Martín Miguel Güemes Arruabarrena
Bernardo Frías nos relata sobre el hecho histórico, lo siguiente: “(…) Airado y renegoso Castro con el mal éxito de su expedición a Guachipas, proyectó otra, atribuyendo el fracaso a haber dejado la mitad de sus fuerzas en la ciudad y sus adyacencias. Resuelto, pues, a invadir de nuevo el valle, dispuso esta vez hacerlo con todas las fuerzas de su mando que tenía en Salta. Salió por el 12 de marzo, y no bien pasó los arrabales de la ciudad, ya las partidas de gauchos comenzaron a hostilizar con viveza la columna, marchando por su flanco y observando su paso para cargar sobre ella en cada punto que ofreciera por favorable el bosque o el camino.” Así comienza Frías, esta página heroica de nuestra historia. Sigamos su relato, pleno de vivencias, de sabor a patria. La historia comenzaba a escribirse con sangre salteña, norteña, argentina, suramericana. “Durante el trayecto – como era la comarca formada de haciendas de cultivos – enviaba Castro a uno y otro punto en que suponía o se divisaban a la distancia mulas o ganados, partidas sueltas a recogerlas; pero no bien estos destacamentos se desprendían de la columna, internándose por los senderos vecinales o llegaban más al fondo, donde iban a hacer la presa, las partidas de gauchos distribuidas a trechos por el monte del paso, tras las cercas o tapiales, arremetían sobre el enemigo a lazo, a boleadoras, a bala, a puñal; hiriendo, matando y golpeando jinetes hasta ahuyentarlos y obligarlos, al fin, a buscar salvación en el seno de la columna; por lo que Castro se vio precisado a marchar con toda su fuerza concentrada. Así continuó hasta arribar el 14 de marzo al Bañado, diez leguas al sur; estancia dilatada y pobladísima, propiedad antigua de los jesuitas, y, a la sazón, de don Santiago Figueroa, donde tomó campo. Fijó allí su cuartel porque era punto central del valle; cuya casa espaciosa y cómoda se ofrecía como la llamada para el oficio en la región. Desde aquel punto repartió sus partidas en procura de mulas y ganados. La una avanzó hasta Puerta de Díaz, donde esperaba hacer hallazgo de mulas; y otra, compuesta de cincuenta y seis hombres bien armados, al mando del capitán don Lucas Fajardo, se internó más adentro, penetrando en tierra de Guachipas en busca de ganado.” Lo expresado por Frías, nos interna en la espesura del monte salteño, comenzamos a sentir el fragor de la lucha agreste… “(…) El jefe de la vanguardia en aquel punto, don Apolinar Saravia, tuvo aviso de la expedición, y se aprontó a recibirla.” Aquí hacemos un alto en el relato, para expresar que “Chocolate” Saravia, hijo natural del Coronel don Pedro José Saravia, fue gestor fundamental de la victoria obtenida por el ejército patriota al mando de Belgrano, en la batalla de Salta. En este sentido, confirmaba la actuación rebelde de los hijos naturales, ante el orden establecido. En nuestra historia, los hijos legítimos de Pedro José Saravia quedaron en penumbras… ante la luminosidad del natural. La clase decente, pudiente, fiel a su conducta goda, salvo la rama criolla, olvidaría a los chocolate, borrando sus culpas concurrentes en la frustración del proyecto inconcluso güemesiano. Después de las luchas de la Independencia, la Patria Nueva se impondría a la Patria Vieja. Este criollo que fue Frías, no olvidaban, y dice: “(…) El 24 de Marzo, como a las dos de la tarde, sus descubiertas le avisaron (a Chocolate Saravia) que los enemigos, por el punto de Sauce Redondo, trataban de buscar un vado para cruzar el río Guachipas. Las avanzadas que Saravia tenía por ese mismo lugar, recibieron orden de su jefe de replegarse hasta la casa de Castellanos, mientras Saravia, levantando su retaguardia, marchaba con ella sobre el punto en su protección. Juntas así las fuerzas patriotas, constaban de treinta hombres de fusil, y lo restante de inerme paisanaje o gauchos de la región, que comandaba su caudillo particular, don Bernardino Olivera, nombrado comandante de los gauchos de Guachipas, y que había ayudado a Saravia a entusiasmar aquellas gentes y alzarlas en guerra, en lo que había desplegado un ardor y empeño sin segundo. A las cuatro de la tarde la guerrilla patriota, de doce hombres, rompió el fuego sobre la avanzada realista; y ésta volteó, herido de muerte al capitán de la guerrilla, el alférez de línea don José Antonio Suárez, comenzando su gente a retrogradar. Teniendo el caso por apurado, acudió Saravia con el resto de la división, y pasadas las primeras descargas, que se soportaron vigorosamente, mandó “avanzar sable, garrote y chuzo en mano”; y aquellos hombres se lanzaron sobre la línea enemiga, que los aguardaba a pie firme, con desprecio de la muerte, metiendo el desorden en el contrario y haciendo al punto en él un destrozo horrible. La victoria estaba conseguida. Saravia, dueño del campo, contaba once enemigos muertos, entre ellos el mismo Fajardo; catorce mal heridos y veintisiete prisioneros que remitió a Tucumán. Cinco nomás escaparon; y sobre ellos echó Saravia sus partidas en persecución. ¡Cuánta diferencia había, pues, entre éstos y Dorrego!”. Bernardo Frías con esta última afirmación, refutaba el papel de creador y gestor de la guerra gaucha, que atribuyeron a Dorrego ; basada en sus memorias, en sus informes, y en la valentía demostrada en las lomas de San Lorenzo. En la realidad: combates incruentos, sin heridos ni muertos, de acuerdo con la documentación histórica. Es interesante, y patriótico, releer lo expresado por “Chocolate” Saravia sobre la batalla de Sauce Redondo. Toponimia nacida del pastaje del ganado alrededor de un sauce, al cual redondearon comiendo su follaje. De allí, su denominación y señalamiento geográfico. Oficio del Capitán José Apolinar de Saravia al Señor Coronel y General en Jefe don José de San Martín “ (…) Tengo la satisfacción de participar a vuestra señoría cómo las armas de la patria, que se hallan bajo mi mando en esta avanzada, el día de ayer, 24 del corriente, han dado a la nación un nuevo día de gloria. Como a las dos de la tarde observaron mis descubiertas que el enemigo en número de cincuenta y seis hombres bien armados al mando del capitán comandante don José Lucas Fajardo se dirigía por el paso del río de Guachipas hacia este rumbo, inmediatamente di orden que mis descubiertas y avanzadas que existían en el Sauce Redondo, se replegasen hasta las casas de don Manuel Castellanos, entre tanto yo hacía avanzar mi retaguardia que se hallaba situada en la capilla para protegerla oportunamente. En efecto, a las tres y media de la tarde acampó el enemigo en el Sauce Redondo y como a las cuatro le rompí el fuego a su avanzada con una guerrilla de doce hombres al mando del alférez de caballería de línea don José Antonio Suárez, mas observando que muerto dicho alférez, me rechazaba la guerrilla, haciéndome a un mismo tiempo un prisionero, cargué inmediatamente con el resto de mi división, y pasadas las primeras descargas de fusil a las que se sostenían vigorosamente, mandé avanzar sables, garrote y chuza en mano; en este momento, desordenado el enemigo, huyó vergonzosamente, de que resulta haber conseguido una completa victoria, haciéndoles veintisiete prisioneros, entre ellos catorce malheridos; a más de estos ocho soldados, dos sargentos y el Comandante Fajardo muerto, consistiendo mi pérdida únicamente en la muerte de dicho alférez Suárez, dos soldados y un paisano heridos. Los tiranos ciertamente quedarán asombrados al ver que treinta hombres de fusil, ayudados del inerme paisanaje, atropellando por sobre un fuego vivo que el enemigo a pie firme sostenía, hubiese completamente destruido una doble partida en manos de las tropas del triunfante y orgulloso Abascal; pero si advierten que los hombres que los han invadido de corazón desean ser libres nada tendrán que extrañar, pues vale más un hombre libre que diez viles mercenarios como son ellos que se titulan soldados del rey. Después de encarecer a vuestra señoría el valor, constancia y regocijo con que todos mis soldados y paisanos se han comportado, debo particularmente recomendar a la consideración de vuestra señoría a la viuda e hijos de dicho alférez Suárez, cuyo ingente valor lo precipitó en la tumba que yace con sólo el interés de la libertad. También recomiendo a vuestra señoría por la mayor justicia al sargento Bernardino Olivera, nombrado por mí, comandante de paisanos de Guachipas, cuyo valor y entusiasmo introducido, por él en este paisanaje ha sido y es mi segundo. Por haberme ocupado hasta bien cerrada la noche en perseguir a los dispersos y derrotados, no he pasado a vuestra señoría ayer mismo el parte de tan feliz acontecimiento y lo hago hoy a las once del día desde este punto, al que a pesar de mis triunfos por mi débil fuerza me he retirado hasta descubrir los movimientos del enemigo, que al mando del coronel Castro se halla situado en el Bañado. Tengo en mi poder hasta esta hora treinta y dos fusiles, y otras tantas cananas, junto con una caja de guerra tomada al enemigo. Por los montes he mandado buscar algunos más fusiles de los muertos, dispersos y prisioneros, de lo que daré parte a vuestra señoría oportunamente. Se me olvidaba recomendar con especialidad a vuestra señoría el valor e intrepidez con que se han comportado mis cadetes don Vicente Torino, don Jorge Torino y don Manuel Gutiérrez. Dios guarde a vuestra señoría muchos años. Guachipas, marzo veinticinco de mil ochocientos catorce. José Apolinar de Saravia.” Para gloria de Apolinario Saravia, y de los gauchos guachipeños, el parte emitido por San Martín al Director del Estado (Posadas), expresa: “Excelentísimo Señor. El Capitán don José Apolinar Saravia, comandante de las avanzadas de Guachipas, con treinta hombres de fusil ayudados del valiente esfuerzo de los paisanos, logró arrollar completamente el 24 de éste una partida enemiga de cincuenta y seis hombres bien armados al mando del capitán comandante don José Lucas Fajardo, en los términos que verá vuestra excelencia por la copia del parte que acompaño. Después de dar debidas gracias en nombre de la Patria al comandante Saravia, y a todos los individuos de su partida militares y paisanos por su valerosa comportación decreté que el sargento Bernardino Olivera entrase en la clase de distinguido y fuese gratificado con cuarenta pesos… Dios guarde a vuestra excelencia muchos años. Tucumán, 31 de Marzo de 1814” El estado supo reconocer a don José Apolinario Saravia, Bernardo Olivera y a sus gauchos, a los caídos en Sauce Redondo, su patriótico accionar. Para evocación de las nuevas generaciones, transcribimos la resolución adoptada: “El Supremo Director del Estado satisfecho de que la incesante actividad y eficacia de vuestra señoría restaurará completamente la brillantez de las armas de la patria, ha leído con placer infinito la comunicación de vuestra señoría Nº 84 a que adjunta en copia el parte del valeroso capitán don José Apolinar de Saravia por el que se detalla la bizarra acción ganada a los enemigos, en las cercanías del Sauce Redondo.” Gloria eterna a los bravos defensores de la libertad e independencia, que yacen olvidados en nuestros montes, ríos y cerros salteños. ¡Viva la Patria!