Desafortunada excusa la del encargado del tránsito de la municipalidad Juan Carlos Sauma, para justificar la también desafortunada obra realizada en calle Belgrano y Dean Funes, aún sin inaugurar.

Por Lola Mento

Resulta que en el lugar, se les ocurrió colocar una alcantarilla de gran extensión a fin de lograr el drenaje en épocas de lluvias: una finalidad positiva. Sin embargo la obra se vio opacada cuando un ciclista sufrió un accidente protagonizado por un colectivo y fue a hundirse de lleno en la alcantarilla -puesta por los genios de ingenieros y arquitectos- con las aberturas paralelas a la circulación. 

Con una malograda frase, el encargado del Tránsito intentó deslindar responsabilidades atribuyendo lo ocurrido  a “una cuestión cultural”, cargando culpas sobre los ciclistas que protestaron por la obra que se constituyó en casi una trampa mortal (el accidente pudo ser peor).

La ignorancia de las declaraciones del funcionario -quien manifiesta ser Magíster en Tránsito, Seguridad Vial y Movilidad- va a contramano con la política de el gobierno municipal al cual pertenece y que se basa en el reordenamiento del transito y un plan de movilidad sustentable que busca darle prevalencia al uso de la bicicleta. 

Sauma argumenta sobre la “cuestión cultural” que los ciclistas no pueden circular por el carril derecho -que está reservado para el transporte público- ,sin embargo como funcionario a cargo del tránsito en la ciudad incumple con las medidas básicas de mantenimiento de la señalización, delineadores de marcación (que cada día quedan menos) y campaña de concientización. A esto se suma la inadecuada señalización que se hizo, respecto a las obras que se llevan adelante (un automovilista impacto contra el obrador, durante la ejecución de los trabajos). 

Si hablamos de “cuestión cultural”, el encargado del tránsito debiera comenzar a cultivarse a sí mismo, como así también al resto de su personal, entendiendo que ninguna obra puede constituir un obstáculo para la libre circulación de cualquier tipo de vehículo en una zona de alto impacto de tránsito, presumiendo por supuesto de una ciudad planificada, con políticas de urbanismo y movilidad enfocadas en las personas, y funcionarios capacitados para tal fin. 

De nada sirve que pinten como lo hicieron ahora, las alcantarillas para que puedan verse mejor. Nos preguntamos ¿qué pasará cuando la lluvia se apropie de la calle Belgrano y no se pueda visibilizar la pintura de las alcantarillas? O lo que es peor ya que se trata del destino de cada obra que se inaugura ¿cuando la pintura sufra el desgaste del tiempo y desaparezca? O, ¿si un ciclista, por evadir la alcantarilla flamantemente pintada, hace una maniobra que no sea advertida por un auto, taxi, o colectivo? Estará dispuesto Sauma a asumir el costo de las consecuencias. Ya que el novato funcionario es amigo de las frases hechas le sugerimos otra que podría evitarle futuros dolores de cabeza: «mas vale prevenir que curar», y sino… lleva, llévame en tu bicicleta.