Docente de la UNSa dejó un duro mensaje contra la actual gestión de rectorado.
Profesor de la Facultad de Humanidades realizó un posteo en redes donde apunta a la gestión universitaria y a la inmovilidad de algunos docentes: «No hace falta tanta bibliografía», señaló.
Compartimos el escrito de Mario Leandro docente de Letras.
Disculpen si incomodo, pero soy docente de la UNSa y es parte de mí tarea.
Lemas, estigmas, miopía y un poco de memoria
¿De verdad vamos a discutir esto como si fueran episodios aislados? ¿Un lema por un lado, un diputado desbocado por otro, un comunicado rectoral ambiguo en otro plano? ¿En serio vamos a consumir cada escándalo como mercancía viral, indignarnos por separado y volver cada vez más cansados pero también más confundidxs a nuestras rutinas académicas? ¿Eso es todo lo que queda de nuestra capacidad de lectura?
Porque el problema es lo que el lema condensa y es que Nicolás Arce puede decir lo que dice y encontrar un terreno ya preparado y que la ambigüedad vergonzosa del comunicado de rectorado es replicado como anestesia mientras la universidad se entrega a las prebendas de turno y las humanidades son regaladas como carbón de las hogueras.
Este terreno se abona con memoria corta, con fragmentación mediática y afectiva, con la renuncia sistemática a pensar en relación, en el tiempo, con lxs otrxs.
Pregunto: ¿dónde queda la toma del rectorado de 2013 en esta escena? ¿Dónde quedan las disputas por democratización, por representación, por quién decide en la universidad? ¿Dónde queda la historia de una institución que hace décadas viene tensionando entre autonomía y subordinación? ¿O ahora resulta que todo empieza con un posteo de Instagram y termina con un comunicado institucional cuidadosamente redactado para que todxs queden contentxs mientras se vacían nuestras aulas?
Aquí emerge una coherencia estructural que me horroriza. No hace falta tanta bibliografía. Lo que sí hace falta es mucho coraje para no deprimirse.
Secuencia narrativa: Primero se degrada materialmente la universidad. Después se la deslegitima simbólicamente. Luego se la disciplina políticamente.
Sistemáticamente y desde todos los frentes se busca desactivar la capacidad de las humanidades de leer en serie, de conectar, de hacer genealogía, de pensar con memoria y sospecha.
Por eso hay que estigmatizar. Por eso hay que vaciar. Por eso hay que convertir a Humanidades en chivo expiatorio. ¿Y qué hace el rector en ese contexto? Se arrodilla simbólica y materialmente ante un discurso nacional que no solo desprecia la universidad pública, sino que necesita someterla. Y lo hace en nombre ¿de la gobernabilidad? ¿de la prudencia? ¿de la gestión? Las cosas como so: lo hace en nombre de una lógica entreguista que confunde conducción con obediencia.
Y mientras… Hacia adentro, el espectáculo es igual de espantoso. Vaciamiento de materias sin explicaciones. Concursos opacos. Exclusiones. Cátedras que se desarman sin que nadie dé la cara mientras te sonríen con dientes blancos. Y no me quiero olvidar de las «finalizaciones de contrato» que sirven para el achique del arte y la cultura desde la universidad…
¿Y la reacción? Solitaria, fragmentaria, tímida y sobre todo aislada.
Cada quien en su pequeño feudo, cuidando su lugar, temblando de miedo, abrazando la precariedad cómo el último salvavidas. No seamos miopes.
Sabemos lo que acentúan estas prácticas patética que desde el miedo promueven políticas del individualismo, del repliegue, la competencia y la desconfianza. Sobre todo provocan la destrucción de lazos que van más allá de la célula bacterial.
¿Qué vamos a hacer nosotrxs?
¿Vamos a seguir leyendo esto como una suma de escándalos o vamos a asumir que estamos ante un proceso histórico que exige una respuesta política?
¿Vamos a seguir defendiendo la universidad en abstracto mientras en concreto permitimos su vaciamiento y su subordinación?
¿Vamos a seguir hablando de autonomía mientras se la entrega en bandeja de plata en cada gesto “administrativo”?
Y esto también tiene memoria.
Tiene la memoria de las tomas, de las luchas por democratización, de los bastones largos, de los intentos sistemáticos de disciplinar la universidad, de expulsar el pensamiento crítico, de convertirla en un cordero del Dios mercado.
Ser y estar en la universidad en una forma de ser y estar en el mundo basada en la representación y no en la jerarquía, en lo comunitario y no en el sálvese quien pueda, en la colaboración y no en la competencia, en la memoria y no en la amnesia conveniente, en la sospecha crítica y no en la obediencia administrativa.
Eso está en juego.

