El gobierno está enviando señales de baja en las tasas de interés, buscando que los bancos vuelvan a impulsar el crédito.

El Banco Central redujo las tasas de liquidez y flexibilizó los encajes, liberando recursos para el sistema financiero. Sin embargo, pese a estas medidas, el crédito privado sigue sin crecer y los analistas sospechan que el ministro Toto Caputo aprovechará para absorber la liquidez disponible en lugar de dejarla circular.

La próxima semana vence una deuda del Tesoro por $14 billones, lo que pone presión sobre el mercado. Aunque en la última licitación se expandió la liquidez en $4,5 billones, ahora se espera que Caputo busque un nivel de “rolleo” cercano al 90%, apoyado en la mayor liquidez de los bancos y en la menor rentabilidad de otras opciones. El menú de instrumentos incluye bonos ajustables por CER, dólar y tasas promedio, con vencimientos más largos para dar previsibilidad.

El trasfondo es que la caja del Tesoro está debilitada: apenas cuenta con $4,4 billones en el BCRA frente a obligaciones por $100 billones en los próximos meses. Además, necesita dólares para afrontar compromisos externos, lo que refuerza su inclinación a absorber pesos. Aunque podría recurrir a recursos de la banca pública, esa opción limitaría la capacidad de estimular sectores como el hipotecario.

Los economistas advierten sobre el “síndrome de la frazada corta”: cada decisión monetaria obliga a elegir entre sostener la caja del Tesoro o impulsar el crédito privado. El gobierno confía en que la demanda de pesos crecerá, dado que la base monetaria está en mínimos históricos (4,6% del PBI frente al 7,4% promedio de los últimos 15 años). Ese margen podría permitir aumentar reservas sin presionar la inflación, pero aún no está claro cuál será la estrategia definitiva de Caputo en materia monetaria.