La burocracia libertaria contra una embarazada

 

Martín Menem volvió a demostrar que en la nueva política libertaria la sensibilidad social tiene menos lugar que un meme en cadena de WhatsApp. Mientras Marcela Pagano atravesaba complicaciones en el tramo final de su embarazo y presentaba un certificado médico con indicación de reposo absoluto, desde la presidencia de la Cámara llegó una respuesta burocrática digna de un empleado de recursos humanos en modo automático: “Precise cuánto tiempo durará el reposo”. Como si un embarazo complicado pudiera administrarse con la lógica de un turno en la VTV o una licencia por resfrío.

La escena expone algo más profundo que una simple torpeza administrativa. El oficialismo que convirtió la “defensa de la vida” en slogan permanente parece entrar en cortocircuito cuando esa vida implica derechos concretos, cuidados reales o contemplaciones mínimas hacia una mujer embarazada. En la Cámara de Diputados todavía no existe licencia por maternidad para legisladoras, pero eso no impide que algunos dirigentes se llenen la boca hablando de familia, valores y natalidad en cada entrevista televisiva. La contradicción es brutal: se romantiza la maternidad en los discursos mientras se la castiga en la práctica parlamentaria.

Lo más curioso es que La Libertad Avanza llegó prometiendo dinamitar privilegios de la política y terminó reproduciendo el viejo vicio del poder deshumanizado, donde la empatía siempre queda subordinada al reglamento y a la rosca interna. Menem, que suele mostrarse hiperactivo para ordenar discusiones partidarias y conflictos en redes sociales, no encontró ni cinco segundos para ensayar una respuesta con algo de humanidad. Tal vez en el oficialismo crean que el embarazo es una conspiración kirchnerista o un exceso de gasto público. Porque si algo quedó claro en este episodio es que, detrás de la épica libertaria, muchas veces sólo hay planillas, marketing moral y dirigentes incapaces de distinguir entre una mujer embarazada y un trámite administrativo.