La noticia parecía escrita por un guionista con ganas de hacerle una trampa al lector: “La hallaron con la cabeza enterrada”. Y aunque el caso de la mujer encontrada muerta en una vivienda de Villa Elisa es dramático, el título abre involuntariamente una puerta al doble sentido que cuesta cerrar. Porque una cosa es informar que la encontraron con parte del cuerpo bajo tierra y otra, muy distinta, es leerlo de pasada y preguntarse qué clase de investigación policial estaban haciendo.
Después viene la explicación y todo vuelve a su lugar: la mujer habría sufrido una descarga eléctrica mientras limpiaba una cámara séptica con una bomba, y los investigadores intentan determinar exactamente qué ocurrió. Pero el titular ya hizo su trabajo: “la cabeza enterrada”, “estaba vestida” y una escena dentro de un pozo forman una combinación que parece escrita por alguien que jamás tuvo una reunión con el departamento de edición. A veces el periodismo no necesita inventar nada: alcanza con juntar unas pocas palabras en el orden equivocado y dejar que la imaginación haga el resto.

