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Para los porteños los salteños no somos argentinos

 

Una joven salteña tuvo que explicar en las redes sociales que es argentina, como si para obtener el documento nacional hiciera falta pasar primero por un control de rasgos faciales en la General Paz. Su delito: tener una apariencia que algunos usuarios consideran más propia de Bolivia o Perú que de la Argentina. La chica, cuya familia es de Cachi, en los Valles Calchaquíes, respondió con una frase que merece un lugar en el diccionario de la convivencia nacional: “Lamentablemente, solo hablo español, inglés, portugués y japonés; todavía no aprendí el idioma de la ignorancia”. El video se volvió viral y dejó al descubierto una vieja costumbre: para algunos argentinos, la nacionalidad viene acompañada de determinados rasgos físicos, un tono de piel y, preferentemente, un domicilio en Buenos Aires.

El problema es que la Argentina no empieza en el Obelisco ni termina donde se acaba el alcance del subte. Antes de que existieran las fronteras actuales, los pueblos andinos ya habitaban estos territorios, cultivaban la tierra y construían sus propias culturas. Los diaguitas no estaban esperando que alguien desde Buenos Aires les otorgara la nacionalidad. Sin embargo, cada tanto aparece algún iluminado que confunde la identidad argentina con una publicidad de cerveza filmada en Palermo. Según esa lógica, los salteños, jujeños, santiagueños y tantos otros habitantes del interior tenemos que presentar antecedentes, explicar nuestras raíces y demostrar que pertenecemos al país. Si compartimos rasgos, comidas o costumbres con bolivianos y peruanos, aparece la sospecha. Como si la historia pudiera corregirse con un comentario de Instagram.

La ironía es que quienes cuestionan la argentinidad de una salteña por sus rasgos probablemente se ofenderían si alguien pusiera en duda la suya por vivir en Buenos Aires. El centralismo tiene esas cosas: convierte una ubicación geográfica en una medida de todas las demás y después llama ignorantes a los que no piensan como él. La Argentina es también el norte indígena, los pueblos rurales, las provincias que rara vez aparecen en la agenda porteña y millones de personas que no necesitan parecerse a nadie para ser argentinas. La joven ya sabe hablar español, inglés, portugués y japonés. Quizá no valga la pena que aprenda el idioma de la ignorancia: en algunas partes del país ya se habla con demasiada fluidez.

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