El León grita contra «la casta», pero prefiere viajar como rey. En octubre de 2023, en vísperas de las elecciones generales, Javier Milei desembarcó en Salta para predicar la austeridad, el fin de los privilegios y el hachazo al gasto público. Sin embargo, para trasladar a su comitiva no hizo falta apelar al transporte público ni a pasajes comerciales de línea: alcanzaron y sobraron dos jets ejecutivos financiados por el inefable Alfredo Olmedo y, para coronar la paradoja, operados por la empresa ligada a la familia del exgobernador Juan Carlos Romero.
El despliegue logístico, estimado en unos 16.000 dólares por nave, incluyó una elegante división de pasaje. En el primer avión —un distinguido Learjet— volaron el líder libertario, su hermana Karina y Diego Spagnuolo. En el segundo jet, propiedad de Avión Sur SA (empresa de la familia Romero), viajó la célebre «tropa digital»: Iñaki Gutiérrez, Eugenia Rolón, Fran Fijap y otros influencers encargados de redactar tuits contra los privilegios de la política mientras disfrutaban de la comodidad de la aviación privada
Desde el espacio libertario ensayaron explicaciones pragmáticas: argumentaron que dos aeronaves eran necesarias porque «no cabían en una sola» y admitieron, casi con timidez, que la maniobra «no era lo ideal» para sostener la épica anticasta.
Olmedo, por su parte, exhibió con orgullo las facturas del viaje y garantizó que todo estaba en regla. No obstante, al revisar las rendiciones oficiales presentadas ante la Cámara Nacional Electoral, las cuentas entran en una nebulosa: el monto de los jets no aparece claramente desglosado como aporte en especie, dejando en el aire la duda de cómo se computó semejante regalo de la política tradicional a quienes prometían destruirla.

