ALEJANDRO SARAVIA
«Cherchez la femme» es una expresión francesa que significa literalmente “busca a la mujer”. Es una expresión que se origina en la novela “Los mohicanos de París” del año ١٨٥٤, de Alejandro Dumas (padre).
Lo que comprende esta frase es el hecho de que si un hombre, hipotéticamente, se comporta de forma inusual o de una manera inexplicable, es porque está tratando de encubrir una relación con una mujer o bien tratando de impresionar o ganar el favor de una mujer. De ahí entonces de que por detrás de un comportamiento aparentemente extraño de un hombre, para desentrañar el sentido o bien el motivo, hay que buscar detrás de ello a una mujer..
La frase representa un cliché en la literatura detectivesca: no importa cuál sea el problema, una mujer es a menudo la causa del mismo. La frase ha llegado a usarse para referirse a explicaciones que automáticamente resultan tener una misma raíz común, sin importar las características específicas del problema.
En el culebrón de Adorni, el drama es que no sólo hay que buscar a una mujer, hay que buscar a dos. Al pobre se le nota hasta en el semblante.
Una es, obvio, la propia, Bettina Angeletti, respecto de la cual los muchachos del barrio dirían que es mucha mina para el pobre Manuel. Y, la verdad es que basta con verle la cara y las maneras a Manuel para darse cuenta de que es el típico “opa social” en la tipología establecida por nuestro inmortal “Cuchi” Leguizamón, de manera tal que sí, le queda grande. Tan grande le queda que no sólo se endeudó en más de 8oo mil dólares para hacerle no una, sino dos casas, con cascada y todo, y de hacerla viajar por el mundo, hasta en el avión que suele decírsele “presidencial”. Lo peor es que, cualquiera se da cuenta, apenas concluya el culebrón éste, la primera patada que va a recibir el pobre Manuel es la de su propia mujer. No se le ve futuro a la pareja. El próximo tema va a ser quién es el que se queda con la cascada. En una de esas, Manuel, es sólo un cínico que nos hace hacer elucubraciones excesivas, cuando la realidad, tal como a menudo sucede, es mucho más simple.
La otra fémina es, claro está, la inefable Karina. La jefa de Milei y, en definitiva, de todos los que integran el amontonamiento autodenominado “La Libertad Avanza”. En verdad, hubo desde un principio un detalle que me llamó siempre la atención: por qué el padre, que se inició como chofer de colectivos y terminó con una empresa, confió la administración del patrimonio familiar en su hija menor, repostera y tarotista, y no en el primogénito, a la sazón hoy presidente de los argentinos, que era a su vez economista. También me despertó curiosidad el motivo por el cual papá Milei molía tanto a palos a su hijo mayor. Hoy tenemos la respuesta: la que mandaba, la que servía para algo, o bien para todo, incluso para manejar la guita, bien o mal habida, era ella, la hija menor, Karina, el Jefe.
Y ahí nomás está la explicación de por qué se lo mantiene a Manuel, quien está más sucio que una papa a estar a las normas del Código Penal que, en materia de enriquecimiento ilícito de los funcionarios públicos, invierte la carga de la prueba: ante hechos sospechosos ellos deben comprobar su inocencia y no el Estado hacerlo respecto de su culpabilidad. Ésta, digamos, se presume. Es decir que, ante el dispendio de gastos de alguien que poco antes compraba una camisa a crédito, algo turbio se presume. A pesar de ello, y a pesar también de que la mancha de aceite llega ya a todo el gabinete, el hecho de mantenérselo en el cargo a Manuel genera, al menos, suspicacias.
Aparentemente Milei lo mantiene al fusible en su lugar sólo porque es el protegido de Karina, el Jefe, y porque Manuel, contador, debe conocer todos los secretos de los manejos monetarios de ella. Recordemos que el Jefe no sólo cobraba por las entrevistas que le hacían a su hermano y le manejaba a éste su dinero, sino que recaudaba también por las candidaturas de su movimiento que se vendían, parece, al mejor postor.
Por esos antecedentes acerca de la vocación dineraria del Jefe, que Manuel debe conocer, lo más probable es que si lo echan, y tras la patada de su linda esposa, Manuel habrá de declararse “arrepentido” y desembuchar todo. Es decir, o lo mantienen o aparece flotando en el riachuelo.
Para asegurarse –porque se ve que “el Jefe” es muy precavida- complementó la jugada del tómelo todo y dispuso el nombramiento de Juan Bautista Mahiques, para que, aprovechando las 200 vacantes en el fuero federal se nombre allí a amigos, por si las moscas. Es otra de las jugadas a dos bandas. Las bandas de la AFA y las del Ejecutivo…
La que manejó todo en la casa paterna sigue manejando todo en este pobre país en el que éramos pocos y parió la abuela. Lo último que nos faltaba es ser gobernados por alguien que dejó la repostería, a la que nadie eligió para nada y que, por esos meandros de la psicología, maneja a su hermano mayor, el economista, y a quien por los desastres de los anteriores se lo eligió en un acto de despecho como presidente de todos lo argentinos.
Tiene razón, nomás, Dumas padre, cherchez la femme…




