El Concejo Deliberante aprobó la ordenanza que declara al espacio aéreo del ejido municipal como “Ambiente Sonoro Protegido”. La medida prohíbe las emisiones sonoras desde aeronaves con fines publicitarios, institucionales o proselitistas y podría convertir en recuerdo la tormentosa campaña de «Olmedo Gobernador». ¿Dónde se mete la avioneta?
La siesta salteña tendrá, al menos desde ahora, una nueva aliada en el reglamento municipal. El Concejo Deliberante aprobó este miércoles el proyecto que prohíbe la publicidad sonora desde aeronaves cuando sus emisiones puedan ser percibidas desde el suelo dentro del ejido de la ciudad. La medida alcanza a mensajes publicitarios, promocionales, institucionales y proselitistas.
La iniciativa, impulsada por los concejales Gustavo Farquharson y Eliana Chuchuy, declara el espacio aéreo sobre la ciudad como “Ambiente Sonoro Protegido”. El objetivo planteado es preservar el descanso, la tranquilidad, la salud y la calidad ambiental, con una consideración especial para personas con hipersensibilidad sensorial y Trastornos del Espectro Autista (TEA).
El debate tuvo sus propios decibeles. La concejal Agustina Álvarez cuestionó la iniciativa al considerar que regula una materia que corresponde al ámbito federal. Sostuvo que todo lo relacionado con la actividad aeronáutica depende de la legislación nacional y de la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC), y advirtió que el Concejo no puede modificar competencias establecidas por el Código Aeronáutico. Por eso calificó al proyecto como “venta de humo”.
Farquharson respondió que la ordenanza no pretende regular la aviación ni establecer por dónde pueden circular las aeronaves, sino limitar el ruido que generan los altoparlantes instalados en ellas. “Este proyecto tiene que ver con mejorar la calidad de vida de todas las personas que habitan esta ciudad”, sostuvo el edil, quien remarcó que la iniciativa apunta particularmente a proteger a personas con discapacidad o hipersensibilidad y a garantizar el descanso.
También hubo respaldo desde el recinto. Gonzalo Nieva destacó que el proyecto permaneció más de cinco meses en tratamiento en distintas comisiones y sostuvo que durante ese período pudo ser analizado desde el punto de vista jurídico. “Nadie se está metiendo con el Código Aeronáutico”, afirmó, y planteó que la regulación municipal sobre contaminación sonora puede complementar la normativa nacional. Camila Lobo, por su parte, vinculó la medida con cuestiones de salud pública, ambiente y bienestar general.
Del otro lado, Erica Castro pidió mayor análisis y cuestionó que se avance con una nueva prohibición cuando existen otras normas municipales sobre contaminación sonora cuyo cumplimiento, según señaló, presenta dificultades. Mencionó específicamente las restricciones a los ruidos producidos por caños de escape y planteó que existen “grises” que generan discrepancias con el proyecto.
La ordenanza establece multas de entre 500 y 5.000 Unidades Tributarias y contempla sanciones mayores en caso de reincidencia, incluida la posibilidad de inhabilitación para desarrollar actividades publicitarias en el ámbito municipal. También prevé mecanismos de denuncia y excepciones para situaciones de seguridad, defensa civil, emergencias y determinadas operaciones sanitarias.
Así, una de las postales más particulares de las campañas salteñas quedó con fecha de vencimiento. La avioneta amarilla que durante años convirtió el cielo en una suerte de parlante electoral ya no tendría pista municipal para repetir la fórmula.

