
Uno de los primeros en salir a respaldar a Kosiner fue Manuel Santiago “Indio” Godoy, histórico referente del peronismo provincial y hombre del urtubeycismo desde sus primeros tiempos. Godoy no se guardó críticas contra el actual esquema de poder provincial y apuntó directamente contra el gobernador Gustavo Sáenz.
“Sáenz pone un candidato y pone la plata y adiós democracia en el partido”, lanzó sin rodeos. Y fue más allá: según su lectura, si el PJ logra reorganizarse, el escenario electoral podría volver a dividirse en tres tercios en las próximas elecciones. La lectura no es inocente. En política, cada diagnóstico es también una estrategia.
Pero el respaldo del Indio no fue la única voz que se escuchó en los últimos días. En la dirección contraria, el histórico dirigente Walter Wayar aportó su propia radiografía del peronismo salteño. Y su diagnóstico fue tan crudo como revelador.
Según Wayar, el punto de quiebre del PJ comenzó en 2007 con el inicio del ciclo político de Juan Manuel Urtubey. “El Partido Justicialista con sus aciertos y sus errores hasta 2007 seguía siendo un partido fuerte electoralmente. De 2007 para adelante empezó una debacle”, señaló.
En su análisis, uno de los factores centrales fue la creación de una comisión de Acción Política que terminó restándole poder al Consejo Provincial del partido. A partir de allí —según explicó— comenzaron a proliferar partidos aliados y sellos satélites que ocuparon cada vez más espacios institucionales. El resultado fue un progresivo vaciamiento del PJ como herramienta electoral.
Wayar utilizó un ejemplo contundente: la elección de 2021 en la capital salteña, donde el justicialismo no logró colocar ni un solo concejal entre las 21 bancas que estaban en juego. Aun así, el dirigente evitó cargar toda la responsabilidad en una sola figura. “Echarle la culpa a una sola persona sería no hacer autocrítica”, reconoció.
Un PJ en busca de identidad
La discusión interna no termina ahí. Otro dirigente que salió a marcar posición fue el exapoderado del PJ Raúl Romeo Medina, quien fue directo al punto que muchos prefieren esquivar. “Kosiner le votó a dos manos las leyes a Macri”, disparó.
La frase resume el dilema que hoy atraviesa al peronismo salteño: la dificultad para definir qué quiere ser. Porque la nueva intervención pretende ordenar el partido, pero también expone una contradicción más profunda. Dentro del mismo espacio conviven dirigentes que apoyaron activamente políticas del macrismo con otros que se reivindican como opositores históricos a ese modelo.
Wayar incluso deslizó que esa tensión podría reflejarse en la propia conducción de la intervención. Según explicó, si finalmente conviven en ese esquema Kosiner y María Luz Alonso —representante del kirchnerismo— la contradicción política sería evidente. “Alonso debería representar a quienes nunca acompañaron las leyes de Macri. Kosiner acompañó esas leyes. Si están los dos, están en contradicción”, advirtió.
En otras palabras: el peronismo salteño todavía no resolvió qué peronismo quiere ser. Mientras tanto, desde otros sectores políticos observan la escena con ironía. Algunos referentes locales no dudan en calificar el proceso como un intento desesperado por conservar una pequeña cuota de poder.
La crítica es brutal: hablan de “manotazos de ahogado” de un partido que perdió cinco elecciones consecutivas, que ni siquiera puede sostener su estructura económica y que ya no ocupa un lugar central en la conciencia política de los salteños.
Puede sonar exagerado. O puede ser un diagnóstico incómodo. Lo cierto es que, mientras el PJ intenta reinventarse una vez más, el espectáculo que ofrece por ahora es el de siempre: viejos dirigentes que vuelven a escena, discursos inflamados contra enemigos recientes y una memoria política que, curiosamente, suele empezar justo donde conviene.




