Martín Miguel Güemes Arruabarrena
Acompaño una crítica indubitable sobre las memorias de John Anthony King (“Veinticuatro años en la República Argentina”), en las cuales el norteamericano realiza algunas aseveraciones erradas, sobre la llamada: “invasión de Güemes a Tucumán”. Analicemos “las memorias” del vendedor de armas (su oficio de mercader de la muerte, lo trae a nuestras tierras). La crítica a la desmemoria de King, podemos encontrarla en los “Estudios Americanos” de Martín García Merou, en su prólogo, los editores afirman: “(…) El libro que Eudeba presenta a sus lectores es, entre todos los que abarca la obra de Martín García Merou, el más representativo. En efecto, “Estudios Americanos” fue escrito en el momento en que las condiciones intelectuales del autor alcanzaron plena madurez. Cuando estas páginas vieron la luz, en 1900, el público conocía poemas, estudios históricos, ensayos sobre Echeverría y Alberdi, pero no un libro que reflejara fielmente sus virtudes de fino observador, agudo crítico y ameno narrador que lo distinguieron entre los escritores del ochenta.” Para los lectores atentos, podemos adelantar: “(…) García Merou representa, junto a Cané y Groussac, lo mejor de nuestra crítica literaria”. Se refiere a la llamada: Generación del Ochenta. Su actividad intelectual, comienza en el periodismo como corrector de pruebas a los quince años, luego pasa a ser redactor y finalmente crítico literario. Se destaca por sus conocimientos, su buen gusto, y la certeza de sus juicios. Su evolución recorre el arco del pensamiento de su tiempo, del romanticismo al positivismo y al realismo literario. La severidad de su crítica, lo lleva a manifestar: “(…) Pueden comenzar, por desconocimiento, creyendo que lo despreciable es lo mejor, y si no se les enseña a distinguir lo que tiene calidad de lo que es ordinario y grosero, llegaremos a cultivar una literatura despreciable”. Afirmación que podemos extender, a los defensores incautos, de las memorias de Anthony King; las cuales son utilizadas como fuente histórica, para motorizar proyectos de ley (“Bernabé Aráoz, héroe nacional, precursor del federalismo”), sacados del contexto independentista suramericano, con particular inquina contra Güemes y Salta, la cual no nació como frontera, sino como centro de un vasto espacio geopolítico.
La crítica literaria de Martín García Merou
En su libro: Estudios Americanos, Viajeros en Sudamérica, cap. V, nos advierte el autor: “(…) No conozco lectura en cierto modo más interesante que la de los libros de viajeros que en diferentes épocas han cruzado nuestro territorio… Es el encanto que tienen para nosotros las Cartas de Robertson, reeditadas no hace mucho; el Viaje de un naturalista, de Darwin, que he releído últimamente con inmenso placer y que tan sabrosos párrafos dedica a nuestro país; los viajes de Basil Hall en Chile y en el Perú, donde tuvo ocasión de ver a San Martín. Sin necesidad de referirse a obras tan conocidas como éstas, hay otras de autores menos ilustres, en cada una de las cuales se encuentran detalles que hoy tienen un sabor especial para nosotros, y que arrojan una luz curiosa sobre muchas particularidades de nuestra vida doméstica.
Naturalmente, los errores, las injusticias, las falsas apreciaciones son frecuentes en obras de este género. Es el mal común de los viajeros el exagerar y desfigurar los cuadros que encuentran a su paso. Muchas veces la falsedad de la pintura no obedece a malicia, sino a diferencias de comprensión o de criterio. Otras veces son intereses materiales heridos, rozamientos de vanidad, los que originan el libelo agresivo. Por ejemplo, Mr. Beaumont, que, según él, conoció íntimamente a Rivadavia en Londres, se muestra irritado por el mal éxito de una empresa que en 1826 lo trajo a nuestras playas. No escasean sus críticas a nuestro gobierno, a la inseguridad de nuestra política y lentitud de nuestra justicia…”. Ante el libelo agresivo, y mentiroso, nos preguntamos: ¿Qué contratiempo tuvo King con Güemes, por las ventas de armas? ¿Logro venderle a Bernabé Aráoz? El diferente trato que brinda a uno y otro, nos lleva a pensar, en algún interés contrapuesto, desfavorable con el primero, favorable con el segundo. Acto seguido, nos dice: “(…) Más entretenidos que los viajes del caballero de Beaumont son los Twenty four years in the Argentine Republic, un volumen publicado en Nueva York en 1846 por el Col. Anthony King, pero realmente escrito por su amigo Thomas R. Whitney, a quien el primero narró verbalmente los hechos de su fantástica odisea, para que éste les diera forma literaria. El degüello de nombres, localidades y sucesos históricos a que se asiste en el curso de la obra, hace su lectura algo difícil para el que conoce a fondo el país y sus hombres prominentes. Mr. Whitney probablemente no estaba en ese caso, y con una tranquilidad pasmosa traduce de oído el nombre de los personajes que desfilan en ella, sin tener en cuenta el spelling, rompecabezas de los escolares americanos. Así, nuestro general Lavalle aparece transformado en Lavalia; el gobernador Heredia, de Tucumán, es bautizado Aradia, y surgen sucesivamente en la escena Carrere, Bustas, Arouz, Ramerez, y otros. Mr. King, del mismo modo, nos informa que “durante sus campañas era una cosa común para oficiales y soldados hacer lo que llaman, bottes de patre, especie de bota hecha del cuero sacado de la pata de un potrillo”. A pesar de estos frecuentes lapsus, su libro se deja leer como una novela sensacional. Su autor nos informa que en 1817 huyó de su hogar paterno en Boston y se embarcó ocultamente en Norkolk, en un buque que salía con destino al Río de la Plata, aparentemente cargado de mercaderías comunes, pero en realidad provisto de elementos de guerra. Al llegar a nuestras playas, el capitán del buque lo puso en tierra sin un centavo en el bolsillo, sin conocer la lengua del país, y para mantenerse sentó plaza de soldado. Enviado como emisario a Ramerez, que estaba en la Rayada, el joven recluta cayó en el engranaje de la serie interminable de las aventuras de la guerra civil. Todos los sucesos de ese período aparecen travestis en el libro de King, y me parece excusado advertir que el que trate de estudiar en la narración de sus proezas los accidentes de nuestra historia sacará el mismo resultado que el que quiera aprender geografía en los viajes de Simbad el marino.” Basados en esta novela histórica, algunos abogados tucumanos, que posan de historiadores, utilizan parte de las memorias desmemoriadas, leamos el recorte utilizado, para fundamentar sus posiciones: “(…) el Gobernador (Aráoz) nos informó que Güemes era tan insensato como para suponer que podía aplastar de un solo golpe al gobierno de Tucumán, y que se aproximaba con una fuerza considerable resuelto a saquear la ciudad, y que en vista de todo eso, no solo había prometido una completa licencia a su soldadesca, sino que también había inducido a centenares de ciudadanos de Salta a que siguiesen a su ejército preparados con carretas, baúles y cajones para cargar los bienes que cayesen de sus manos…”. Esta narración, cae por su peso, si afirmamos (con pruebas documentales) que Güemes nunca estuvo al frente de sus tropas en Tucumán; si el Cnel. Alejandro Heredia (tucumano), comandante de las milicias salteñas, quien entablo negociaciones con el Cabildo de la República de Tucumán, firmando un armisticio, situación que aprovechó el Cnel. Manuel Eduardo Arias con las tropas tucumanas (esta fue la oculta intención de Aráoz), para atacar a los “invasores” salteños. Así, fueron dispersados, y triunfaron los temibles tucumanos en el Rincón de Marlopa (3.04.1821). Conmueve en el relato de King, la benevolencia de Aráoz para con los salteños. Según su novela, no invade Salta, para no aprovecharse de la derrota. Lo cierto, fue que el Cnel. Vidt (quien reemplaza a Heredia, por órdenes de Güemes), arrincona nuevamente a las fuerzas de Aráoz en la ciudad arribeña. Un dato importante, que es tergiversado en el relato de King, es el tema: carretas (para saquear). Las fuerzas de Güemes, llevaron carretas para cargar las armas del Ejército del Norte. Negadas por Aráoz, principal obstructor del Plan Sanmartiniano. Güemes como General en Jefe del Ejército de Observación sobre el Perú (designado por San Martín), necesitaba esta armas para iniciar la ofensiva de ejércitos convergentes sobre Lima, Perú, y el Alto Perú.




