El gobierno de Javier Milei vuelve a demostrar que su famosa motosierra no distingue demasiado entre gasto innecesario y funciones esenciales. Esta vez, el recorte apunta al Servicio Meteorológico Nacional, donde se preparan 240 despidos como si se tratara de un ajuste administrativo más. La lógica parece sencilla: si el organismo funciona al límite, la solución evidente es quitarle aún más recursos. Después de todo, ¿qué tan importante puede ser anticipar tormentas, inundaciones o eventos extremos?
El plan, impulsado por Federico Sturzenegger, se apoya en una premisa que ya empieza a sonar conocida: achicar por definición mejora todo. Poco importa que el SMN ya tenga menos personal del necesario o que funcione 24/7 sosteniendo sistemas críticos. Con esta nueva tanda de despidos, la planta quedará reducida a niveles que ni siquiera alcanzan para cubrir las operaciones básicas sin sobrecargar a quienes quedan. Pero en la narrativa oficial, eso no es precarización: es eficiencia.
Mientras tanto, los trabajadores advierten algo bastante menos ideológico y más concreto: sin personal no hay datos, sin datos no hay pronósticos y sin pronósticos lo que queda es incertidumbre. Menos estaciones activas significan más “puntos ciegos”, menos alertas tempranas y mayor riesgo para actividades clave como la aviación o el agro. Pero quizás la apuesta sea otra: en un país donde se recortan incluso los instrumentos para prever el clima, tal vez la idea sea directamente acostumbrarse a vivir a la intemperie. Total, si la tormenta llega sin aviso, siempre se puede decir que nadie la vio venir.

