Tres veces le negaron ser académica de la Real Academia Española (RAE). Padeció todo tipo de chascarrillos machistas.  Hace más de un siglo, Emilia Pardo Bazán  ya publicó más de 30 cuentos relacionados con la violencia ejercida por los hombres sobre las mujeres. Cuentos no suficientemente conocidos que, a finales del XIX, ya hablaban de “mujericidios”.

En días donde todos intentan apropiarse de los feminismos, en plural; de manipulaciones terminológicas sobre la violencia de género, sin apenas mención a la institucional relacionada; de propuestas liberales que justifican la prostitución y los vientres de alquiler o de reconocimientos tardíos, vacíos, interesados o manipulados hacía algunas de ellas, volvemos a observar múltiples silencios con personas como Concepción Arenal (Ferrol, 1820-Vigo, 1893) o La Condesa Rebelde, como era conocida Emilia Pardo Bazán (A Coruña, 1851-Madrid, 1921), entre otras muchas.

A La Bazán se la suele conocer como novelista por Los Pazos de Ulloa y otras narraciones. También por sus relaciones personales, pero gran parte de su obra, aportaciones, compromisos y luchas son escasamente celebrados. Amante de la literatura, aprendió varios idiomas para poder leer en las lenguas originales. Nos introdujo en la literatura rusa. Su obra periodística y literaria es enorme; sirva como ejemplo que escribió más de 650 cuentos. Primera Catedrática de Literatura en la Universidad madrileña. Primera socia del Ateneo madrileño. Primera Presidenta de la Sección de Literatura del mismo. Tres veces le negaron ser académica de la Real Academia Española (RAE). Tuvieron que transcurrir 250 años, desde su creación, para que Carmen Conde (1978) ocupara la letra K, pasando a ser la primera mujer en acceder a la Docta Casa de la Literatura.

Bazán introdujo el naturalismo en España. Viajera empedernida, fundadora de sus propios medios de expresión y muchas más, y más, realidades no mostradas de una mujer independiente, coherente en lo personal y en lo público, con contradicciones y cambios, como le ocurre a todas las personas a lo largo de su vida.

Hace un par años leí un texto de Montserrat Barba Pan sobre ella. En estos días de marzo vuelvo a recordarlo. La periodista gallega rememoraba las aportaciones de su paisana al feminismo. A finales del XIX ya hablaba de “mujericidios”. De acoso sexual. De prostitución. De la forma de vestirse. De la discriminación en el marco educativo. Del papel reproductor de ellas. Del lenguaje. Del derecho al voto. De la violencia machista y las penas derivadas por ella.

Sobre esto último Cristina Patiño Eirín publicó a finales del año pasado Emilio Pardo Bazán: El encaje roto. Antología de cuentos de violencia contra las mujeres. La profesora de la Universidad de Santiago reúne una selección de 35 cuentos relacionados con la violencia ejercida por los hombres sobre las mujeres que fueron publicados entre 1883 y 1922.

Relatos variados, diversos, algunos desgarradores, estremecedores. Por la ambientación, por los personajes, por los acontecimientos, por los resultados. Panoramas cercanos, echando un vistazo a páginas e imágenes de periódicos e informativos actuales. Historias y personajes poco abordados, desconocidos, anónimos, ocultos. De trabajadoras cuando la integración de ellas en el mundo laboral era invisible. De parejas, novios, madres, hijos. De la Galicia rural tan ignota como hermética, más mágica que la urbana.

Miedo, temores, encrucijadas, incluso un vampiro ochentero que desangra a su joven esposa, de tan solo 15 años, acercándose a la literatura ¿gótica? Todo tipo de violencias, psicológicas, físicas, malos tratos, asesinatos…

Fuente: elasombrario.com

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