A sus cuarenta y pico, Ketty Rosso descubre que las obras se hacen con plata y El Tribuno lo presenta como un hallazgo casi revolucionario. Los vecinos de Güemes, chochos.

 

“Proponen concretar obras públicas con aportes de los vecinos”, publica el Diario El Tribuno en su edición de este miércoles. El título no engaña. De hecho, dice exactamente lo que es. Tan exacto que resulta casi una revelación involuntaria: las obras públicas se harían con plata de la gente. Como anunciar que un colectivo avanza con combustible o que la luz se enciende con electricidad.

Pero en General Güemes, bajo la gestión de Carlos “Ketty” Rosso, la frase no es una descripción del sistema impositivo sino una propuesta concreta. Según detalla el mencionada artículo, la iniciativa surgió en una reunión entre el Ejecutivo municipal, Aguas del Norte y vecinos, donde se presentó la posibilidad de avanzar con obras básicas “que tendría como base, el llamado a un esfuerzo económico conjunto entre las partes involucradas”.

El concepto es atractivo: “esfuerzo conjunto”. Tiene algo de épica compartida, de comunidad organizada. El pequeño detalle es que ese esfuerzo incluye que los vecinos aporten dinero directo para obras como cloacas, además de los impuestos que ya pagan. Pero eso, claro, queda elegantemente diluido en la narrativa.

Desde Aguas del Norte, incluso, se reforzó el tono de novedad: “es la primera vez que participamos de una propuesta como esta. Es algo totalmente innovador”. Innovador, en efecto, si se lo mira desde el ángulo correcto: no todos los días se presenta como idea nueva el hecho de que los usuarios financien la infraestructura que necesitan.

El intendente Rosso, por su parte, aportó el marco conceptual: “cuando decimos que no hay plata, estamos graficando una realidad”. Y la realidad, según se desprende, es que ante la falta de fondos, la solución pasa por acercar la cuenta a los vecinos. Una forma bastante gráfica, por cierto, de resolver el problema.

El contexto no es menor. Se trata de barrios con necesidades urgentes, donde durante años las gestiones para acceder a servicios básicos no tuvieron respuesta. En ese escenario aparece esta alternativa que, según se explicó, permitiría avanzar “como si fuera una obra particular”, es decir, más rápido… siempre y cuando alguien la pague.

Y ese alguien, previsiblemente, son los propios vecinos. Tal como reconoció una de las participantes: “vamos a tener que aportar dinero y no sabemos cuánto ni si todos están en condiciones de afrontar”. Una frase que, a diferencia del resto, no necesita demasiada reinterpretación.

La propuesta aún está en evaluación, habrá más reuniones y eventualmente deberá pasar por el Concejo Deliberante. Mientras tanto, se presenta como una herramienta posible para resolver no solo cloacas, sino también agua y pavimento. Todo bajo el mismo principio: participación comunitaria con aporte incluido.

Así, entre conceptos cuidadosamente elegidos y citas que buscan ordenar el relato, se instala una idea que tiene la particularidad de ser tan simple como incómoda: que las obras públicas dependan, cada vez más, de la capacidad de pago de quienes las necesitan.

Al final, más allá de la épica del “esfuerzo conjunto”, la propuesta parece resumirse en algo bastante menos sofisticado: si no alcanza con lo que ya se paga, siempre se puede pagar un poco más.