Por Feliz Gonzalez Bonorino
Argentina tiene un sistema federal en su Constitución y un sistema centralizado en su economía. La brecha entre lo que dice el texto y lo que ocurre con el dinero público explica, en buena medida, por qué las provincias del norte acumulan décadas de retraso estructural mientras financian con sus recursos naturales un modelo que las margina. El federalismo fiscal argentino no es un problema técnico, es una decisión política.
La coparticipación federal de impuestos define cuánto dinero recibe cada provincia del Estado nacional. Y en esa definición, hay ganadores y perdedores estructurales.
Salta y las provincias del NOA están, desde hace décadas, del lado equivocado de esa ecuación. Y su pueblo lo siente en sus hogares.
Cómo funciona el sistema (y por qué nos perjudica)
El grueso de la recaudación impositiva argentina se concentra en los impuestos nacionales: IVA, Ganancias, impuestos al comercio exterior. Esa recaudación se distribuye entre la Nación y las provincias según coeficientes que mezclan criterios demográficos, de desarrollo y de devolución a los distritos exportadores.
El resultado es un sistema que favorece a las provincias más pobladas y más desarrolladas, y que no contempla adecuadamente las necesidades de las provincias con mayor pobreza estructural, menor densidad demográfica y mayores costos de provisión de servicios públicos. Es decir, Salta y el NOA se ven perjudicadas.
Una escuela rural en la Puna cuesta mucho más que una escuela urbana en el Conurbano. Una ruta en el Chaco salteño requiere inversiones enormes para conectar poblaciones dispersas. Esas realidades no están incorporadas en los coeficientes de distribución.
El doble castigo de las provincias exportadoras de recursos
Hay un aspecto del sistema que pocas veces se analiza con la atención que merece. Las provincias del norte exportan recursos naturales —minerales, petróleo, commodities agrícolas— que generan recaudación por retenciones que va al Tesoro Nacional. Esa recaudación no se coparticipa. Es decir: Salta aporta recursos naturales que el Estado nacional transforma en ingresos fiscales, y luego recibe de vuelta una porción de esa torta que no contempla su contribución original.
Es un doble castigo: la provincia cede sus recursos naturales, sufre los costos ambientales y sociales de su extracción, y no recibe una compensación proporcional.
La distancia entre un minero de la Puna, y un operario de una fábrica de baterías, incrementa las diferencias estructurales, acentuando la dependencia y el atraso.
El NOA debe reaccionar
El reclamo moral, social y estratégico del NOA es suficiente para impulsar los cambios necesarios para ir del atraso al desarrollo.
Necesitamos construir una posición regional común, articulada y sostenida en el tiempo, que ponga el tema de la reforma del federalismo fiscal en el centro de la agenda nacional. Y, mientras tanto, generar las propuestas alternativas que le entreguen al norte lo que necesita y le corresponde para su desarrollo.
«No pedimos privilegios. Pedimos que el sistema reconozca lo que aportamos y que distribuya en función de lo que necesitamos para desarrollarnos, no solo de cuántos somos.»
Lo que proponemos
Vivimos y recorremos provincias retrasadas y con riquezas que no se vuelcan hacia su pueblo. Familias pobres en la opulencia natural. Para cambiar eso:
Reformar los coeficientes de coparticipación incorporando indicadores de necesidad fiscal y costo de los servicios públicos en regiones remotas.
Coparticipar al menos una parte de la recaudación por retenciones a los recursos naturales entre las provincias productoras.
Crear un fondo de convergencia regional con criterios técnicos y transparentes que financie infraestructura en las provincias con mayor rezago.
El federalismo fiscal que tenemos no fue diseñado para desarrollar el norte. Fue diseñado para administrar las desigualdades existentes. No busca reducir la brecha entre regiones ricas y regiones pobres.
Podemos romper con este destino fallido. En Salta y el NOA deberemos conducir un debate que será central ante los cambios que vienen.
Entonces podremos decir que Salta produce y Salta cobra.




