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Las empleadas que Bettina olvida

 

Empleadas de casas particulares de la ciudad de Salta aseguran que siguen siendo invisibilizadas incluso por quien prometió que las “empoderaría”. (Andrea Sztychmasjter)

Una pregunta punzante que se hizo Nancy Fraser “¿Quién limpia la casa de la limpiadora?” nos coloca en la centralidad del problema del “trabajo doméstico” donde la mayoría de las trabajadoras son mujeres. Aquí, un leve “la señora que ayuda” se escucha en algunos sectores salteños en donde tener una empleada es considerado un valor social en sí mismo. Aquí también, una mujer que se desempeñaba como empleada en una vivienda del barrio El Tipal denunció que los dueños de casa la obligaron a romper el aislamiento obligatorio por el coronavirus para ir a trabajar. Su empleador, abogado de profesión, la escondía en el baúl del auto para que los guardias de seguridad que están en la entrada del barrio privado no se dieran cuentan que iba a trabajar, bajo amenaza de despido. Aquí, esa pregunta no le importa a nadie responderla.

Palabras más, palabras menos

En marzo de este año tras 163 años de intendentes varones la intendenta capitalina aprovechó su discurso ante el Concejo Deliberante para subrayar lo que algunos medios de difusión anunciaron como “agenda de género”. “Hoy sí es la primera vez en la historia que una mujer se sienta en este sillón, después de 163 años de gobiernos municipales…” Dijo además: “Serán políticas transversales que busquen el empoderamiento real de las mujeres salteñas, su independencia económica y su seguridad. Porque cuando una mujer avanza ningún hombre retrocede”, señaló.

La situación de las “trabajadoras de clases particulares”, tal como las define la Ley 26.844 ha sido un sector donde la feminización de la pobreza se ha acentuado durante este contexto de pandemia. Los registros nacionales del Ministerio de Trabajo marcan que en los primeros cuatro meses de 2020 las trabajadoras registradas pasaron de ser 497.700 a 477 mil. Es decir que más de 20 mil quedaron sin trabajo. En nuestra provincia no hay registros oficiales y el sindicato que las nuclea sigue acéfalo. Pero solo en la ciudad de Salta y alrededores (Cerrillos y la Caldera) son más de 24.000 trabajadoras que representan un gran porcentaje del panorama laboral salteño, clave para entender la situación económica de las mujeres.

Esta semana un grupo de trabajadoras de la ciudad manifestaron las dificultades que deben atravesar sumado a la perdida de trabajo: “En estos meses por la pandemia del COVID19 hubo un incremento de la pérdida de puestos laborales. Muchos contratos no se han renovado y al tener a empleados estatales en las casas, han dejado de tener empleadas o se han mermado las horas y los días de trabajo”, señaló Ana Díaz referenta de un grupo de trabajadoras.

La trabajadora que hace años milita para que sean reconocidos sus derechos laborales -como el proyecto que sigue sin tratarse en la Cámara baja- sobre la entrega para ellas de un boleto social de transporte que mínimamente las ayude, describió que siguen siendo “invisibles” para la clase política. “Teníamos la esperanza que la intendenta Bettina Romero tenga mayor participación con nosotras”, sostuvo, y sus palabras se enlazan con las de la jefa comunal citadas puesto que desde un primer momento prometió no solo que su “oficina estaría en los barrios” sino que “el verdadero empoderamiento de la mujer se obtiene con la independencia económica”, prometió también que “la oferta de empleabilidad de la Ciudad está orientada a generar verdaderas opciones de desarrollo económico para las mujeres”, pero en su gabinete puso a un antiderecho como Aroldo Tonini.

Las trabajadoras de casas particulares en Salta superan la cantidad de trabajadoras de otras actividades, inclusive aquellas altamente feminizadas como la salud y la enseñanza, deberían ser las trabajadoras primeramente tenidas en cuenta por alguien que dice brindar oportunidades a las mujeres de la ciudad que gestiona.

Trabajadoras esperan el corredor de SAETA en San Lorenzo

Sin respuestas

Ana Díaz mencionó que desde mayo que le solicitaron formalmente al presidente de SAETA, Claudio Mohr, aumente las frecuencias del corredor 7 de San Lorenzo. Describió que deben esperar mucho tiempo para poder trasladarse a la villa veraniega; fuente de trabajo para muchas de ellas. Mencionó que en los barrios privados de San Lorenzo y Tres Cerritos son los lugares donde mayor porcentaje de compañeras trabajan, tanto en la limpieza general como en el cuidado de personas. Señaló también que pese a que estos lugares son de “clase media alta”, en muchas ocasiones han recibido críticas del poco cuidado que tienen para con las trabajadoras. “Como elementos de cuidados nos dan un delantal, pero el delantal no te cubre todo el cuerpo, no nos están dando los elementos indispensables que deberían darnos nuestros empleadores, y que la ley describe como deberes y responsabilidades”, sostuvo. Como muchas de ellas deben trabajar en varias casas en el mismo día, asegura que van de aquí para allá con un bolso cargando la ropa ya usada. Mencionó que es importante para ellas poder volver a trabajar pero el contexto amerita que lo hagan en las mínimas condiciones de salubridad que no se está respetando.

Pautas culturales que le dicen

En Salta, una de cada cuatro mujeres asalariadas se dedica a la actividad del “trabajo doméstico”. El perfil económico de nuestra provincia posee una estructura productiva principalmente ligada a sectores de baja productividad, caracterizado por la importancia del sector primario en relación a una baja industrialización y un alto grado de tercerización. Vemos además que el empleo doméstico registra un considerable aumento en cuanto al porcentaje de ocupadas que absorbe en comparación a otras provincias. Pero el aumento de este trabajo feminizado  no solo tiene que ver con el perfil productivo regional, donde las posibilidades de acceso a otras ocupaciones se encuentra limitada, algunxs autores han vinculado el sostenimiento de cifras elevadas de la actividad a las pautas culturales (aristocráticas) de los sectores demandantes que entienden el empleo doméstico como un valor social.