Los vecinos de calle España creían que iban a una peluquería por un simple corte de cabello. Sin embargo, el cartel ubicado en la vereda reveló que el verdadero servicio ofrecido es una clase acelerada de filosofía social. Entre los precios para niños y adultos, una frase advierte: “Se combate con gran desventaja cuando se lucha contra los que no tienen nada que perder”. Nadie sabe si se refiere a la vida, a la política o a un cliente que entra pidiendo rebaja después de conocer la tarifa.
La reflexión sorprendió a los peatones, que esperaban encontrar promociones, no una cita digna de una novela policial. Algunos aseguran que el mensaje describe el mercado laboral actual; otros creen que es una referencia a las discusiones matrimoniales. Los más pragmáticos sostienen que habla de esos clientes que llegan con una foto de Brad Pitt y pretenden salir iguales por veinte mil pesos.
Mientras tanto, la peluquería sigue funcionando como un singular centro de pensamiento estratégico. En una ciudad donde los bares discuten fútbol y los taxis discuten política, apareció un comercio que invita a meditar sobre el riesgo, el poder y la desesperación. Todo eso, claro, antes de preguntarte si querés degradé, tijera o máquina.




