Los sospechosos de siempre

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El portal francés Le Point.fr publicó el 6 de noviembre una reseña sobre el libro del periodista Jean-Charles Chatard al que presenta como la “contra investigación explosiva sobre la muerte de las dos francesas”. Reproducimos la nota que incluye testimonios del único condenado: Gustavo Lasi. (Trad. María Fernanda Marcó)

“Se trata de un libro explosivo que vuelve sobre un asunto que ha marcado a la sociedad: el doble crimen, en julio de 2011, de dos jóvenes turistas francesas, Cassandre y Houria, en Salta, en el noroeste argentino. Para escribir  Crímenes sobre aguas turbias. Argentina, autopsia de un doble asesinato, el periodista corso Jean-Charles Chatard ha llevado a cabo una investigación durante los dos últimos años. Denuncia una investigación pesimamente llevada y la impunidad que reina alrededor de los verdaderos asesinos de las francesas.

Luego del veredicto del proceso, en junio pasado, uno solo de tres sospechosos, el joven Gustavo Lasi, fue reconocido culpable de haber participado en la violación y asesinato de las jóvenes y condenado a treinta años de prisión. Sin embargo, “hay por lo menos tres culpables, una mujer y dos hombres que están involucrados”, acusa hoy Jean-Charles Chatard. Para hacerlo, se apoya en la contraprueba de ADN realizada en el cuerpo de Cassandre por los laboratorios del instituto francés de huellas genéticas. Además del ADN de Gustavo Lasi, la misma reveló la presencia “genética de al menos dos hombres ausentes en el informe de la instrucción” y la “carta genética de una mujer.”

Las fiestas VIP y los “hijos del poder”

El periodista aporta también numerosos hechos y fotos que sostienen la tesis inicial de una puesta en escena, a manos de los asesinos, de los cadáveres de las jóvenes en el mirador de la Quebrada de San Lorenzo, donde fueron halladas el 29 de julio de 2011, dos semanas después de su desaparición. Publica particularmente las fotos del calzado de las jóvenes turistas, secuestrado por la Policía de Salta: extrañamente, en ellos no se revela rastro alguno de tierra, cuando la caminata de treinta minutos que lleva al mirador ubicado en altura se hace por un camino muy a menudo cenagoso.

Jean-Charles Chatard recuerda asimismo el testimonio de un guarda forestal que aseguró haber visto salir a las francesas de la Quebrada, el 15 de julio, y evoca la existencia de un chofer de taxi que las habría acompañado a un barrio residencial.

El periodista detalla la lista de numerosos hechos turbios que sostienen la tesis según la cual Cassandre y Houria habrían sido asesinadas por los “hijos del poder” de Salta, quienes habrían ocultado el crimen con la complicidad de políticos y funcionarios de la Justicia de alta jerarquía. Uno de los rumores evoca, justamente, una “fiesta VIP” entre gente poderosa de Salta y turistas extranjeros a la que habrían sido invitadas Cassandre y Houria, realizada en un barrio privado de la Quebrada de San Lorenzo, donde vivía un hombre que organizaba estas fiestas (ver extracto nº 1). Una fiesta que habría terminado mal, si se le da crédito a una carta anónima escrita por una mujer a Jean Michel Bouvier, el padre de Cassandre, durante el proceso (ver extracto nº 2).

Presión mediática y política

A pesar de la cantidad de indicios, bajo la presión mediática y política, el juez de instrucción argentino Martín Pérez descartó la pista del ocultamiento de los cadáveres por tantos días, asegurando que la muerte de las jóvenes databa del 15 de julio, día en que las turistas paseaban por la Quebrada. Asimismo, varios análisis revelaban una muerte que se remontaba a entre dos días y una semana antes del hallazgo.

Hay que recordar también que el presidente Nicolas Sarkozy había presionado a la presidenta Cristina Kirchner para que esclarezca rápidamente el horrible crimen. Dos meses después la recibió en la casa de gobierno. Entonces, la Presidenta le había asegurado a su par francés: “El juicio deberá llevarse a cabo rápidamente, pues las pruebas reunidas contra los acusados son irrefutables”, relata Jean Charles Chatard. El proceso no se llevó a cabo sino hasta dos años y medio después.

Y las pruebas contra dos de los tres acusados, Santos Clemente Vera y Daniel Vilte, se revelaron inexistentes o poco convincentes. Jean Charles Chatard se reunió dos veces en la cárcel con Gustavo Lasi para entrevistarlo, único reconocido culpable de violar a las dos jóvenes, en razón de la presencia de su ADN en las muestras. Él intenta explicar por qué es inocente y por qué mintió en el proceso al acusar a Vilte y a Vera, ambos liberados (ver extracto nº 3). La investigación llevada a cabo por el juez argentino ha sido muy criticada, tanto por periodistas como por los familiares de las víctimas. “Martín Pérez construyó su propia tesis. Se aferró al escenario que le propusieron, el de los tres cómplices, aunque eso no es posible”, recuerda Jean Michel Bouvier, padre de Cassandre, interrogado por LePoint.fr.

Extracto 1: “Don Tony”, el misterioso juerguista de la Quebrada de San Lorenzo

“Por el camino, Jean Michel Bouvier me habla mucho de este entrevero de villas veraniegas que aparecen bajo la montaña. A mil leguas de la teoría defendida con uñas y dientes por el juez Martín Pérez, él considera que este barrio elegante puede constituir una pista plausible para esclarecer una parte del misterio que envuelve la muerte de su hija (…) Mas esta pista digna de interés ha sido rechazada. Además de molestar a cada uno de sus veinte propietarios, que viven todo el año a corta distancia del lugar donde se hallaron los cuerpos, al hacerse un ADN obligatorio, el magistrado ha elegido deliberadamente orientar la investigación solamente sobre los casos de Vilte, Vera y Lasi (…) La mansión de Don Tony, de estilo colonial, de una superficie de 250 metros cuadrados es, por lejos, la más extravagante de todo el complejo. Tiene dos pisos y una gran terraza que se eleva sobre una hermosa piscina exterior. A pesar de que jamás lo vi, Don Tony me es familiar pues aparece en tres momentos del informe de instrucción. La primera vez, en el curso de una investigación policial en la vecindad en la cual es descripto por un testigo como un organizador regular de fiestas los fines de semana, en donde el alcohol y los estupefacientes son consumidos alegremente por un puñado de turistas y por miembros eminentes de la sociedad civil. También es conocido en Salta por sus jugosas actividades en rubros como el juego, la hotelería, la venta de autos de lujo y por una serie de estafas. Aunque fue un jugador bastante mediocre, Don Tony formó parte, a fines de los años 70, de Gimnasia y Tiro, equipo de jóvenes rugbistas, todos chicos bien. El triple objetivo de ese equipo era hacerle la vida imposible a su rival, el Jockey Club, llevarse los títulos y ubicar en un pedestal a “Martín”, su coequiper, para que un día llegue a jugar con Los Pumas. Sin dudas demasiado timorato, “Martín” (que no es otro que el juez de instrucción Martín Pérez) jamás llegó a portar los colores del seleccionado nacional. Perseguirá en paralelo una carrera brillante de entrenador en el seno de Los Tigres, el club estrella de la ciudad de San Lorenzo. Es pues a través del balón ovalado que Don Tony y Martín Pérez tejieron, en el curso de los tiempos, preciosos lazos. Hundiéndose en los rumores más locos, según los cuales las jóvenes habrían sido vistas antes de su desaparición en una fiesta VIP a dos pasos del mirador, Don Tony estuvo un tiempo bajo la mirada de la Brigada de Investigaciones. Pero jamás será tenido en cuenta como testigo para la Policía. Y sin embargo, antes de los hechos, su gran mansión, edificada a 200 metros a vuelo de pájaro de la escena del crimen, tenía la particularidad de metamorfosearse, ciertos fines de semana, en un lugar de exposición y en una discoteca a cielo abierto.”

Extracto 2: La carta anónima que acredita la tesis de la fiesta VIP

«El alerta más grande durante el proceso va a venir de repente, de una mano femenina que decidió tomar a finales de abril de 2014 su pluma para describirles a las familias Bouvier et Moumni las circunstancias y los presuntos autores de las violaciones y los asesinatos de Cassandre y Houria. (…) Desde las primeras líneas, la postura se da en tono de acusación en contra del gobierno de la provincia de Salta. Según el anónimo, los hechos se habrían producido por la noche del 15 al 16 de julio de 2011, en el interior del barrio chic de Buena Vista, situado al pie de Quebrada de San Lorenzo. Se precisa que fue en una casa situada en la punta. Organizada por un elegido de la mayoría gubernamental de la provincia de Salta, la fiesta en la cual habrían participado Cassandre y Houria se habría celebrado en presencia de un centenar de personas debidamente escogidas con cuidado (…) En esta carta, el autor plantea una cuestión muy sorprendente: ¿Por qué no investigaron la factura telefónica del organizador de la fiesta en lo que concierne a la mañana del domingo 16 de julio? Y razona: Porque, desesperado, telefoneó a su padre para contarle todo lo que había pasado. Y de ahí, montaron una historia para hacer pagar a otras personas.”

Extracto 3: El increíble testimonio de Gustavo Lasi, único condenado por el doble crimen, sobre su arresto

“Veo desembarcar a una horda de policías muy nerviosos y bien decididos a descargarse conmigo. Me sientan y me atan a una silla. Uno de ellos me ensarta alrededor de la cabeza una bolsa plástica y me da un puñetazo violento en el vientre. Luego los golpes llueven a una y otra parte de mi cuerpo. Los tipos amenazan sin cesar con violar y matar a mi novia delante de mí. Viví una pesadilla verdadera. Era peor que una película de ciencia ficción. Me agarraron de los pelos y luego uno de ellos bajó mis pantalones y mis calzoncillos. Con la ayuda de un palillo con un algodón, efectuó varios frotamientos alrededor de la punta de mi pene y en la región de los testículos. Por esas ironías del destino, la noche anterior a mi detención, habíamos tenido relaciones sexuales con mi novia en su cuarto. Cuando terminamos, no tuve la oportunidad de ducharme en su casa y al volver a la mía tampoco lo hice. Después de haber limpiado cuidadosamente mis partes íntimas, el mismo tipo me conectó electrodos sobre los testículos y envió de lleno la corriente eléctrica. Bajo el efecto del dolor, gritaba y me retorcía para todos lados.»

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