La preocupación internacional surgió luego de la muerte de una trabajadora del Instituto Antipeste de Irkutsk, un centro de investigación dedicado al estudio de patógenos peligrosos, incluido el bacilo que causa la peste. Medios locales y versiones no confirmadas señalaron que la investigadora podría haberse contagiado tras un incidente durante una prueba de laboratorio, aunque las autoridades rusas no han validado esa hipótesis.
El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, confirmó que Washington está “vigilando y monitoreando de cerca” la situación, aunque aclaró que por el momento no existe motivo para generar alarma pública. Las autoridades sanitarias rusas informaron que la fallecida fue diagnosticada con una “neumonía de etiología desconocida” y aseguraron que las pruebas iniciales no detectaron patógenos relacionados con su trabajo en el laboratorio.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) también sigue el caso y señaló que la causa exacta de la muerte aún no ha sido confirmada. Según el organismo, la peste neumónica es la forma más grave de la enfermedad, ya que puede transmitirse entre personas a través de partículas respiratorias y resultar mortal en pocas horas si no se trata oportunamente. Sin embargo, destacó que los antibióticos actuales son eficaces cuando se administran de manera temprana.
Hasta el momento, las autoridades rusas identificaron y monitorean a todas las personas que tuvieron contacto con la investigadora fallecida, sin que se hayan detectado nuevos casos sintomáticos. La OMS indicó que su evaluación preliminar sitúa el riesgo como moderado a bajo para la región de Irkutsk, bajo para el conjunto de Rusia y muy bajo para el resto de Europa, mientras continúan las investigaciones para determinar si existió realmente una infección por peste neumónica o si se trató de otra enfermedad respiratoria.




