Este lunes murió un hombre de 53 años producto de una rara enfermedad infecciosa proveniente de los monos.
El fallecido fue un veterinario, oriundo de Beijing que trabajaba en un instituto de investigación especializado en la cría de primates, según el Centro Chino para el Control y la Prevención de Enfermedades. 
En marzo había diseccionado dos monos muertos.
Como consecuencia experimentó náuseas, vómitos y fiebre un mes después.
Sus muestras de sangre y saliva fueron enviadas al centro en abril, donde los investigadores encontraron evidencia del virus «Mono B».
Sin embargo, dos de sus contactos cercanos, un médico y una enfermera, dieron negativo al virus.
El virus del mono B, o virus del herpes B es extremadamente raro, pero posiblemente mortal, cuando se propaga a los humanos. 
Tiende a atacar el sistema nervioso central y causar inflamación en el cerebro, lo que lleva a la pérdida del conocimiento si no es tratado con tiempo, tiene una tasa de mortalidad del 80%.
Las víctimas suelen ser investigadores que trabajan directamente con primates y podrían estar expuestos a sus fluidos corporales a través de rasguños, mordeduras o heridas. Hasta el momento se documentaron menos de 100 infecciones humanas de herpes B desde el primer caso de transmisión de primates a humanos en 1932, muchas de ellas en América del Norte.
En 1997, un investigador de primates en Nueva York murió seis semanas después de que un mono enjaulado le arrojara una gota de líquido en la cara y le golpeara el ojo. Los especialista chinos dicen que, tanto el herpes B como el nuevo coronavirus son «la consecuencia de los saltos de especies«, pero la diferencia importante es que en el caso del herpes B, es un callejón sin salida. No es saltar de un ser humano a otro. El SARS-CoV-2 adquirió la capacidad de propagarse a un nuevo huésped. En el caso del Herpes B, está muy bien adaptado a los monos macacos y es poco probable que mute de manera que comience a propagarse rápidamente entre los humanos. 
Sin embargo, las autoridades sanitarias chinas dijeron que el descubrimiento del virus en un ser humano sugiere que podría «representar una amenaza zoonótica potencial para los trabajadores ocupacionales» y que es necesario «fortalecer la vigilancia en macacos de laboratorio y trabajadores ocupacionales».

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