¿Antes qué eran?

 

“El grupo se está convirtiendo en un equipo de hombres”, declaró Leandro Paredes, y la frase, más que describir un proceso futbolístico, parece abrir un pequeño portal temporal hacia otras épocas. En un deporte donde los millones, las marcas globales y las redes sociales dictan el pulso, todavía hay espacio para ese tipo de épica viril, como si la madurez de un equipo dependiera de cumplir con un estándar que nadie termina de definir, pero todos parecen entender.

La imagen acompaña: sonrisas, brazos entrelazados, camisetas transpiradas y la clásica selfie triunfal en territorio enemigo. Todo en orden. El equipo ganó, compitió, se impuso. Pero la explicación elige otro camino, uno donde crecer implica “hacerse hombre”, como si antes hubieran sido otra cosa, o como si el rendimiento deportivo necesitara todavía apoyarse en una idea bastante rígida de lo que significa ser adulto, fuerte o digno dentro de una cancha.

Quizá no haya mucho más detrás que una frase hecha, de esas que sobreviven porque nadie se detiene a revisarlas. O quizá sí: una manera de narrar el fútbol que se resiste a cambiar, incluso cuando todo alrededor ya lo hizo. Mientras tanto, Boca gana, River pierde y el lenguaje sigue jugando su propio partido, uno en el que algunas palabras parecen llegar siempre un poco tarde.