Martín Miguel Güemes Arruabarrena
Manuel Eduardo Arias, nacido en la Intendencia de Salta del Tucumán, tuvo una foja de servicios notable, en el papel que le cupo en la Guerra Gaucha librada contra los Ejércitos Realistas, entre 1814 y 1819, conducido por el General Martín Miguel de Güemes, Gobernador de la “Provincia” de Salta (abarcativa de Jujuy, Orán y Tarija), Comandante de la Vanguardia del Ejército del Norte (designado por el Director Supremo de las Provincias Unidas de Suramérica Brigadier General Juan Martín de Pueyrredón, en 1816).
El comerciante y hacendado don Bernabé Aráoz, conductor de gauchos, también nacido en la Intendencia de Salta del Tucumán, le cupo un papel central en la Batalla de Tucumán, y guerrero en la batalla de Salta, y una tarea como gobernante (entre 1814 y 1817), en el Congreso de la Independencia, al lado del General San Martín (1814) y del General Manuel Belgrano (1816–1817) al mando del Ejército del Norte (acantonado e inmovilizado durante más de cuatro años en Tucumán).
La guerra a muerte librada contra el invasor realista en el Norte actual, y en el Alto Perú (actual Bolivia), durante cinco años, salvando a la Patria, y permitiendo el cruce de los Andes, y la Libertad de Chile, bajo la conducción del Libertador General don José de San Martín, trajo aparejadas pobreza y dolor en nuestra tierra norteña, arrasada por las sucesivas invasiones realistas. Contenidas y derrotadas con sangre, sudor y lágrimas por los oscuros hijos del paisaje: ¡los gauchos! Güemes, sus oficiales (jujeños, salteños, tarijeños) y las tropas gauchas de Jujuy, Salta y Tarija, sufrieron el peso de ¡la tierra en armas! La ayuda en armamentos, cartuchos, lanzas, sables, caballos, ganado, fue sobrellevada mediante empréstitos forzosos en la “Provincia de Salta” (repito: abarcativa de Jujuy, Orán y Tarija). Tucumán sostuvo “la inactividad” manifiesta y deliberada del Ejercito del Norte. Con la idea no concretada de preparar el avance sobre el Alto Perú (tal el Plan de San Martín, desde 1816), cosa que no ocurrió… durante esos largos años, Tucumán no sufrió el peso de la guerra en su propio territorio, como sí sucedió en 1812, en la Gesta de Belgrano (salvando a la Patria). Durante ese tiempo (1817 /1818), Araoz apoyó a regañadientes a Güemes y a sus milicias gauchas. En el temor del crecimiento de su prestigio militar, y su ascendiente sobre el pueblo. A pesar de esta actitud, sufrida por Belgrano, las milicias gauchas salto jujeñas salvan la independencia naciente… la excusa constante de la naciente tucumanidad, para no aportar más de lo escasamente necesario, fue el sostenimiento del Ejército del Norte, y la pobreza del erario tucumano. Como si Salta y Jujuy no sostuvieran al Ejército de Milicias Gauchas (más de 6.000 hombres), que a su vez guerreaban en el campo principal de la lucha: la geografía salto jujeña. Salvando la tranquilidad del territorio tucumano, y la de las demás provincias abajeñas. También al poder central, a los porteños, a los rioplatenses.
Tensiones, conflictos, grietas, en el campo criollo gaucho
La conducción gubernativa y militar de Güemes, en tiempos de guerra, de escasez y de hambre, conllevó grietas en las fuerzas patriotas salto jujeñas tarijeñas, también competencias, envidias, intrigas, resentimientos, incluso: connivencia con el enemigo realista. En ese marco terrible, sofocante, a partir de 1819, la ruptura directa o indirecta, declarada o tacita de ciertos sectores de Tarija, Chichas, Jujuy y Salta, empezaron hacerse sentir: incluso complotando contra la vida del Conductor político y militar don Martín Miguel de Güemes (el caso del mulato Panana, es significativo). La realidad histórica, los hechos sucedidos, basados en documentos fehacientes, es que valientes y temerarios como el Comandante Moto Méndez, el Capitán Pedro Norberto Arraya y el Teniente Coronel Manuel Eduardo Arias, entraron en combinaciones con el General Pedro Antonio de Olañeta, el empecinado realista, que fuera consagrado Virrey del Río de la Plata, por el Rey Fernando VII, antes de su muerte en 1826. Este perdió la vida, traicionado por sus oficiales, en la última batalla de la Independencia, en Tumusla (1 de abril de 1826). De los criollos mencionados, quien más se empecinó contra Güemes, fue Arias, quien complotó contra la vida de Güemes, es decir: del Gobernador, y Comandante Militar, por lo cual terminó siendo desterrado a Tucumán, por el Caudillo de la Epopeya de la Guerra Gaucha. Aráoz ni lerdo ni perezoso, inmediatamente lo integró a sus fuerzas militares, organizadas después de que se retirara el Ejército del Norte al mando de Belgrano, a solicitud del Gobierno central para reprimir la sublevación federal del Litoral (1819). En el Norte, los Coroneles Abraham González y Aráoz encendieron la hoguera de la anarquía en el País de los Argentinos (1820), al forjar la sedición contra el gobernante legítimo de su provincia Mota Botello, logrado su objetivo, se encaramaron en el poder tucumano, Aráoz designado Gobernador de “facto” constituyó: la “república del Tucumán”, basado en una Constitución de corta existencia, pues la anarquía recorrería Tucumán, en los años sucesivos. Para sostener la corporativa “república”, dado que fue un gobierno sedicioso, se apropiaron del parque de armas del Ejercito del Norte. Abandonado después del repliegue del mismo, hacia el litoral. Ordenada por el Gobierno Central, acatada por Belgrano, sin esperanzas, enfermo ya de tantas disensiones internas.
Güemes, mientras tanto, había sido designado por San Martín, “General en Jefe del Ejército de Observación sobre el Perú” (Abril de 1820), a los fines de avanzar hacia el Alto Perú, y confluir en el Cuzco con fuerzas del Ejercito de los Andes, para pasar a ocupar Lima en la estrategia sanmartiniana de ejércitos convergentes, a los fines de lograr la Libertad e Independencia de las Provincias Unidas de Suramérica (objetivo esencial del Congreso reunido en Tucumán, en 1816).
La anarquía desatada por los centralistas porteños, y la resistencia de las montoneras promotoras de la autonomía de sus provincias, era sin duda una situación difícil para concluir felizmente el Plan Sanmartiniano. Unidos en Libertad, podíamos forjar la Independencia Suramericana. Desunidos, no fuimos más que un País disgregado.
Güemes, sus oficiales leales, y los gauchos de Jujuy y Salta, estaban dispuestos al último esfuerzo, las primeras tropas marcharon sobre el Alto Perú (en diciembre de 1820), bajo el lema: “Morir por la Patria es Gloria”. La vanguardia estaba al mando del Coronel Alejandro Heredia, tucumano, en la Quebrada de Humahuaca, y por el Coronel José Miguel Lanza, en la zona del Desaguadero.
El pensamiento provinciano de Aráoz y el Suramericano de Güemes
Bernabé Aráoz no pensaba igual que Güemes, su proyecto “federal” era consolidar el poder tucumano, y deshacerse de su adversario “localista salteño”, obstruyendo la proyección militar hacia el Perú de las milicias gauchas, en apoyo de la gesta sanmartiniana. Las cartas que escribió–Aráoz–favorables a este plan de San Martín, las borraba con hechos totalmente contrarios. De allí, la obstrucción premeditada al avance de Güemes, y la guerra entre provincias que paso a paso fue forjando para desunir, y obstruir el apoyo de Bustos (Gobernador de Córdoba), de Ibarra (Gobernador de Santiago del Estero), e incluso de tucumanos como Alejandro Heredia, o jujeños como José Ignacio Gorriti. La guerra fratricida se declaró entre Güemes y Aráoz, previa aprobación del Cabildo de Salta, con la salvedad de que no era una guerra contra el pueblo tucumano, sino contra “el visir” que se encontraba rodeado de comerciantes “godos” (tal como lo señalaba Güemes). La vanguardia al mando de Heredia retrocedió desde Humahuaca, pasó por Salta, y penetró en la provincia de Tucumán, luego de combates favorables a Salta (“Acequiones” y “Trancas”), y otro a Tucumán (“Rincón de Marlopa”), ante la dispersión de las fuerzas guemesianas, los tucumanos pretendieron entrar en el territorio salteño. Las milicias salteñas mandadas por el Cnel Vidt, rechazaron la contraofensiva tucumana, llevando a los partidarios de Aráoz hasta la misma ciudad de Tucumán; esta situación militar dio por resultado diplomático: el Pacto de Vinará, días antes del asesinato de Güemes en Salta, por parte de aquellos que “querían Patria sin gastar, teniendo que gastar, renunciaban a la Patria”.
En esos combates librados en territorio tucumano, tuvo un papel protagónico el Coronel Manuel Eduardo Arias, jefe de la vanguardia del ejército tucumano. Por ello, Arias no participó del Día Grande de Jujuy, cuando el Gobernador de la Provincia de Salta General Dr. José Ignacio Gorriti (suplente de Güemes, designado por el cabildo salteño), jujeño leal al Plan de San Martín y de Güemes (apoyado económicamente por las arcas salteñas), derroto a los realistas en el paraje de León, con tropas jujeñas y salteñas; desmintiendo así, que Güemes–Comandante del Ejército de Observación sobre el Perú–descuidara el frente norte de la guerra de independencia.
Olañeta, el jefe realista, estaba al tanto del conflicto de Aráoz y Arias con Güemes (la Gaceta de Lima contiene información sobre las tramas ocultas del enfrentamiento), y aprovecha la ocasión, invadiendo Salta, hecho fraguado con otros criollos salto jujeños tucumanos contrarios a Güemes. El acta del Cabildo salteño, formado con la deposición del Gobernador Güemes en guerra con Aráoz, como consecuencia de la “revolución del comercio”, es una marca indeleble por los siglos de los siglos, de quienes tacita o directamente estaban en combinación con Olañeta, para voltear al Caudillo. La tragedia final, fue la muerte de Güemes (17 de junio de 1821) por balas realistas, perpetrado por un golpe comando al mando del Barbarucho Valdez. Muerto Güemes, asume la gobernación el Coronel Antonino Fernández Cornejo, quien se legitima mediante la Constitución escrita por Facundo de Zuviria. Este hecho jurídico, era fundamental para trabar relaciones con el jefe realista; era una condición de legitimidad solicitada para firmar un pacto Olañeta /Fernández Cornejo, que forjó la actual frontera norte de nuestro país. Pacto calificado por San Martín como “indigno”. Las milicias gauchas no debían avanzar sobre el Alto Perú. Su consecuencia fue el fracaso del Plan Sanmartiniano. El tema de fondo a comprender en el conflicto Aráoz–Güemes, es: Anarquía centralista o autonómica o Plan de Libertad e Independencia Suramericana, ayer, hoy y siempre…

