ALEJANDRO SARAVIA
No sólo la macroeconomía y el equilibrio fiscal son los únicos extremos que nos sujetan en el pantano. Claro que es indispensable resolverlos, pero son, como dicen los expertos, condiciones necesarias pero no suficientes. En estos últimos días, a nivel nacional y provincial, se nos plantaron algunas cuestiones que si no las resolvemos también nos mantendrán pataleando en el vacío. Veamos.
A raíz de esta última guerra en el Medio Oriente, en la que el genocida Netanyahu arrastró al irresponsable Trump, el precio del petróleo subió y empeoró la cosa a niveles superiores a los de 1973, cuando la OPEP hiciera de las suyas. En consecuencia, sube el precio de las naftas y genera temblores inflacionarios en todo el orbe. A pesar de que nosotros contamos con Vaca Muerta, una especie de enfermedad holandesa, ¿por qué somos vulnerables a esa suba? Pues, porque Menem, el prócer de Milei, lo hizo. Al destruir nuestra red ferroviaria con aquello de “ramal que para, ramal que cierra”, nos dejó dependientes de los camiones de Moyano para trasladar toda la carga que necesite nuestro extenso país. Recordemos que los camiones, por si alguien no lo sabe, funcionan con gasoil subproducto del petróleo. Y recordemos, también, que nuestra red ferroviaria estaba entre las 10 primeras del planeta y cubría casi toda la extensión del país, el octavo en tamaño del mundo. En países de esa dimensión, innecesario es aclararlo, el tren es mucho más económico que los camiones. A ello debemos agregar las carencias que padecemos en inversión en infraestructura como sería la vial.
Pero no sólo eso alimenta las noticias. También está el negocito de la pareja gobernante, Milei y su hermana y jefe, en el asunto de la criptomoneda Libra en el que habrían embolsado, como adelanto, 5 millones de dólares, mientras siguen dando vuelta, esperando cuándo y dónde aterrizar en Argentina, según lo dicho por el armador de todo esto, Hayden Davis, otros 100 millones de la misma moneda. Si bien aparenta ser un delito, lo que está detrás de eso es aún más importante. Es la actitud del Ministerio Público Fiscal de la Nación, en la persona del fiscal Eduardo Taiano y el ocultamiento y retraso de actuaciones. Recordemos que este fiscal es el mismo que en tres oportunidades anteriores no apelara, como era su obligación, sobreseimientos por enriquecimiento ilícito de la otra pareja gobernante, los Kirchner. Un fiscal, encubridor de delitos, es una especie de oxímoron que refleja el nivel de nuestra decadencia.
Pero, en nuestra provincia también se cuecen habas. Y no sólo lo digo por el escándalo de la justicia federal en Orán, zona doblemente caliente de nuestra provincia. También en estos días, en esta noble y leal ciudad de Salta, se tuvo conocimiento de un desencuentro en la Auditoría General de la Provincia a raíz del informe de uno de los auditores en el que éste se haría el distraído respecto de algo que nos tiene a mal traer a todos los salteños que somos, en definitiva, los que la ponemos, a la plata, claro. Es la cuestión del famoso y altisonante Fondo de Reparación Histórica, creado en el año 2012. Estamos hablando de 200 millones de dólares destinados a obras públicas cuyo destino estaría siendo cuestionado.
Sucede que este tipo de episodios, por lo general subterráneos en la escena lugareña, sale a flote cuando los planetas no están del todo alineados en la interna del sempiterno peronismo que gobierna feudalmente la provincia desde 1983. Por fuera del fortuito accidente del gobierno de Ulloa en esta etapa democrática, el peronismo gobernó a piacere esta provincia, la que se salvó, por ese dato de la existencia balbuceante del cuatrienio renovador, de ser señalada en las esferas nacionales como un emirato qualunque, tal como Formosa, Tucumán, La Rioja y zonas aledañas. En pocas palabras: esos cuatro años del desapercibido gobierno renovador sirvieron para sacar a esta provincia de ser catalogada como emirato por aquellos observadores foráneos que no debieron, y deben, soportar tamaña anomalía institucional. La alternancia, recordemos, sirve también como control.
Pero volvamos a estos días, el auditor en cuestión, Segura Alzogaray, un ilustre desconocido, obliga a preguntarse cómo llegó ahí. Y, sí, las normas son claras: la Constitución Provincial dice que los auditores son “seleccionados” por una Comisión Permanente de la Cámara de Diputados de esta provincia y designados por la Cámara de Senadores. Las normas son bárbaras, dignas de Suiza, pero los que las aplican y dan vida no son suizos sino pícaros lugareños. Dos preguntas obligadas: ¿quiénes son los integrantes de esa comisión que selecciona a los auditores? Nombres y apellidos, por favor. ¿Con el mismo criterio, los senadores, designan o dan acuerdo a todos los propuestos para el cargo que sea? ¿No son, acaso, un filtro o un cernidor en procura de la excelencia?
Por fuera, entonces, de la cuestión cultural que está en la base del necesario equilibrio fiscal, mientras no resolvamos el tema de la justicia y de los organismos de control, entre los que está, obviamente, la Auditoría nacional y también la provincial, como el propio Ministerio Público, federal y provincial, no tenemos salida. Resuelto eso, hay que sumarle un imperioso y urgente programa de inversión en infraestructura, sin olvidar lo obvio, el capital humano, con la educación como buque insignia.
Está claro que Javier Milei, exclusivamente ocupado en su promoción personal, y también su hermana y jefe, ocupada en la acumulación, política y de la otra, no son los sujetos indicados para solucionar estos temas de fondo. Pero, mientras no aparezcan dirigentes honestos y voluntariosos que realmente vean el problema, estamos, como dicen los chicos, en el horno y ahí nos quedaremos hasta que de una buena vez entre todos lo resolvamos. Porque acá nadie, absolutamente nadie, puede hacerse el distraído. Así como los auditores no son traídos de Suiza, tampoco los electores pueden hacerse los otarios.




