Un sargento con 18 años de servicio fue condenado por coordinar junto a su hijo un traslado de cocaína en Salta. Las escuchas telefónicas dejaron al descubierto que el drama familiar no era precisamente moral
Durante años juró combatir el delito. Pero, al parecer, el sargento Jesús Antonio Vera entendió la lucha contra el narcotráfico como una competencia interna. El Tribunal Oral Federal N°1 de Salta lo condenó a 6 años y medio de prisión luego de comprobar que coordinó junto a su hijo un operativo de traslado de 12 kilos de cocaína entre Aguas Blancas y Orán.
El problema no fue la droga. El problema fue perderla.
La escena que terminó de hundir al suboficial parece escrita por un guionista con exceso de sarcasmo: su hijo Mauricio Vera escapó de tres controles de seguridad, atravesó retenes a toda velocidad, abandonó un Fiat Cronos cargado con cocaína y terminó detenido después de esconderse en una vivienda.
Mientras cualquier padre hubiese preguntado si estaba vivo, herido o detenido, Jesús Vera fue directo al balance de pérdidas.
—“¿Y te han pillado con algo?”, preguntó preocupado.
—“Ahí están los doce en el auto”, respondió el hijo.
Ahí comenzó el verdadero drama.
Un policía, una persecución y un pésimo día para el negocio familiar
El operativo ocurrió el 6 de junio de 2025 sobre la ruta nacional 50. Mauricio Vera manejaba un Fiat Cronos cargado con 12 paquetes de cocaína mientras simulaba trabajar de remisero. El plan parecía sencillo hasta que decidió convertir el traslado en una película de acción clase B.
Evadió un control de Gendarmería en “La Estrellita”, atravesó otro retén en la Sección “28 de Julio”, ignoró un tercer intento de frenarlo por parte de la Policía Federal y siguió escapando hasta que uno de los neumáticos explotó en plena ciudad de Orán.
El vehículo terminó abandonado en un baldío. Adentro quedaron la droga, una pistola reglamentaria perteneciente a su padre y varias pruebas más. Básicamente, dejaron un kit completo para fiscales.
“Me has hecho perder todo”
Pero el momento estelar llegó con las escuchas telefónicas incorporadas al juicio.
Mientras esperaba que otro familiar atendiera el teléfono, el sargento Vera olvidó un pequeño detalle técnico: la línea estaba intervenida.
Entonces lanzó la frase que ya tiene destino de antología judicial:
“Ahí están los doce kilos en el auto encima, me ha hecho perder todo, me va a mandar preso”.
La frase fue interpretada por el tribunal como una admisión bastante poco elegante de participación directa en la maniobra. Porque, efectivamente, la mayoría de los inocentes no suele contabilizar kilos de cocaína perdidos como quien lamenta la rotura de una heladera.
Evangelio narco y códigos familiares
La fiscalía sostuvo que Vera no era un espectador accidental, sino parte activa de una organización dedicada al transporte de droga. Las escuchas mostraron coordinación logística, manejo de vehículos, búsqueda de “pasajeros” y hasta lenguaje codificado: “niñitos”, “juguetitos” y “camioncitos” eran algunas de las tiernas formas familiares para hablar de cocaína.
Después vino otro capítulo todavía más surrealista: el policía intentó reclamar una indemnización por las pérdidas sufridas en el operativo. Porque si algo faltaba en esta historia era convertir un secuestro de droga en un conflicto de seguros.
Según la investigación, rechazó una oferta de 5 mil dólares porque aspiraba a una camioneta como compensación.
Difícil saber qué resulta más insólito: el reclamo mafioso o la decepción por no haber cerrado un buen negocio.
De combatir el delito a administrarlo
El tribunal fue contundente al momento de dictar sentencia. Las juezas remarcaron la gravedad institucional de que un integrante de la Policía de Salta utilizara sus conocimientos y contactos dentro de las fuerzas de seguridad para facilitar operaciones narco.
Durante 18 años Vera integró la fuerza provincial y trabajó en la Unidad Motorista de Emergencias Policiales. En paralelo —según acreditó la Justicia— también parecía especializarse en logística alternativa.
La condena dejó una moraleja involuntaria: si vas a coordinar un cargamento de cocaína con tu hijo, quizás no convenga dejar audios indignados porque “se perdió la mercadería”.

