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Orozco desmentida y desangelada

La candidata libertaria intentó justificar la ausencia de Milei en Salta con un argumento de seguridad que fue rápidamente desmentido por la propia Casa Rosada. El episodio dejó al descubierto su aislamiento dentro del oficialismo y su desesperado intento por seguir en la foto del poder.

La diputada nacional y candidata a senadora por La Libertad Avanza, Emilia Orozco, protagonizó en las últimas horas un nuevo traspié político. Afirmó tajante que el presidente Javier Milei no visitaría Salta por falta de garantías de seguridad, pero apenas horas después fue desmentida públicamente por el propio gobierno nacional, que aclaró que la decisión respondía, en realidad, a una cuestión de estrategia electoral. La explicación oficial la dejó en evidencia: ni fue consultada ni está dentro del círculo que define las decisiones de la campaña presidencial.

Lejos de ser un episodio menor, el papelón de Orozco revela la creciente soledad política de la diputada, que en su afán por mostrarse alineada con el líder libertario terminó quedando fuera de toda coordinación con la estructura central. El relato improvisado sobre la supuesta falta de seguridad en la provincia —una afirmación grave, además, en plena campaña— fue leído por sus propios compañeros de espacio como una torpeza política difícil de justificar, incluso dentro del siempre caótico ecosistema libertario.

La desmentida llegó con la contundencia de un comunicado oficial: desde La Libertad Avanza remarcaron que “la decisión de no ir a Salta responde estrictamente a una estrategia electoral” y que «No solo confiamos plenamente en el gobernador Sáenz sino que ha sido un aliado estratégico para que la agenda del Presidente avance en el Congreso«. La frase, más que una aclaración, sonó a desautorización directa a Orozco, que quedó en el incómodo lugar de portavoz improvisada y sin mandato.

En el entorno salteño del oficialismo nacional ya nadie disimula la distancia. Orozco —que alguna vez fue presentada como “la voz de Milei en el norte”— hoy parece relegada a una militancia de micrófono y redes, sin acceso a las verdaderas decisiones políticas.

Orozco quedó desangelada por el propio Milei, desplazada de la centralidad que tanto buscó y convertida, en la práctica, en una figura decorativa de una campaña que ya no la necesita. Cada declaración suya parece empujarla un poco más lejos del centro del poder que alguna vez creyó tener.

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