Luego de conocerse que un médico de Tartagal- objetor de conciencia- pedía sexo o dinero para practicar abortos realizamos una genealogía sobre la masculinización de la práctica médica que tuvo lugar con claras intenciones de relegar, una vez más, a las mujeres. (Por Andrea Sztychmasjter)

Esta semana se conoció que un equipo integrado exclusivamente por mujeres realizó un trasplante hepático, único en la historia de la medicina argentina y -hasta donde se tiene registro- del mundo. La intervención fue realizada el 17 de marzo a un hombre de 47 años en el hospital El Cruce de Florencio Varela. Luego de 60 años del primer trasplante hepático en el mundo, recién en 2021 un equipo integrado solamente por mujeres realiza tal cirugía.

La noticia refleja los imperativos machistas que todavía persisten en una sociedad de la cuál muchos señalan ya existe igualdad plena. Y denota que la masculinización de la profesión, para el caso de la medicina, tuvo intencionalidades marcadas para dejar afuera a las mujeres. Lo reflejan las declaraciones de las mismas cirujanas quienes señalaron que aun hoy hay personas que manifiestan no querer operarse por mujeres. Ellas, incluso, no son tomadas en serio ni siquiera por sus propios colegas, en palabras de las profesionales.

Machismo médico a la salteña

En Salta hay sólo 19 profesionales de la salud para garantizar la interrupción voluntaria del embarazo porque la mayor parte de los especialistas de tocoginecología son objetores de conciencia. Por su parte el colegio médico de Salta fue categórico desde 2012 con su postura en contra de la ampliación de derechos para las mujeres que deseen interrumpir un embarazo. Sumado a esto, una fiscala investiga a un médico que pedía sexo o dinero para practicar abortos. El médico acusado es objetor de conciencia en el hospital público, y según las denuncias, realiza abortos en la parte privada.

Históricamente las mujeres fueron relegadas de  la práctica médica, alejándolas del autocuidado sobre sus propios cuerpos y del control sobre la procreación.  La masculinización de la profesión sigue propiciando violencia, abusos, intervenciones excesivas sobre el cuerpo de la mujer, elevado índices de cesáreas, episiotomías, falta de información, estigmatización, además de las altas cifras de maltrato verbal referidas por las mujeres.

Mujeres medicina

Los testimonios literarios y epigráficos confirman el hecho de que no pocas mujeres realizaron prácticas médicas y especialmente ginecológicas en el mundo antiguo. Existen registros de la primera mujer dedicada a la obstetricia en Atenas en la 2ª mitad del s. IV a. C., bajo el nombre de Agnódice, una joven de la alta sociedad. Dado que no era fácil que las mujeres aprendieran o ejercieran la medicina en esa época, tuvo que utilizar un recurso inesperado para conseguir sus propósitos: se vistió de hombre y se fue a las clases de Herófilo –médico muy reputado y pionero en el estudio de la anatomía femenina- quien escribió un tratado sobre ginecología, citado por Sorano de Éfeso.

Alejadas por lo general del logos, las mujeres cumplían un papel importante con su presencia en determinados momentos de la vida; la procreación, el nacimiento, los ritos, las ceremonias. La salud femenina era una cuestión de mujeres, pues según los registros en la antigüedad las féminas no se dejaban “tocar” por otros hombres, es así que la tarea de recibir a recién nacidos era cuestión solamente de parteras.

Una de las más conocidas parteras es Fenareta la madre de Sócrates, según él mismo nos cuenta se trata de un oficio, una téchne y un arte. Sin embargo describe, la ‘técnica’ no es suficiente, ya que para ejercer este oficio es necesario que la mujer haya pasado por un parto, es decir tener experiencia vivencial y haber cumplido cierta edad; sólo las mujeres que ya no pueden parir ayudan a parir a las otras.

Sus prácticas han ido evolucionando desde un cúmulo de conocimientos transmitidos o basados en la tradición cultural, en muchas ocasiones bajo la influencia de prácticas místicas o religiosas, hasta llegar al conocimiento científico. Es de esta especialización naciente de la que Sócrates tomará su inspiración para dar a luz su mayéutica.
En la actualidad las antiguas parteras pueden asimilarse a la cada vez más extendida figura de la doula, mujer que acompaña y que hace de sostén a otra mujer, “de mujer a mujer”, en todo el proceso fisiológico del embarazo, parto y postparto.

Históricamente y en diferentes ámbitos del conocimiento hemos visto que para evitar afectar al tranquilo devenir masculino, la estrategia a seguir fue clara: silenciar el ejercicio intelectual de las mujeres.

Con el despojo de las llamadas curanderas y parteras se expropió a las mujeres de un patrimonio de saber empírico, en relación con las hier­bas y los remedios curativos, que habían acumulado y transmitido de generación en generación, una pérdida que allanó el camino para una nueva forma de cercamiento: el ascenso de la medicina profesional que, a pesar de sus pretensiones curativas, erigió una muralla de conoci­miento científico indisputable, inasequible y extraño para ellas.

 

 

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