Esta semana hizo su reaparición pública el derrotado candidato a senador del 2017, Adrián Valenzuela. Lo cierto es que el autodenominado “Chico Malo” parece que volvió recargado y con sed de venganza. Es tanto el rencor que vomitó por la pantalla de Cablevisión, el periodista, que más de uno tuvo que tomarse un uvasal, para pasar el mal rato.

                                                                                                         Por Lola Mento

En la entrevista Valenzuela pasó de las rebuscadas frases hechas, hasta otras tantas de las que la gente quiere escuchar como: “La política es el arte de todo lo posible”. “Muchos tienen que jubilarse en la política”, “Tienen que terminar los cargos enquistados de los políticos que nos gobiernan y los punteros políticos también”.  Incluso llegó a la ridiculez de responder a la pregunta de a qué espacio pertenece, con un lacrimógeno: “Estoy dentro de la gente”.

La letanía de Chico Malo se agrava cuando se refiere a las acusaciones que se hicieron sobre su persona en aquella campaña. Su nivel de “yoismo” alcanza allí, el punto máximo casi comparándose con Jesucristo. Además de aclarar que todo lo que se dijo sobre él, fue mentira, analiza que todo fue producto del miedo que provocaba su candidatura. Llegó incluso a decir que “su caso” siente un “precedente de estudio periodístico” y que es el tema tomado para ¡varias tesis de estudiantes de la Universidad Católica de Salta!

El ego atizado por la sed de venganza del ex candidato a senador tuvo su punto máximo, cuando en una especie de monólogo se apropió de la entrevista (prácticamente la hizo solo) y acusó a quienes se metieron con su vida privada, sin evitar ventilar él mismo su vida privada. Contó que tuvo que sacar a uno de sus hijos de la escuela, porque los pseudo  (¿?) padres de sus compañeritos lo señalaban.

Con un excesivo uso de la palabra “refrendado” y en evidente desconocimiento del significado de otras palabras que usó en la entrevista, el ex candidato se dedicó a relatar un rosario de penurias que se extendieron hasta luego de la derrota, cuando ya nadie le atendió el teléfono.

Para sintetizar, el periodista se autodefinió como un gentleman, dijo que fue “inocente”, y habló de la justicia divina, volviendo a su remanida frase: “El que nada debe nada teme”.

En definitiva, una entrevista con sabor a nada y de la cual lo único que se rescata, es que es tal el grado de resentimiento que porta, que contabiliza el tiempo transcurrido desde aquella derrota: “Un año, siete meses, 24 horas 32 minutos y nadie se acordó de mí”, repite. Resumen: Valenzuela quiere revancha, pero termina siendo otro candidato sin solvencia, ni propuestas que al menos se vislumbre que pretenda modificar las necesidades de la gente. Uno más…

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