Por segunda vez en el año los salteños irán a las urnas en un escenario de decadencia representativa y declive de las instituciones partidarias. La elección de candidatos para las generales de noviembre entusiasma poco y nada. Detrás de los sellos, los frentes y las caras nuevas, asoman entre las sombras los patrones históricos de la política salteña.

Por Nicolás Bigñate

Si la contienda provincial del pasado 15 de agosto evidenció lo dificultoso de hacer proselitismo en tiempos pandémicos, la campaña para las PASO nacionales reafirmó aún más esa premisa. El desgaste en la discusión política parece no haberse movido un ápice y no se esperan grandes sorpresas en los espacios que compiten en internas. En el plano nacional la escasez de ideas derivó en una campaña chata que navegó entre definiciones astrológicas, sexuales, porro e histrionismo. Tal vez en aras de impactar en los sectores más desencantados con el rumbo económico y político del país.
Todo tiene su razón de ser. De las 34.3 millones de personas habilitadas para votar, 861.149 son jóvenes entre 16 y 17 años. Representan el 2,51 por ciento del padrón. Respecto a los niveles de participación, un análisis realizado sobre voto joven por el Ministerio del Interior de la Nación arrojó que en 2019 la participación efectiva alcanzó al 63 por ciento, mientras que el promedio nacional fue del 81 por ciento. Ahora bien, si se extiende esa franja hasta los 29 años, el número de electores asciende a 8,3 millones, esto es el 27% del padrón.
En Salta los partidos son abiertamente esquivos a las problemáticas reales de la juventud y se da casi por supuesto que la lógica nacional tendrá un peso relativo considerablemente mayor al de agosto. Dos fenómenos pueden llegar a torcer esta presuposición: la performance de Felipe Biella en la capital provincial y la incidencia de Unidos por Salta en el mismo departamento con Guillermo Durand Cornejo y en el norte con Natalia Loria y Baltasar Lara Gros. Aunque en los hechos el senador provincial por Capital es tan anti-kirchnerista como cualquier precandidato de Juntos por el Cambio, su ingreso al podio podría precipitar arengas «anti-grieta» como las emanadas del escenario oficial en el cierre de la elección provincial. Todo esto pese a que su campaña se montó en slogans de tirada nacional del tipo: «Ahora si el país nos necesita».
Romper la grieta
El sexagenario dirigente del Partido Conservador Popular ocupa cargos públicos desde 1993, lo que se dice un candidato tradicional de carrera. En sus recorridas de campaña tuvo dificultades para mencionar algún proyecto presentado en la cámara de senadores en sus cuatro años de mandato que haya beneficiado al departamento que representa. Y como la obediencia no es un valor muy ponderado en campaña, su plataforma discursiva escasea en propuestas y abunda en malos augurios. Su participación en las filas del saenzismo, no obstante, no es garantía de lealtad absoluta y los muchachos del Grand Bourg lo saben. No son pocos los que ven la mano de Juan Carlos Romero asomando por detrás de su cabellera blanquecina.
Guillermo Durand Cornejo, junto a Juan Carlos Romero y Alfredo Olmedo
El frente Sí+PRS que lleva al ingeniero Felipe Biella como precandidato a diputado nacional en primer término se traza un propósito similar: ser una alternativa potente en la capital donde el último 15 de agosto ingresaron tres legisladores. Su lanzamiento fractura aún más el acotado espacio de la centroderecha, aunque vale decir, Felipe no es Bernardo. Así y todo, cuesta mucho imaginarlo ausente en las generales de noviembre.
Felipe Biella y Elsita Pereyra Maidana
Frente de Todos + Sáenz + Urtubey + CGT
En el frente que aglutina al oficialismo provincial con el fernandismo local la interna carece de atractivo. El camionero Jorge Guaymás, empecinado en anotarse otra derrota, sólo atina a fingir sorpresa y denunciar aprietes a intendentes. Nunca hizo mucho para tener banca en el interior, pero aún así parece sorprendido del aparato desplegado por sus contrincantes en los municipios.
La realidad que advierte Guaymás, sin embargo, no se habría dado en la capital provincial donde los ex-ministros de Juan Manuel Urtubey se vieron casi echados a su suerte. «No les dieron ni una camioneta», aseguró a este medio un colaborador de campaña. En el caso de Emiliano Estrada esto se suma a sus enormes limitaciones para el debate y sobre todo para despegar su imagen del último coletazo de gestión «U». Los docentes se lo hicieron saber en las cinco semanas de huelga que transitaron y algún contrincante le recriminó no haber levantado el copete ante el desfalco que significó el Fondo de Reparación Histórica. Con sello y todo, el joven candidato nunca dejó de ser el ex-ministro urtubeycista que acompañó a Sergio «oso» Leavy en representación de su padrino político Fernando Yarade que a su vez es el garante de la sociedad Romero-Brito y que actualmente se apoya en La Cámpora para acompañar a Gustavo Sáenz. Alguien debió advertir a sus publicistas que presentarse como Emiliano, tal cual lo hiciera el senador recientemente electo por capital, no alcanzaría para obtener un resultado similar.
Emiliano Estrada junto a Fernando Yarade y Juan Carlos Romero
No muy distinta es la situación de Pamela Caletti, otra ex-urtubeycista de lazos sólidos con el establishment. Su paso por la gestión culminó con cifras récord de femicidios (entre ellos el de Andrea Neri dentro de las instalaciones del Servicio Penitenciario) y esto le valió la expulsión de la primera marcha Ni Una Menos en Salta. Como fiscal de Estado representó a la provincia frente al CIADI por el caso Casinos Austria, pero lo que debió haber sido una fervorosa defensa de los intereses provinciales, no fue más que un pobre alegato.
Pamela Caletti junto a Juan Manuel Urtubey
Juntos por el Cambio (de domicilio)
Tal vez un pequeño margen para la sorpresa haya en la interna de «Juntos por el Cambio +«, aunque estará supeditada a la performance del radical Héctor Chibán y, en mucho menor medida, a la de Nicolás Avellaneda. Los precandidatos con chances de llegar a noviembre son Carlos Zapata e Inés Liendo; el primero por portación de gorra amarilla y la segunda por contar con la estructura del PRO y la tutela romerista. La abogada y dirigente de Unión Republicana se presenta como la renovación del PRO en Salta y tal vez lo sea por el hecho de que partió de un nivel de conocimiento inferior al 2%. Fuera de eso, hasta la propia juventud del partido la considera la candidata de Juan Carlos Romero. El expresidente Mauricio Macri la ungió como la favorita de la interna y también recibió elogios de la presidenta del partido Patricia Bullrich. Sin embargo, ninguna de las ventajas con las que corre la precandidata del macrismo puro serán suficientes si el domingo por la mañana emite su voto en el barrio porteño de Recoleta.
Inés Liendo junto a Mauricio Macri
Carlos Zapata, representante del signo «+» en la denominación de la alianza y responsable nada menos que de haber traído al escenario al sojero Alfredo Olmedo, corre con alguna ventaja de instalación, no por sí mismo, sino por la simbología de su padrino político. Coinciden los consultores en que la gorrita amarilla garantiza un piso no menor a 12 puntos en toda la provincia, fundamentalmente en el interior. También coinciden en que una victoria del olmedismo en la interna opositora sería un estruendoso fracaso para el PRO y sus acólitos.
Carlos Zapata y Alfredo Olmedo
Izquierda fracturada, otra vez
La izquierda, por su parte, asegura haber hecho todos los esfuerzos por garantizar la unidad del espacio. Así y todo, el elector encontrará en las mesas de votación cuatro boletas rojas: Dos del FIT-Unidad, una del Nuevo MAS y una de Política Obrera. Cada una de las cuatro expresiones en pugna sigue un claro mandato nacional: disputar la representación del espectro a la izquierda del gobierno nacional atendiendo a una demanda explícita de renovación. Para eso deberán capitalizar con éxito la bronca expresada en agosto en la baja participación y el voto en blanco, que se llevó el 12% de los sufragios.

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