La deuda que mantiene la cartera sanitaria con sus trabajadores podría afectar el normal funcionamiento. Quienes vienen trabajando ininterrumpidamente , dejando de lado sus ingresos de la parte privada, pensando que en algún momento se regularizará la situación, cosa que hasta el momento no pasa, empiezan a perder la paciencia. La segunda ola de COVID en Salta parece ser un hecho y la preocupación está en la disponibilidad de profesionales, que luego de cuatro meses sin cobrar, no quieran tomar nuevamente tamaña responsabilidad. Norma Jean

 

En octubre de 2020, la pandemia avanzaba sin tregua en Salta. La ocupación de camas en la provincia rondaba el 72% y los empleados no daban abasto. Entonces el Ministerio de Salud contrató

profesionales para mejorar la capacidad de atención del sistema sanitario. A través de los llamados «Contratos COVID», todos los gobiernos provinciales estaban facultados para contratar personal que reemplace a los trabajadores considerados «de riesgo», tanto en lo que hace profesionales médicos, enfermeros y de servicios generales, que incluye, limpieza, mantenimiento, cocina y ropería. Todos imprescindibles para llevar adelante un centro sanitario en pandemia

 

En Capital, son cinco los hospitales públicos y todos trabajaron bajo ese sistema. Aunque el hospital de referencia para COVID fue el Papa Francisco, todos tuvieron internación de pacientes COVID.

Sin embargo, a la fecha hay alrededor de 90 personas, entre los hospitales Papa Francisco y Señor del Milagro que no cobraron sus salarios o bien recibieron parte de ellos. Las situaciones son variadas. Algunos trabajadores cobraron parte de setiembre, otros que no cobraron nada y otros que lo están haciendo de forma irregular.

 

Hablamos de dos hospitales de referencia, que viven exclusivamente del arancelamiento de las prácticas del hospital, en los casos de pacientes con Obra Social y de las partidas que el Ministerio de Salud Pública le asigna a cada uno. Es así que los montos recaudados por «Arancelamiento/20» (así se llama la partida) se distribuyen de la siguiente manera: 50% para la Productividad (monto que se divide en partes iguales en todos los empleados que se encuentran trabajando dentro del hospital, a modo de reconocimiento por la eficiencia y eficacia de los trabajadores a la hora de prestar servicio), 30% para gastos del Hospital) y 20% para el Ministerio de Salud Pública. Ahora bien, cada ítem tiene que ver con un concepto diferente.

 

La productividad es el indicador más objetivo para medir la evolución de la competitividad, el desarrollo sostenido con que cuenta el organismo. El 30% correspondiente al Hospital, está considerado para ser utilizado en casos de emergencia o de problemáticas inesperadas. Pero en el caso de estos hospitales, tuvieron que recurrir a un porcentaje de la productividad y al monto del hospital para poder pagar a estos empleados que quedaron comprometidos con el trabajo desde la gestión de Medrano que prometió contratarlos justo antes de dejar de ser ministra. Los expedientes ingresaron, pero todavía no lograron concretar la vía administrativa para recibir la designación correspondiente.

 

El reclamo es general y afecta a trabajadores de todos los servicios de los hospitales, que llevan casi cuatro meses trabajando sin ver un sueldo completo. De acuerdo a lo que los propios trabajadores pudieron averiguar, el problema tiene que ver con un «error administrativo» dentro del Ministerio de Salud Pública. La misma fundamentación debe tener el retraso en el pago del bono COVID que pagó Nación a todos los trabajadores de Salud que siguen prestando servicios a pesar del riesgo. El último se depositó hace 10 días y correspondía al mes de octubre.

 

La deuda que mantiene la cartera sanitaria con sus trabajadores podría afectar el normal funcionamiento de los servicios de enfermería, el médico, de laboratorio, de diagnóstico por imágenes, entre otros trabajos allí realizados, y que  cumplen dichas tareas; quienes han trabajado ininterrumpidamente desde su contratación, dejando de lado sus ingresos de la parte privada, pensando que en algún momento se regularizará la situación, cosa que hasta el momento no pasa.

 

La segunda ola de COVID en Salta es un hecho y la preocupación está en la disponibilidad de trabajadores y profesionales que luego de cuatro meses sin cobrar no quieran tomar nuevamente menuda responsabilidad y de esta manera, la Salud Pública quede desmantelada.

 

Desde el Hospital Señor del Milagro, el gremio llevó a cabo un reclamo diario sistemáticamente durante noviembre y diciembre, buscando ser escuchados. Desde el Hospital Papa Francisco se envió un comunicado en que se aclara la situación actual. «Como personal de salud del Hospital Papa Francisco, Centro de Referencia COVID, que hemos sido contratados por la Provincia con el fin de afrontar y contener la emergencia sanitaria consecuencia de la pandemia por el COVID 19, queremos hacer público nuestro descontento ante el incumplimiento del pago de nuestros honorarios establecidos en el contrato de servicio desde el mes de octubre del 2020 hasta el día de la fecha, tiempo durante el cual hemos cumplido ininterrumpidamente con nuestro trabajo exponiendo tanto nuestra salud física como mental. Exigimos una respuesta rápida, razonable y concreta por parte del Ministerio de Salud de la Provincia sobre el pago que nos corresponde y una solución inmediata ya que tenemos conocimiento que la documentación faltante para el cobro, está trabada en este Ministerio. Finalmente, consideramos justo también el pago retroactivo de los sueldos y los bonos correspondientes por la extensa y dura espera que se está viviendo, debido al perjuicio económico causado tanto a los trabajadores como a sus familias, ya que se está haciendo un gran esfuerzo por seguir cumpliendo con la labor de todos los días».

 

Lo cierto es que, en la última semana, el hospital Señor del Milagro tuvo que reabrir la Sala COVID, ubicada en la zona que se denomina «de aislamiento» porque ingresó el primer caso de COVID de la segunda ola y ya cuenta con un caso más en Terapia Intensiva.  Por su parte, el Papa Francisco, como hospital de referencia de COVID, trabajó a sala llena durante esta semana.

 

Otra que Los Tres Chiflados 

 

Toda la seriedad de los temas sanitarios, se va por inodoro cuando pasan cosas como la que pasó en la última semana en San Ramón de la Nueva Orán.

 

Resulta que el miércoles llegaron a Orán dos choferes del SAMEC a «retirar» las dos ambulancias nuevas, una de mediana y otra de alta complejidad, que a comienzos del 2020 entregó Nación y la Provincia dispuso, vayan a Orán.

 

Según los trabajadores y el pedido que llevaban por escrito, las llevaban para hacer «un service», sin fecha de retorno. El planteo era raro desde el inicio. Normalmente, desde Capital se avisa qué día tienen turno para el service y son sus propios choferes los que las llevan y las traen el mismo día, dada la importancia que tiene una ambulancia para un hospital en el interior.

 

El pedido llegó a manos de la gerencia, como es correcto, y si bien ni el gerente ni el subgerente estaban del todo de acuerdo en que se lleven ambos vehículos juntos y sin fecha de retorno, entendieron que se trataba de una orden ministerial y accedieron. La cosa fue cuando se enteraron los trabajadores del hospital. En especial, un cardiólogo (Gomilla) que decidió salir al cruce a impedir que se las lleven.

 

Pasaron las horas y tanto Gomilla como algunos camilleros y trabajadores de Servicios Generales del Hospital, seguían parados frente a las ambulancias impidiendo que las saquen.

 

Los choferes no sabían qué hacer y llamaban a su jefe en Salta para pedir directivas nuevas. Pero las medidas que imponía Arguello eran las mismas. «Se vienen con las ambulancias, si o si». Se armaron de paciencia y siguieron tratando de llevarlas mientras los trabajadores del San Vicente de Paul lo impedían. La Gerencia trataba de hablar con el ministro que estaba en reunión con los gremios. La noticia llegó a oídos del intendente en breve. Se preocupó y llamó al Gobernador para preguntar qué estaba pasando. Gustavo Sáenz, que estaba con la cabeza en otra cosa, no entendía por qué González lo llamaba con tanta insistencia y tanto enojo. Así que le pidió a Esteban que se hiciera cargo del desbarajuste sanitario. Esteban que estaba bastante complicado con el tema Gremios, preguntó de dónde salió esa orden tan tirada de los pelos aunque no recibió respuestas.

 

Mientras tanto en Orán, Gomilla perdía la cordura y en medio de un brote psicótico dañaba las unidades para que no pudieran ser trasladadas.

 

A Ramona Riquelme que justo pasaba por ahí, la subieron a una de las ambulancias, mientras decían que ella no se iba a bajar. Otros empleados del hospital sacaban reposeras y rodeaban las ambulancias. La gerencia no aparecía por el lugar, pero tampoco daba la orden de dejar salir a los vehículos.

 

Esteban terminó resolviendo el conflicto con el Intendente González y garantizando que nadie les tocaría sus ambulancias. Un diálogo que ninguno de los dos esperaba tener ese día. Mientras que Gustavo Sáenz dio por concluido un tema más que raro.

 

El que se quedó con las ganas fue Arguello que se creyó con el poder suficiente como para agarrar los vehículos que se le antojara y moverlos como piezas de ajedrez. Una práctica que quizás sea parte de lo que venía haciendo en la gestión Medrano para mostrar un SAMEC deficitario y lograr su privatización, a manos de Swiss Medical, a través de ECCO, tarea que le quedó pendiente y se dio cuenta que no le va ser muy fácil que digamos.

 

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