Analizamos algunos datos del último informe del Observatorio de violencia contra las mujeres que da cuenta de la participación de las mujeres en el mercado laboral de Salta.
Andrea Sztychmasjter
En Día internacional de la Mujer trabajadora como inicialmente se lo denominó nació de las actividades del movimiento sindical a principios del siglo XX en América del Norte y Europa.
Señalan los registros que el primer Día de la Mujer se celebró en los Estados Unidos, el 28 de febrero de 1909, a sugerencia de la militante socialista Theresa Malkiel, en contexto de reivindicaciones laborales, que incluyó la huelga de las camiseras de Nueva York, también conocida como el «Levantamiento de las 20 000», en noviembre de ese año.
En 1910 tuvo lugar la segunda Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas en Copenhague. El tema principal fue el sufragio universal para todas las mujeres y, por moción de Clara Zetkin, se proclamó el Día Internacional de la Mujer Trabajadora.
Como consecuencia de la decisión adoptada en Copenhague el año anterior, el Día Internacional de la Mujer Trabajadora se celebró por primera vez el 19 de marzo de 1911 en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza, con mítines a los que asistieron más de un millón de personas, que exigieron para las mujeres el derecho de voto y el de ocupar cargos públicos, el derecho al trabajo, a la formación profesional y a la no discriminación laboral.
El 25 de marzo de 1911, 123 mujeres murieron en el incendio de la fábrica textil Triangle Shirtwaist Company, que funcionaba en los pisos 8, 9 y 10 de un edificio en Nueva York, del que no pudieron escapar dado que sus empleadores, Max Blanck e Isaac Harris, ordenaban el cierre de sus puertas durante el horario de trabajo. Este hecho generó cambios en la legislación laboral de los Estados Unidos, y en las celebraciones posteriores del Día Internacional de la Mujer Trabajadora se hizo referencia, año tras año, a las condiciones laborales de explotación que condujeron al desastre.
En ese contexto y con la clara reivindicación de las mujeres en el mercado laboral analizamos algunos datos del último informe del Observatorio de Violencia contra las mujeres (OVcM), vinculados al mercado de trabajo en la Provincia de Salta.
El interés en este análisis radica en visibilizar las desigualdades que atraviesan las mujeres y diversidades en el acceso, permanencia y calidad del empleo, así como en la distribución de las oportunidades laborales. Desde el inicio de sus funciones, el OVcM señala que ha incorporado el estudio de la dimensión socioeconómica de las desigualdades por motivos de género, reconociendo la relevancia que tiene la autonomía económica para el ejercicio efectivo de los derechos y la prevención de las violencias. En informes anteriores, esta línea de análisis se ha reflejado a través de la inclusión de datos estadísticos sobre actividad, empleo, desocupación y otras variables relacionadas con la inserción laboral de las mujeres en Salta.
El análisis de los distintos subconjuntos poblacionales evidencia que, a lo largo del periodo estudiado, desde el primer trimestre de 2.024 hasta el primer trimestre de 2.025, las mujeres se mantienen subrepresentadas en la Población Económicamente Activa y en la ocupación, mientras que su participación en la desocupación continúa siendo mayoritaria y en la subocupación muestra una disminución gradual. Esta dinámica refleja la persistencia de desigualdades de género en diversas dimensiones del mercado laboral y la necesidad de considerar estas diferencias al momento de diseñar políticas públicas orientadas a mejorar la equidad de oportunidades.
Entre el primer trimestre del año 2.024 y el primero de 2.025 se observan brechas sistemáticas entre mujeres y varones en los cuatro principales indicadores del mercado laboral: la tasa de actividad, la tasa de empleo, la tasa de desocupación, y la tasa de subocupación. En cuanto a la tasa de actividad, los varones se mantienen en niveles altos y estables en el periodo mencionado, en torno al 66-68%, mientras que las mujeres presentan una participación significativamente menor, entre el 47% y el 52%. Esta diferencia local, de 20 puntos porcentuales en el primer trimestre del año 2.025, reproduce lo que señala la Organización Internacional del Trabajo a nivel mundial: la participación de las mujeres en la población activa ronda el 49%, frente al 75% de los varones, lo que marca una brecha de casi 26 puntos porcentuales y que en algunas regiones llega a superar los 50 puntos.
Esta disparidad refleja las limitaciones estructurales que enfrentan las mujeres, particularmente asociadas a la distribución desigual de las tareas de cuidado, que restringen su libertad para decidir trabajar en condiciones de dignidad y seguridad. Por otro lado, la tasa de empleo refleja la misma desigualdad. Los varones se ubican de forma sostenida por encima del 61%, con un máximo de 64,5% en el cuarto trimestre de 2.024. En contraste, las mujeres alcanzan valores que rondan entre 43,8% y 49,5%, mostrando incluso una clara tendencia descendente, y un retroceso en el primer trimestre de 2.025. Esta diferencia pone en evidencia que, además de participar menos, las mujeres enfrentan mayores dificultades para insertarse y sostenerse en empleos remunerados de mayor calidad.

