Jorge Oscar Folloni vuelve para conducir el partido político que creó, hacia nuevos puertos casi desconocidos y desconcertantes. Los pocos que quedan se encuentran anodadados. 

 

 

Cuentan los memoriosos de la política lugareña que siempre fue un tipo meticuloso, dedicado, firme, quizás por su pasado como joven profesional en la Gendarmería Nacional. No se conoce a ciencia cierta porqué fue a ocupar diversos cargos públicos de envergadura en el gobierno de facto de un marino extraño a estas tierras; pero lo cierto es que luego de impulsar normas políticas que aún hoy están vigentes, resolvió avanzar, junto a otros hombres cercanos a Roberto Augusto Ulloa, en el armado de un partido político provincial que heredara cada una de las gestiones públicas municipales en toda la provincia y la remembranza de una gestión como la del ex gobernador, el “Hornero” Durand.

 

Una provincia tradicional y conservadora siempre necesita un partido político que represente prístinamente esos valores, más allá que el conservadurismo se extienda como el peronismo hacia todas las latitudes y personajes políticos.

 

Su cursus honorum político culminaba allá por el año 1995 como candidato a gobernador de la provincia, acompañado por un joven ambicioso, con orígenes del medio oriente, de uno de los distritos más importantes del interior provincial.

 

Se comenta que su férrea impronta personal, en aquella campaña electoral desde el oficialismo provincial, se imponía sobre la fórmula gubernamental de Ulloa/Gómez Diez, cuestión que terminaba siendo  poco digerida por los mandamases de entonces.

 

Así el Partido Renovador de Salta ingresaba a su mayoría de edad con los mejores vicios y virtudes de la política. Si lo traicionaron desde su propio gobierno y partido o su estilo críptico de moverse en los pliegues de la política prescindiendo del resto de engranajes, sólo lo sabe él y capaz que su almohada.

 

El dato de la realidad se lo confirmó varios años después un extinto legendario operador del peronismo en una antesala de una cena donde al saludarlo con deferencia, le reconoció que el “aparateo” del peronismo salteño recogió el imprescindible 5% de los votos para que así se impusiera la fórmula del peronismo Romero/Wayar.

 

Luego del casi insuperable mal trago gubernamental, volvió al rol parlamentario nacional hasta que llegado el 2000 impulsara la línea interna denominada Movimiento de Apertura Renovadora. Esa experiencia más allá de congregar dirigencia de pertenencia partidaria también posibilitó la llegada a la política de hombres dedicados a la prensa como así también permeables a las divisas.

 

Dicho movimiento se fue agotando internamente puesto que las nuevas generaciones de representantes ostentaban tener otras prioridades.

 

Así se retiró discretamente ante el choque de, hoy dos ex vicegobernadores renovadores, que aspiraban al recambio dirigencial en la conducción partidaria pero con expectativas diametralmente diferentes.

 

En el año 2011, el consabido juego del basquebolista tartagalense en su lugar de número dos  de  la provincia, acicalando al poder por un lado y, fomentando una disputa por el otro sólo para acrecentar las divisas rumbo a la isla de Chipre y alrededores; fue su última postulación pública en representación del PRS.

 

Y de pronto llegado el año 2020, en un entonces desconcertante escenario pandémico, lo encontró en la necesidad de acompañar a uno de sus cuatro hijos varones en una aspiración quizás entre sugerida o presionada para conducir los destinos de un Partido Renovador casi vaciado de dirigentes y de ideas.

 

Comenzó siendo el estratega del armado político partidario y las vueltas de la política son impredecibles, te acostás en la postulación de un cargo y te despertás al día siguiente en otro.

 

Ante la contundencia de la no afiliación renovadora vigente de su hijo menor, el intendente de Campo Quijano; fue ungido unánimemente por dirigentes renovadores históricos como candidato a presidente del Partido que creó en 1982 hoy con pasados 80 años para conducirlo hacia un futuro casi inimaginable.

 

Pero lo cierto es como en el lejano oeste norteamericano, ante una anomia y desenfreno en los deseos, vanidades y ejercicio del poder, vuelve al ruedo un sheriff político legendario con una impronta dura, como sostienen las nuevas generaciones desconociendo su franco y diáfano sentido del humor.