Contratado para ser el gran funcionario de la gestión de Bettina, ahora brilla por su ausencia.

Es más fácil encontrar a Wally en un dibujo que ilustre la fila para cobrar el IFE en el Correo Argentino, que a Bernardo Racedo Aragón en la municipalidad de Salta.

Cuando asumió como Coordinador de Planificación y Gestión, los bettinistas aseguraban que sería un “jefe de gabinete” tremendo. Un tipo que con su experiencia, saldría a poner la cara para recibir los golpes, cuando fuera necesario contener críticas, y que sería capaz de construir proyectos e impulsar la gestión.

“Va a ser el Pedro Guiberguis de la Muni”, aseguraban los bettinistas. El tiempo demostró que Racedo nada tiene de aquel brillante 8, sino que se asemeja más a un Gago, a un Gago lesionado, un Gago que ni siquiera pisa la cancha.

Desapareció antes que Miremont, el frustrado secretario de Cultura. Racedo se fue a Tucumán, a Yerba buena, y nunca volvió. Allá tiene su familia. Uno se lo imagina viendo videos del oficial Gordillo en Youtube, mientras come panchuques o achilatas y esas horribles empanadas tucumanas, sin sentir el más mínimo compromiso por Salta, mucho menos por la municipalidad, que naufraga sin nadie al timón.

Dicen, ahora, que vuelve el lunes. Pero eso decían hace un mes. Y hace seis semanas.

Esperar a Racedo Aragón es como esperar a Godot. Por supuesto que a Racedo sólo le importa tener depositado, a comienzo de mes, su oneroso sueldo.

 

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