Juan Urtubey cambia de avenida: De nuevo estoy de vuelta….

 

A un año de las presidenciales, el exgobernador salteño reactivó su exposición pública, endureció su discurso contra la lógica del liderazgo individual y comenzó
a hablar en clave nacional. Después de 2019, esta vez encararía por otro carril:
el kirchnerismo. ¿Otro clásico amague de temporada o se anota en la pelea grande?

 

Kim Im Porta

 

Del exgobernador Juan Urtubey suele decirse que disfruta más del suspenso que de la confirmación. Supo construir su carrera entre anuncios, desmentidas y acercamientos. Por eso, cuando vuelve a levantar el volumen, conviene escuchar no solamente lo que dice, sino también dónde lo dice, con quién y, sobre todo, hacia dónde apunta. 

En las últimas semanas, el exmandatario volvió a aparecer con una frecuencia que no tenía, recuperando espacios en medios nacionales y con un vocabulario que excede largamente la discusión provincial. Sus alocuciones ya no orbitan en torno a la situación del PJ local, ni de los viejos debates domésticos. Habla de la Argentina.

No parece casual. Una de sus frases más repetidas funciona casi como una pequeña confesión política: “no es personal, sino colectivo”. En política, cuando alguien necesita aclarar que algo no es personal, generalmente hay algo personal dando vueltas. En uno de sus últimos mensajes difundidos en redes sociales fue todavía más explícito. “La Argentina necesita un proyecto nacional”, planteó, antes de asegurar que trabaja “incansablemente” para generar un marco en el que los argentinos sepan qué significa votar al peronismo.

En ese mismo mensaje, el exgobernador llamó a ser “disruptivos”, pero se ocupó de aclarar qué entiende por eso: no se trata de buscar “un líder mesiánico que nos venga a salvar”, sino de conformar un equipo que permita que la sociedad conozca cuáles son las políticas que impulsa el peronismo y hacia qué rumbo llevaría al país un eventual gobierno de ese signo. El remate tampoco fue inocente: “Yo creo que el peronismo va a ser una opción real del poder el año que viene”. No habló de una posibilidad remota ni de una eventual recuperación. Habló de poder.

De la avenida del medio al callejón del peronismo

Hay además un dato que vuelve particularmente interesante este nuevo movimiento. Urtubey ya tuvo su oportunidad en el territorio de la llamada avenida del medio. En 2019 fue candidato a vicepresidente junto a Roberto Lavagna por Consenso Federal, en una elección atravesada por la polarización entre Alberto Fernández y Mauricio Macri. El resultado confirmó una vieja ley de la política argentina: cuando la grieta se cierra, el centro queda como una banquina y las opciones que intentan escapar de la disputa entre los dos polos terminan perdiendo volumen electoral.

Aquella experiencia dejó una enseñanza que difícilmente Urtubey desconozca. La avenida del medio, que alguna vez pretendió representar una alternativa a la disputa entre kirchnerismo y antikirchnerismo, hoy aparece prácticamente desdibujada. El mapa político se volvió más áspero, más binario y, paradójicamente, también más fragmentado. Por eso, si el salteño vuelve a jugar en 2027, todo indica que no lo haría desde aquel espacio intermedio. 

La hipótesis que empieza a tomar forma es otra: regresar al peronismo y tratar de ocupar un lugar en la reconstrucción de una fuerza nacional que todavía no tiene dueño.

Ahí aparece una paradoja interesante. Urtubey podría ser uno de los pocos dirigentes con capacidad para caminar por dos habitaciones que hoy parecen separadas por una pared. Por un lado, conserva vínculos con el peronismo más ortodoxo, federal y territorial. Por otro, mantuvo durante años una relación política cercana con Cristina Fernández de Kirchner y terminó siendo candidato a senador por Fuerza Patria, la estructura electoral que expresa al kirchnerismo duro. Durante su gestión como gobernador supo construir un vínculo “profundo” con la entonces presidenta y, más recientemente, calificó la condena judicial contra la dirigente como un “disparate jurídico con tufillo a proscripción”. Difícilmente alguien pueda acusarlo de desconocer al kirchnerismo, pero tampoco parece sencillo encasillarlo allí.

Esa posición dentro del propio peronismo puede convertirse, justamente, en uno de sus principales activos. El otro es su relación con sectores del poder económico. Urtubey supo tejer vínculos con empresarios, con el agro y con actores relevantes del establishment, entre ellos el Banco Macro. En una eventual candidatura, ese capital de relaciones tampoco sería despreciable. 

Y hay un elemento adicional: recursos para una eventual aventura nacional tampoco le faltarían. Después de doce años al frente de la provincia, todavía sobrevuelan interrogantes políticos y periodísticos respecto del destino de varios millones vinculados a los fondos de Reparación Histórica y del Bicentenario.

Una silla que todavía no tiene nombre

El escenario también puede jugar a favor del salteño. Axel Kicillof aparece como uno de los principales nombres del peronismo, pero su construcción tiene límites evidentes fuera de Buenos Aires y no termina de generar consenso entre los sectores más ortodoxos del justicialismo. El gobernador bonaerense habló de que el peronismo debía “cantar nuevas canciones”, aunque hasta ahora no entonó ninguna. Su identificación con el kirchnerismo más duro tampoco ayuda a tender puentes con dirigentes del interior que buscan recuperar una identidad peronista menos subordinada a la lógica bonaerense.

Sergio Massa conserva peso propio y estructura, pero carga también con el costo político de haber sido ministro de Economía durante el último tramo del gobierno de Alberto Fernández. Fue el principal rostro del denominado “plan platita” y terminó derrotado por Javier Milei en el balotaje de 2023, en una elección marcada además por una inflación que se convirtió en uno de los grandes factores de desgaste del oficialismo de entonces. Juan Grabois, por su parte, conserva capacidad de movilización y una identidad política definida, pero juega en un espacio electoral más acotado. Su desempeño en la interna de 2023 tampoco le permitió superar a Massa.

Ninguno tiene el camino despejado. Y cuando las principales candidaturas tienen obstáculos, aparece el terreno fértil para quienes todavía no parecen candidatos. Urtubey, mientras tanto, reúne algo que en política argentina vale casi tanto como una encuesta: tiempo.

Todavía puede decir que no es candidato. Puede hablar de “proyecto colectivo”, insistir en que solamente trabaja por la reorganización del peronismo y dejar que otros pronuncien la palabra “presidencial”. Mientras tanto, la maquinaria comienza a moverse. 

Hay, además, una señal salteña que funciona casi como una firma al pie. Urtubey volvió a ser consultado por la posibilidad de que Gustavo Sáenz y Antonio Marocco puedan competir por un tercer mandato. Como abogado constitucionalista, fue categórico: ambos están habilitados para hacerlo. Lo repitió hace apenas una semana, en Buenos Aires. Si Sáenz tiene vía libre para una nueva elección provincial, Urtubey pierde —o directamente descarta— una de las hipótesis que alguna vez podían aparecer en el tablero local. Y si a eso se suma que Fuerza Patria quedó afuera de la conducción del PJ salteño, el escenario provincial tampoco parece ofrecerle hoy una plataforma especialmente atractiva.

Entonces queda la otra cancha: la nacional. Falta, por supuesto, que Urtubey diga que quiere ser presidente. Todavía no lo hizo. Pero tampoco está diciendo que no. Y entre ambas cosas hay toda una especialidad de la política argentina.

El fantasma de 2019

El antecedente de 2019 obliga a mirar con prudencia. Aquella candidatura junto a Lavagna fue una apuesta por una tercera vía que terminó licuada por la polarización. Hoy el tablero es diferente: el macrismo ya no gobierna, Milei ocupa el centro de la escena, el peronismo busca reconstruirse y el centro político perdió buena parte de su antiguo atractivo. En ese contexto, Urtubey podría estar intentando algo bastante más ambicioso que volver a escena: convertirse en uno de los nombres disponibles cuando el peronismo termine de discutir quién será capaz de representarlo en 2027.

Medios nacionales, discurso nacional, contactos internos, un peronismo fragmentado, una estructura provincial que no quedó bajo su órbita y una silla presidencial que, por ahora, nadie consiguió ocupar del todo. La candidatura todavía no existe. El movimiento, en cambio, ya empezó.